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Domingo 27 de Septiembre de 2020Actualizado 10:05

La Rioja vaciada
El 9 de septiembre de 2020

Tiempo de lectura: 04:22
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República es igualdad

Raquel Romero. Diputada Unidas Podemos

Todas las monarquías felices se parecen, pero las monarquías infelices lo son cada una a su manera. El détournement del conocido y quizás sobreexplotado inicio de esa gran novela feminista que es la Anna Karénina de Tolstói puede servirnos para situar el problema: la monarquía española es infeliz a su manera. Quizás la monarquía española ha sido siempre infeliz. Desde la rebelión de los Comuneros de 1520, de la que se cumple este año su quinto centenario, hasta el exilio del bisabuelo del actual Felipe VI, el inefable Alfonso XIII, del que lo mejor que se puede decir es que no eligió, como país de su "exilio voluntario", un lugar donde la violación de los Derechos Humanos es Ley. Aunque, como se encarga de recodarnos la Wikipedia: "Alfonso XIII pasó su exilio alojado en hoteles de lujo de diferentes ciudades europeas, que podía pagar gracias a dinero depositado previamente en cuentas bancarias suizas e inglesas. Al poco tiempo se separó de su esposa, Victoria". El refranero castellano lo tiene claro.

Realmente la monarquía nunca ha tenido demasiadas simpatías populares en España. Incluso hoy las encuestas realizadas por empresas de demoscopia para medios "monárquicos" (como ABC o el diario La Rioja, ambos propiedad del grupo Vocento) reflejan un "empate técnico" entre republicanos y monárquicos. Por nuestra propia historia y sus particularidades, tras la huida de España del abuelo del Rey (Emérito) Juan Carlos I -parece que los borbones tienen sus propias tradiciones, ¿dónde huirá Felipe VI?-, nuestro país se dividió entre monárquicos y republicanos. Cierto que nadie considerará al general fascista y golpista Francisco Franco como republicano. Tampoco, supongo, a Manuel Fraga Iribarne, sobresaliente ministro franquista y fundador del Partido Popular (aka Alianza Popular). Sin embargo, las "derechas democráticas" actuales parecen ser firmes defensoras de la monarquía frente a una república que identifican con, suponemos, la Segunda República. Pero, y esta es la paradoja irresoluble:¿No ocuparon las derechas el gobierno republicano, en el denominado "bienio conservador", entre 1934 y 1936?Sí. ¡Y gobernaron dos de los cinco años que duró la breve Segunda República! Entonces; ¿por qué reniegan las derechas españolas actuales de su pasado republicano?

Tras la última reunión del "líder de la oposición" con el presidente del Gobierno, evento extraño en sí mismo por infrecuente, asistimos a un nuevo episodio,tan significativo como ignorado,de la deriva negacionista y liberticida de las derechas españolas. Pablo Casado compareció ante la opinión pública con el siguiente argumentario: "No podemos apoyar los Presupuestos Generales de un Gobierno donde hay partidos republicanos como PODEMOS". La realidad distorsionada en la que vivimos desde hace algún tiempo provoca que declaraciones como estas, impensables en cualquier Estado democrático europeo, pasen casi inadvertidas para la mayoría. 

Pero Casado no es una excepción. Casado puede ser extravagante o excéntrico, pero no es en nada excepcional. Hace unos días, en el Parlamento de La Rioja, el portavoz del partido político conocido como Ciudadanos, el diputado Pablo Baena, intentaba, con argumentos tan confusos e igual de sorprendentes que los de Casado, impedir que el Parlamento debatiera la Proposición No de Ley (PNL) presentada por PODEMOS sobre la fuga del Rey (Emérito) Juan Carlos I. La altura política de los argumentos del diputado Baena se fundaba sobre una idea de libertad que haría estremecerse al propio Sagasta. Lejos de defender una posición política, digamos "monárquica", según el portavoz parlamentario del partido Ciudadanos en La Rioja el simple hecho de debatir sobre las actuaciones del exJefe del Estado en la sede de la soberanía popular de La Rioja, nuestro Parlamento,era un acto ilegal que vulneraba los principios constitucionales. Lo sorprendente de esta actitud, a parte de la falta de altura democrática del Sr. Baena, era que fuese el portavoz de un partido denominado a sí mismo como "liberal" el que quisiera impedir un debate democrático en el Parlamento. El problema, una vez más, no era la cuestión de la monarquía, si no esa concepción neofascista, heredera del franquismo, de que republicano equivale a "rojo", comunista o similar. Lo cual el propio Sr. Baena confirmaba, en una entrevista radiofónica que recomiendo sea escuchada con la necesaria paciencia e ironía, al considerar que PODEMOS es republicana, gran sorpresa, y, por consiguiente, "comunista totalitaria". Un ejemplo más de la calidad y altura del pensamiento político del líder de Ciudadanos en La Rioja.

Pero el problema de la monarquía no es, aunque las derechas no lo quieran entender, una cuestión ideológica. El republicanismo supone una elección entre dos concepciones de la libertad, individual y colectiva, es decir, entre dos modelos de Estado. Hay que elegir entre ser súbditos o ciudadanos. ¡Qué ironía Sr. Baena! La figura política que define al republicanismo es exactamente esa; la propia configuración de una sociedad de ciudadanos y ciudadanas libres e iguales. Porque a día de hoy, los súbditos del Reino de España no somos ciudadanía, somos eso; súbditos de un Rey y, aunque haya quienes no lo puedan entender, muchas y muchos queremos ser ciudadanos. 

Queremos ser ciudadanos y ciudadanas libres e iguales, todos y todas, principios que son la base de cualquier democracia y consustanciales al republicanismo. Por eso la república es una cuestión de igualdad.Porque no se puede conquistar la igualdad real mientras seamos súbditos de un Rey heredero de otro Rey que, a su vez, fue designado por un dictador. Es solamente eso, y todo eso, lo que conlleva ser republicana. De ahí que el lema que moviliza a todas y todos los republicanos del mundo, desde hace más de dos siglos, sea el de la Revolución francesa, madre de la república y la democracia: Libertad, Igualdad y Fraternidad. 

Por eso, como defensora de la libertad, la igualdad y la fraternidad sólo puedo decir, con toda la fuerza de la razón democrática: ¡Viva la República!

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Raquel Romero. Diputada Unidas Podemos
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