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Jueves 22 de Agosto de 2019Actualizado 18:01

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El 10 de junio de 2019

Tiempo de lectura: 07:05
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“Montañas con poca entidad”…

Carlos Ezquerro

Así las llaman, las encontramos en los sistemas montañosos de nuestra región, del país y diría que del planeta tierra, hablo de esos picos que, a pesar de su grandeza, no se encuentran entre las alturas destacadas de las cadenas de montañas (las cuatro o cinco mayores…), la inaccesibilidad y el riesgo no figuran en su historial o todavía no han encontrado su espacio, en ocasiones  por motivos inauditos o peregrinos, en las redes sociales, televisión o cine, principales amplificadores de las mismas. No son, por lo dicho, las que cuentan  con el interés y la visita del público que, al  menos un sector importante del mismo, se acerca a la montaña en la actualidad con un afán turístico, incluso competitivo, impensable en otras épocas. Montañeros que difícilmente se motivan si en la jornada no ligan  la ascensión de un buen número de cumbres o al menos las de mayor altura,… las “Montañas con entidad”. Ahora, con la cercanía del verano, cuando muchos de ellos volverán a encontrarse con las montañas, y cada día con más intensidad hasta finales de la estación, me animo a contar las sensaciones que disfrutamos el año pasado en un escenario incomparable de los Pirineos.

Habían transcurrido doce años desde la última vez que subimos al Ángel Orús, entonces, como algunos de nosotros con mayor frondosidad y alegría en la cabellera, lucía esplendido su cercano remozamiento, parecía más un hotelito con encanto que un austero refugio pirenaico, a 2150 m. de altitud, para animosos montañeros… Subir hasta el Ibón de las Alforches (2411 m.), el Ibón de la Plana (2621 m.) y remontar la Tuca de Mincholet (2865 m.), donde levantamos una pareja de perdices nivales (los “pichones”, como los llamaba el solitario montañero vasco en el Puerto de Oô), nos permitió recuperar las sensaciones físicas que la montaña requiere, tras meses de vida urbanita, y preparar la mente para afrontar la jornada siguiente la ascensión al Posets (3375 m.) o Punta Llardana por la Canal Fonda… Fue  en octubre, habían caído ya las primeras nieves y se podían contar con los dedos de las manos los vasos de cava que llenamos para brindar con los montañeros que pasaban  la noche en el refugio, incluidos los guardas del mismo, por haber llegado a la cumbre del Posets. Por la mañana se dejó ver “el armiño” (mascota gráfica de este refugio), vecino confiado y habitual del paisaje entorno al Ángel Orús… Dos años antes, en junio, abrumados por la cantidad de nieve que todavía cubría las montañas, acudió con pelaje de príncipe para homenajear por su primer tres mil, el Diente Royo (3010 m.), al jovencísimo Pablo.

La montaña ha llegado a ser un nuevo factor de encuentro social para una parte sustancial de la población y dadas las exigencias físicas y mentales necesarias para disfrutarlas, es  una tendencia sana desde el punto de vista de la salud pública. Las montañas se han popularizado, abundan las marchas, trails, trekkings,… que se adentran en parques nacionales, naturales o sistemas montañosos, y de esta manera las han acercado a un sector importante de público, y esta genial, mas quién se ha preocupado de enseñarles a estos nuevos montañeros cómo acercarse a las montañas con los conocimientos necesarios para hacerlo con responsabilidad y seguridad…

El último verano pasado, durante unos días de la segunda mitad de agosto, fue posible juntarnos en el Ángel Orús algunos de los que subimos en el año 2006 y una nueva incorporación. No esperábamos encontrar el refugio al completo de su capacidad, a finales ya del verano, además de un copioso flujo de montañeros que pasaban por él, sin pernoctar, camino de  Posets, y nos vimos igualmente sorprendidos por el objetivo de la mayoría de los que pasarían allí la noche, aunque en cierta manera era previsible por lo dicho anteriormente, su propósito era ascender a la Punta Llardana o Posets (3375 m.). Sin objetivos previos pero con ganas de volver a sentir las exigencias que imponen las cumbres al mismo tiempo que lo placentero que resulta alcanzarlas, nos fuimos a consultar con la almohada la ruta que emprenderíamos la mañana siguiente…

Todavía sin amanecer lo tuvimos claro, ante la bulliciosa excitación que se respira en los refugios a  esas primeras horas de la jornada o los inapropiados preparativos que exhibían algunos de los numerosos montañeros que, prestos, iluminaban ya con los frontales la senda hacia el Posets,… intentaríamos subir al Pavots o Tucón Royo (3124 m.) y a la Tuca del Forau de la Neu (3.079 m.). Dejamos atrás el callejón que enfilaban la procesión de montañeros hacia la cumbre de la Punta Llardana por la Canal Roya,… llegamos al Ibón de Llardaneta,  espacio donde se percibía serenidad en días de calma estival como aquel, superamos el muro que cierra el circo del lago por el noroeste y dimos vistas desde el sureste a un rincón de belleza singular, reflejaba esa soledad que atrae a quien se acerca a ellos sin altivez… Hablo de lugares en Pirineos como el Circo de Gurrundué, el entorno de los Ibones de Lliterola o Cregüeña con los picos que los cierran; la Laguna de Urbión bajo las Tablas de la Ley, la Laguna Verde bajo el Castillo de Vinuesa o los Circos encadenados de Moncayo, todo ello en el Sistema Ibérico… El Valle de Tesaut camino del Iguhil Mgound en el Atlas Marroquí, o el descenso desde Singo-La por el Valle de Kargyag en el Himalaya Indio…. Rincones que sorprenden por la incomunicación y poderío que la naturaleza manifiesta en ellos.

Hay paisajes de montaña que embelesan por la grandiosidad de las rocas en conjunción con las formas del agua o elementos vegetales que se conjugan en él, otros por la altanería de los picos que encadenan las aguerridas crestas,… y este, por el que hoy nos movíamos, lo hace por la atracción que ejerce esta monumental exposición de gigantes pétreos sobre el atónito observador. Un anfiteatro erigido por la natura que preside el Posets (3375 m.), con el Espadas (3332 m.) y escoltas como compañeros de palco, cierran el Pavots o Tucón Royo (3124 m.) y el Diente Royo (3010 m.) por el suroeste, el Diente Llardana (3094 m.) por el este y en el centro del monumental coliseo la Tuca del Forau de la Neu (3079 m.), mirador de excepción sobre esta maravilla del arte natural, una colección de esculturas torturadas por las fuerzas geomorfológicas y detalladas, y pulidas, por los agentes meteorológicos.

Hipnotizados por la belleza de este paisaje, con paradas continuadas remontamos los empinados repechos que nos llevaron al collado donde muere la escarpada cresta del Espadas, y de allí encaramarse a la cumbre del Pavots resulto visto y no visto. La ausencia de viento, un sol que lucía sin complejos y agradable temperatura, nos permitió visionar alguna de las más bellas panorámicas que se pueden disfrutar en Pirineos. En este paraje solitario, ajeno a la presencia procesional de montañeros que subían a la “Montaña con entidad”, la fauna avecindada con mucha probabilidad podría salir a tu encuentro sin estrés… De vuelta al refugio, durante la cena y repleto el comedor de comensales, eran pocas las caras que resultaban vistas de la noche anterior

La jornada siguiente, la de descanso, nos adentramos en el sensacional Valle de los Ibones, solo conocido de vista, por la mayoría, desde las altas cumbres, en dirección al Ibón Negro del Posets (2550 m.), a los pies de la montaña… La ascensión a las Forquetas (3007 m.) y (3004 m.) fue la meta de nuestro último día, donde coincidimos, únicamente, con el abuelo Anselmo y su nieto Iñigo.

Pero estas montañas tanta bellas y con menor dificultad técnica, aunque exigentes físicamente, no serán las visitadas como elección previa a otras con dificultad muy superior, sería lo lógico antes que elegir el Posets, que exige un nivel de conocimiento y técnica que no lo hace recomendable para inexpertos… Así se explican los salvamentos que, de manera cada vez más frecuente, se ve obligada a realizar la Unidad de Rescate de Montaña de la Guardia Civil, profesionales que se entregan a esta tarea sin escatimar esfuerzos ni riesgos, y una preparación física y técnica encomiable. Durante los cuatro días de estancia en el Ángel Orús fuimos testigos de varias asistencias a algunos de estos turistas de montaña bloqueados en la subida a la “Montaña con entidad”, y era achacable a la falta de preparación física, mental y técnica de estos montañeros las situaciones de riesgo que se generaban por  acometer estas cumbres. Soy consciente de que todos estamos expuestos a un mal paso o ser sorprendidos por una naturaleza no siempre predecible, y menos en la alta montaña, pero también creo que nunca debería ser necesaria la intervención de estos equipos de salvamento, que arriesgan sus vidas, por la presunción de unas capacidades que solo el conocimiento paciente  y progresivo de la montaña puede añadir a la mochila de cada montañero… Por cierto durante los cuatro días en el refugio no se dejó ver, en el entorno, “el armiño”

Qué bellas y necesarias son estas que llaman “montañas con poca entidad”, las encontraras en los sistemas montañosos de nuestra región, del país y diría que del planeta tierra… y deberías guardar un sitio para ellas en tu “Cofre para Paisajes”.

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Carlos Ezquerro
Soy un correcaminos siempre dispuesto, que prefiere las veredas poco transitadas a los caminos señalizados. Los amigos me llaman naturalista, creo que me sobrevaloran, pero sí siento la responsabilidad de colaborar con las voces que desde campos muy diferentes abogan por la necesidad de reinventar el futuro, de apostar por un desarrollo sostenible, de posibilitar un planeta en el que todos cabemos.
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