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Lunes 23 de Noviembre de 2020Actualizado 15:25

Violencia de Género
El 10 de febrero de 2020

Tiempo de lectura: 04:48
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Parásitos del coreano Bong Joon-ho rompe los esquemas establecidos en los Oscar

Isabel Ribote

Un año más, la cita con la estatuilla dorada congrega a los seguidores del espectáculo alrededor del cine que suponen la celebración de los Oscars de Hollywood. Una noche mágica para los que adoran el brillo de la alfombra roja que encumbra a los artífices y responsables de las grandes producciones estadounidenses, dejando también un resquicio para el resto de los cineastas mortales que desarrollan su obra desde conceptos mucho más humildes y sencillos tanto en medios como en producción.

Más allá de las toneladas de glamour que pasean ante los focos, este evento viene cobrando un mayor interés a partir de la incursión de la plataforma digital Netflix en el negocio, y su empeño constante a la hora de poner en jaque a las todopoderosas Majors con producciones propias que nada tienen que envidiar al resto, más bien comienza a ser todo lo contrario. Desde que la potente empresa de streaming diera ya  un puñetazo en la mesa durante el pasado año, consiguiendo 3 estatuillas para la muy personal Roma de Alfonso Cuarón, parece que desde la Academia dan también muestras de querer romper con lo establecido a la hora de premiar, por encima del resto, a obras cinematográficas de producción estadounidense.

Y es que lo de anoche en el Teatro Dolby de Los Ángeles fue todo un bendito acontecimiento. La perturbadora y retorcida fábula del cineasta coreano Bong Joon-ho, Parásitos, ha hecho historia conquistando para Asia los premios principales de la jornada a Mejor película extranjera, Mejor dirección y Mejor guion original, consiguiendo, por primera vez en los 92 años en los que se celebra este evento, ser considerada la Mejor Película de los Oscars, al margen de no ser una cinta hablada en inglés.

Si existía hasta ayer noche algún despistado que no conociera los nombres del resto de los nominados, bien podría pensar que la cosecha de cine del pasado 2019 fue nefasta, porque comprobar ademas que los rivales a batir, por parte del coreano, tenían apellidos tan reconocibles y poderosos como Tarantino, Scorsese, Mendes o Almodóvar y que venían a defender un catálogo de lo que ha sido considerado por la crítica especializada como grandes obras de estos cineastas, dice mucho de la calidad implícita que se esconde en la impresionante Parasitos.

Más allá de los sobresaltos de los últimos compases de la ceremonia, el resto de los premios gordos cumplieron con las expectativas de lo previsible, aunque de ninguna manera injusto ni inmerecido.

El Oscar a Mejor Actor protagonista recayó, como no podía ser de otra forma  (con permiso de Antonio Banderas) en Joaquin Phoenix. 

Lo del hermano del malogrado River en Joker es verdadera entrega y pasión por el arte de la interpretación como viene siendo palpable en su singular y nada convencional filmografía. Más allá de las cuestiones de la pérdida de peso del actor que tanto encandilan a los académicos, Phoenix borda el papel del torturado antiheroe, convirtiéndose en pieza fundamental del engranaje de esta oscura y dolorosa película que tanto dio que hablar en su paso por los principales festivales del panorama internacional. 

El descomunal film de Todd Phillips, otrora director de trivialidades como la trilogía de Resacón en Las Vegas, ha desbancado en la taquilla incluso a la cintas multimillonarias de la todopoderosa Disney desde que el gigante del entretenimiento decidiera hacerse con el monopolio de todo lo que oliera a superhéroe o supervillano con la adquisición de la emblemática Marvel. 

A estas alturas cualquier amante del cine actual conoce de sobras las virtudes de este magnético actor que posee una de las filmografías más interesantes de los últimos años. Desde aquí celebramos su triunfo, aunque nos duela la mala suerte de Antonio Banderas a la hora de haber coincido con él entre los nominados desde su magnífica interpretación en el Dolor y Gloria particular de nuestro cineasta más universal, con permiso de Buñuel.

Tampoco se han dado grandes sorpresas en la categoría de mejor actriz protagonista en la que Renee Zelweger barrió para casa con su sincera puesta en escena de una Judy Garland en sus horas mas bajas. La tejana retoma una carrera, plagada de altibajos y escasa repercusión, demostrando que todavía tiene talento mas que suficiente para afrontar papeles de entidad más allá de la sombra de Bridget Jones.

Otra inmensa y reivindicable veterana, la siempre eficiente Laura Dern, eterna Lula del Corazón salvaje de David Lynch, se ha alzado con la estatuilla a Mejor actriz secundaria por su retrato de una abogada de divorcios, fría y calculadora, en la excelente producción Historia de un matrimonio, dirigida por Noah Baumbach y que en España hemos podido ver desde la plataforma Netflix y no desde la pantalla grande. 

Y siguiendo con lo previsible, pero no por ello menos destacable, Brad Pitt ha logrado, por fin, su ansiado premio dorado como intérprete secundario en lo último de Tarantino, Erase una vez en…. Hollywood, en el que presta su poderoso físico para dar vida al desastroso y pendenciero especialista de cine, Cliff Booth. Un papel que le encaja como anillo al dedo y que supone su cuarta nominación como intérprete, aunque en su faceta como productor ya consiguiera el Oscar por la película Doce años de esclavitud.

No ha habido suerte en lo que se refiere a Klaus, el largometraje español de animación de Sergio Pablos, con sello Netflix, que recogía grandes sensaciones en su paso por los Bafta o los Premios Annie donde consiguió alzarse con el premio principal de esta categoría. La sombra de la saga de Toy Story es alargada y, en esta ocasión, los académicos no han arriesgado tanto como para dejar de lado esta deliciosa saga que comenzó con Pixar y ahora posee Disney. 

Tampoco hubo suerte con la maravillosa Dolor y gloria de Pedro Almodóvar aunque ya estábamos preparados para asumirlo. Sin embargo, todo parecía presagiar una nueva estatuilla para el manchego cuando comprobamos que la encargada en entregar el premio era nuestra Penélope Cruz. Ahí lograron hacernos soñar aunque finalmente no fuera así. 

Y hasta aquí lo más destacable en lo que ha dado de sí la última edición de los Premios Oscar de Hollywood, que pasará a la historia del cine como un hito de apertura a nuevas obras que nacen más allá del continente americano. Esperemos que esto no quede en simple anécdota y nos permita conocer una cara más amable en cuestión del arte a partir del fenómeno de la globalización y de la brecha abierta por  Netflix. 

Venga de donde venga y se disfrute donde se disfrute ¡VIVA EL SÉPTIMO ARTE!

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Isabel Ribote
Cuando se apagan las luces, la replicante enamorada vive en las existencias de aquellos que cuentan sus historias sin pudor. La vida sigue fuera de la sala, pero ante la pantalla, todo resulta más confortable. Ante la pantalla, solo debes dejarte llevar...
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