Rioja2

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El 3 de mayo de 2017

Tiempo de lectura: 02:58
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Crítica de Jesús, de Fernando Guzzoni

Isabel Ribote

Para muchos de los que amamos el cine, la asistencia a la sala se convierte en una terapia que asumimos desde el silencio de nuestra butaca. Aparcamos nuestra propia realidad en un lugar ajeno, justo en el preciso instante, en el que las luces se apagan y la mecánica de la ilusión secuestra nuestra consciencia para llevarnos a otro lugar.

Si tenemos suerte, nuestra mente abrirá la puerta a la seducción, atendiendo a las sensaciones que el autor haya querido despertar en nosotros para la ocasión. Algunas veces saldremos renovados, con fuerzas y esperanza para enfrentarnos a aquello que aparcamos fuera; otras, sin embargo, harán que nos sintamos vulnerables e instalarán en nosotros un resorte del que será difícil desprenderse hasta que no llevemos a cabo una profunda reflexión.

Existe un género en el séptimo arte que muchos integran en el cajón de sastre del cine social ante la absurda necesidad de etiquetarlo todo y aglutinarlo en espacios estancos dotados de homogeneidad, cuando en realidad no la tienen. Un tipo de cine que exige mucho de nosotros y nos propone preguntas incómodas que, a fuerza de afrontarlas, nos permiten cierta evolución interna.

Jesús, la segunda película del inteligente cineasta chileno Fernando Guzzoni forma parte de este concepto de cine exigente con el espectador. Como guionista y director Guzzoni nos propone preguntas para las que no tiene respuesta ni manual de instrucciones. Con esta historia de incomunicación entre un padre un hijo, nos hace partícipes de la sinrazón mientras, sin darnos cuenta, asumimos el papel del juez que tiene que afrontar un veredicto. La potencia de las imágenes despierta nuestro kamikaze interno y nos invita a asumir el rol del juez que, seguro de sí mismo, aprieta el mango del mazo con fuerza, convencido de que dictará una sentencia justa. Sin embargo, mientras la película avanza, poco a poco, soltamos el poderoso mazo justiciero para dejarlo caer ante nuestros pies.

En Jesús, la cámara se erige libre, sin ataduras, y nos muestra la realidad de una juventud huérfana, desprovista de hoja de ruta, parida por unos padres que, aunque vivos, permanecen ausentes. Daños colaterales de una sociedad, la chilena, en la que las heridas de una brutal dictadura, demasiado reciente, no han tenido tiempo ni oportunidad para curarse ni dejar de sangrar.

Ante nuestros ojos, estos hijos del vacío juegan a la libertad cuando nadie supo mostrarles las herramientas para saber afrontarla, malinterpretan la amistad porque nadie se atrevió a hablarles de su verdadero sentido, mientras buscan cariño y calor en cualquiera que pueda parecerles cercano cuando la familia, como institución, no pudo asumir sus responsabilidades.

Jesús es el retrato de una sociedad inerte que sufrió el salto de una generación por culpa de la brutal aniquilación de unos ideales que no tuvieron espacio ni tiempo para florecer. Guzzoni firma aquí un necesario y valiente trabajo que tiene, en su brutal puesta en escena repleta de naturalismo y suciedad, los ingredientes perfectos para calar hondamente en el espectador. El sexo, es sexo y la violencia funciona como tal en un ejercicio de autenticidad de muy difícil estreno en las pantallas comerciales.

Nicolás Durán, el joven actor que pone todo su físico al servicio del personaje principal, asume un riesgo digno de elogio en este su primer papel en el cine. Flanqueado por el impresionante actor, escritor y director de teatro, Alejandro Goic, visto en otras joyas del cine chileno como La nana, Gloria o la más reciente e internacional El club, da vida al padre ausente que deberá asumir la que, quizás, sea la encrucijada más compleja de su vida.

Los últimos minutos de esta impactante película aciertan a cerrar un círculo, en apariencia perfecto, en el que todo aparenta cobrar sentido, obrando en el espectador una suerte de satisfacción efímera que, como la visión de un espejismo, se diluye en solo unos segundos.

Jesús se proyectará en los cines7infantes de Logroño, de la mano de la asociación cultural CINECLUB elarrebato, el próximo viernes, 5 de mayo, a las 20:30 horas.

No pierdan la oportunidad de conocer una excelente muestra del llamado Novísimo cine chileno desde la personal voz de Fernando Guzzoni al que no cesaremos de seguir la pista en sus futuros trabajos para el cine.

 

 

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Isabel Ribote
Cuando se apagan las luces, la replicante enamorada vive en las existencias de aquellos que cuentan sus historias sin pudor. La vida sigue fuera de la sala, pero ante la pantalla, todo resulta más confortable. Ante la pantalla, solo debes dejarte llevar...
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