Rioja2

Domingo 15 de Julio de 2018Actualizado 15:41

El 2 de julio de 2018

Tiempo de lectura: 02:54

Las sabanas al frigo...

Iñaki Gómez

Ya han llegado a Logroño los primeros calores del verano, y me imagino que las temperaturas, que ya han superado los treinta grados de largo, serán cada vez superiores. Recuerdo ahora aquellas clases que recibíamos sobre instalaciones en las que nos hablaban de Willis Carrier, el inventor estadounidense del primer aparato de aire acondicionado, alrededor del año 1914, y también recuerdo cómo nos hablaban de los egipcios, que eran capaces de crear hielo aunque la temperatura ambiente fuese mucho mayor de cero grados.  Ya sé que se trata de pura Física, o de Termodinámica, pero a mí me sigue pareciendo casi magia. Vertían agua en unas bandejas de arcilla de poca profundidad, siempre sobre una delgada capa de paja. La superficie del agua se evaporaba rápidamente  y, al coincidir con el descenso nocturno de la temperatura del aire, se generaban delgadas películas de hielo. Solo restaba entonces crear una corriente de aire con abanicos,  y que ese aire deslizase por el hielo,  para obtener brisa fresca al final del proceso. El que salía perdiendo en la historia era el encargado del abanico, claro está. 

Y echando mano de la historia, aparecía también Babilonia, donde regaban suelos y paredes con agua al ponerse el sol de modo que la evaporación combinada con el enfriamiento de la noche, creaba una sensación de alivio del calor. Mucho se discurrió hasta llegar al primer cine refrigerado, que se inauguró en Chicago en 1919, año en el que los grandes almacenes Abraham y Straus de Nueva York atrajeron numeroso público por ser los primeros en contar  con grandes máquinas generadoras de aire frío. Dicen las crónicas que mucho público iba a pasar unas horas a los almacenes pero sin comprar nada.

Ha pasado casi un siglo y ahora parece reproducirse el mismo fenómeno en los grandes centros comerciales de nuestras ciudades. Pero el paso significativo de las últimas décadas en la historia de la refrigeración del aire no ha sido tanto el desarrollo técnico de estos sistemas como su fuerte implantación en muchas viviendas y locales particulares y no de uso público.

No hay más que ver las campañas publicitarias de las últimas semanas en las que se invita a colocar máquinas climatizadoras en el hogar en función de las posibilidades económicas de cada usuario. Pero no puede olvidarse que este tipo de instalaciones, posiblemente imprescindibles en determinados usos y lugares, se ha convertido lamentablemente en un firme adversario del medio ambiente.

Son muy preocupantes los datos crecientes de las cantidades enormes de CO2 que estos sistemas arrojan a la atmósfera, por no hablar del dañino aumento de la temperatura media de las calles cuando los retornos de los establecimientos públicos arrojan el calor que extraen de los locales a los viales, aproximadamente dos grados. Como solución técnica, el aire acondicionado  no es sostenible, toda vez que además supone un gasto energético importante y el aumento de patologías asociadas a resfriados y dolores de garganta, entre otras. 

Quizás por eso siempre me ha atraído conocer los recursos de la propia arquitectura y del saber popular para combatir el calor así como los avances tecnológicos en aislamiento. La instalación acertada de toldos y persianas, la sustitución de carpinterías de ventanas y de los vidrios simples por dobles aislantes, la colocación de láminas solares sobre los vidrios, la maestría en crear corrientes cruzadas de aire aprovechando las horas correctas de ventilación,  poner plantas junto a las paredes más soleadas, o microdifusores de agua y simples recipientes por la casa, o la técnica andaluza de regar persianas textiles al anochecer, recordando a los egipcios...  Ahora bien, lo de meter las sábanas en una bolsa dentro del congelador y hacer la cama justo antes de acostarse, con las sábanas recién sacadas de la nevera, es un consejo nuevo para mí, y conste que circula por escrito. Ya empiezo a imaginar cual será el siguiente... ¡Feliz verano!                       



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Iñaki Gómez
Iñaki Gómez Díaz, arquitecto y profesor de expresión artística en ejercicio desde 1987. Vocal del Consejo Superior de Patrimonio y miembro del Consejo Social de la ciudad de Logroño. Especializado en restauración arquitectónica, ha sido colaborador de Radio 5 Todo Noticias así como de la Cadena Ser en La Rioja. Entre sus últimos trabajos, siempre en equipo, destacan la restauración del Palacio de Espartero para Museo de La Rioja y la Iglesia de San Bartolomé, ambos en la ciudad de Logroño.
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