Rioja2

Martes 4 de Agosto de 2020Actualizado 23:57

3 Ciencia de Datos UR cabecera
El 5 de enero de 2019

Tiempo de lectura: 04:29
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Alto voltaje temático y visual en la maratón de Actual 19

Isabel Ribote

La pasada noche de reyes, los asistentes a la Maratón del cine de Actual 19 vivieron una jornada de lo más brutal y adrenalínica. El responsable de la programación de los cines 7 infantes, sede habitual de este evento, acertó de pleno con la elección de unos títulos que funcionaron de la manera más efectiva contra la siesta o la desconexión.

Dos de los cineastas más radicales y controvertidos de las últimas décadas, Gaspar Noé con ‘Climax’ y Lars Von Trier con ‘La casa de Jack’, fueron los encargados de poner la nota salvaje de la jornada, que junto con ‘Un día más con vida’ de Raúl De la Fuente y Damian Nenow completaban una de las maratones más excitantes y arriesgadas en la historia del veterano festival. 

Nada conocían los medios especializados acerca de ‘Climax’, el último trabajo de Gaspar Noé, cuando se estrenó el pasado mes de mayo en la Quincena de realizadores de Cannes, salvo el fotograma de un vaso de sangría junto a una sinopsis que se resumía en dos sencillas frases: Nacer y morir son experiencias extraordinarias. Vivir es un placer fugitivo

El controvertido cineasta, argentino de nacimiento, pero afincado en Francia, buscaba sorprender a crítica y público y consiguió su cometido al alzarse con el máximo galardón de esta sección paralela, del más prestigioso festival de cine europeo.

El germen de ‘Climax’ brota del enfermizo cerebro del cineasta a principios del recientemente extinto 2018. Su filmación duró dos semanas, su edición y montaje dos meses para convertirse en el producto final justo un día antes de su estreno y presentación en Cannes.

Ayer noche en Logroño, ya veníamos prevenidos acerca de lo salvaje del film y, sin embargo, la experiencia de su visionado nos hizo volcar como una brutal ola que te arrastra sin ceder un segundo ante la reacción.

 ‘Climax’ te hace rehén desde sus espasmódicos títulos iniciales cuando suenan por los altavoces los ritmos machacones del Supernature de Marc Cerrone. En pantalla, un océano de tipografías diferentes proclaman los nombres de los responsables de este desasosegante experimento visual, materializando un premonitorio aviso de lo que va a venir después.

El film, dividido en dos partes bien diferenciadas, más un epílogo, recrea la dicotomía del ser humano, capaz, tanto de la más bella creación como de la destrucción más devastadora. La camaradería y el compañerismo iniciales tornan en acciones de una brutalidad desenfrenada por culpa de una sustancia que alguien ha vertido en la sangría que todos han compartido. Comienza la pesadilla, la violencia en primer plano, “marca de la casa”, hace que los más sensibles eviten mirar la pantalla. Imágenes y situaciones que quedarán por siempre grabadas en la retina del espectador. Se acabó la fiesta.

Y si el argentino no escatima en recursos para sembrar la polémica, el único e inimitable genio de la provocación venido de la fría Dinamarca no se queda corto con su nuevo artefacto.

Con ‘La casa de Jack’, el danés consigue una nueva vuelta de tuerca en su ya abultada filmografía mientras nos hace partícipes de “los momentos estelares” del protagonista. Una concienzuda selección que resume doce años de atrocidades de la mano de un ingeniero/asesino cuyas principales obsesiones pasan por construir una casa perfecta y recrear una nueva obra de arte con cada nuevo asesinato. 

Acompañamos a Mr. Sofistication en su lucha por la perfección durante los cinco abultados capítulos, o ‘incidencias’, que dividen la película. Escuchamos su justificación ante lo macabro de cada relato, asistimos a sus confesiones que el muy paciente Verge, voz en off en la sombra, resiste con estoicidad mientras hacemos verdaderos esfuerzos por no empatizar con este ser salvaje y desalmado. Pero Jack comete errores y deberá afrontar su propio descenso a los infiernos, acompañado por su confesor que tornará en juez y parte en un brillante giro del guion.

Con ‘La casa de Jack’ Von Trier nos invita a pasear por un jardín donde conviven el horror y la belleza, las gloriosas construcciones góticas junto al holocausto nazi, la belleza de la música junto a lo grotesco de la forma inerte de un cadáver. Una amalgama de arte y muerte unidos en una simetría equilibrada entre el bien y el mal.

Lars Von Trier en estado puro y su alter ego, ese Jack con los rasgos de un Matt Dillon que realiza en la película una interpretación descomunal. 

‘Un día más con vida’ hace bajar la tensión de la fría noche aunque no demasiado. Con este amalgama de géneros que va desde la animación más realista al documental a modo de reportaje periodístico, nos trasladamos a una Angola convulsionada durante los primeros compases de su compleja independencia durante la segunda parte de los setenta.

Seguimos los pasos del reportero de guerra y escritor Ryszard Kapuściński por medio de una trama basada en su novela más autobiográfica que comparte el que el título de la película. De la mano del periodista polaco vivimos la sinrazón de la guerra y la voracidad de las naciones del primer mundo que manipulan desde la lejanía los acontecimientos de la contienda.

Un relato vibrante que te atrapa por su originalidad y la épica con la que sus responsables, el navarro Raúl De la Fuente y el polaco Damian Nenow, dotan al brillante trabajo. Premio del público en el pasado Festival del cine de San Sebastián, Premio al mejor film de animación en los recientes Premios del cine europeo y candidata a mejor película de animación en los cercanos Goya, esta obra conmueve y entretiene tanto por la calidad de la producción como por su temática reivindicativa demasiado reciente para que cometamos, como sociedad, el error de olvidarla y no aprender de los acontecimientos, y con mayor razón debido a los tiempos convulsos que vivimos en la actualidad. 

En definitiva una noche de reyes plagada de Alta tensión y emociones fuertes que no olvidaremos con facilidad. 

¡Os deseo un feliz año de cine!

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Isabel Ribote
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