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El 14 de febrero de 2017

Tiempo de lectura: 05:20
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Podemos, Vistalegre II y la hora de la verdad

Sergio Andrés Cabello

Vaya por delante, no nos aclaramos ni nosotros mismos. Si en un partido político hay calma, no hay discusión, es una balsa de aceite, y todos los tópicos que queramos añadir, resulta que lo criticamos porque eso no puede ser, es imposible que no haya voces para la disidencia. Si en un partido político se da la situación contraria, lo criticamos también porque no hay unidad, hay enfrentamiento, se contraponen proyectos, etc. Pero lo de PODEMOS va mucho más allá que todo eso, no sólo por la naturaleza de la situación sino por su visibilidad, banalización y por la enorme ilusión y capital simbólico que se había depositado en la formación morada. Hemos asistido a lo largo de los últimos meses a una especie de folletín entre “pablistas” y “errejonistas”, con los Anticapitalistas como convidados, que ha desembocado en la “madre de todas las Asambleas” o Vistalegre II. Tres votaciones que, no podía ser de otra manera, la mayoría de la sociedad desconocía, no les interesaba, o sencillamente no entendía, focalizándose la atención en la pugna personalista entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón.

Siempre hemos defendido que a PODEMOS se le exigió muchísimo desde sus inicios. Consiguieron irrumpir como un soplo de aire fresco en un panorama político que estaba viciado por los dos partidos mayoritarios y se postularon como una alternativa legítima. Su crecimiento fue vertiginoso desde los elecciones Europeas de 2014. Hicieron una lectura de la realidad, un relato y un discurso con grandes estructuras de plausibilidad aprovechando los vientos del 15M de 2011. Encontraron una enorme brecha en los votantes de izquierda desencantados que vieron, con razón, en PODEMOS una alternativa ilusionante que se postulaba a “asaltar los cielos”. Los grupos de poder pasaron a asumirlos como una amenaza real y las campañas de desprestigio lanzadas, especialmente desde algunos medios de comunicación, fueron excesivas, y lo que les queda. Pero en las Municipales y Autonómicas de 2015 siguieron ascendiendo y en las Generales de diciembre de 2015 se vieron ante un momento histórico. Con un Pablo Iglesias consolidado como icono, lo que siguió después puede explicar cómo Podemos ha acabado en Vistalegre II. Pero, no nos engañemos, las semillas de este escenario ya estaban antes.

Las caras de decepción de las Generales de junio de 2016, las acusaciones a los votantes rurales, la indescriptible y esperpéntica situación del PSOE en octubre y la investidura de Rajoy como Presidente del Gobierno, aceleraron una crisis interna que es fruto de sus contradicciones y debilidades. PODEMOS partía de un hecho bastante definido que no es otro que el perfil sociológico de sus fundadores, integrantes y de la mayor parte de sus votantes. Pertenecientes a esa clase media desnortada (en la que me incluyo), al igual que ocurría en el 15M, y aunque se dotaron de una cierta transversalidad especialmente en el ámbito intergeneracional, no es menos cierto que no supieron llegar a otra parte del electorado. Este hecho quedó constatado con la ya señalada lectura de los resultados de junio de 2016 o con las expectativas, demasiado irreales, despertadas por las encuestas anteriores a estos comicios. No cabe duda que, para muchas personas que podrían haberles votado, PODEMOS no dejaban de ser unos intelectuales debatiendo sobre teorías políticas y aspectos simbólicos alejados de lo material. También es cierto que los discursos que se gestaban alrededor sobre PODEMOS no ayudaban, aunque yo no creo que PODEMOS haya dado miedo a muchos potenciales votantes, más bien creo que no han conseguido que se identifiquen con ellos. Y en vez de intentar comprender las causas que se han dado para que no les voten se han dedicado a culpabilizar a esos posibles votantes y a buscarse chivos expiatorios internos y externos.

La enorme visibilidad de PODEMOS, para bien y para mal, no ha estado exenta de una cierta banalidad que es propia de los tiempos que vivimos, y para muestra ciertos vídeos y mensajes que circularon en estas últimas fechas. Esa banalidad lleva también consigo una buena dosis infantilización y el pensar que con el “buenrollismo” todo se podría solucionar, lo cual no está muy alejado del paradigma del pensamiento positivo dominante. Pero no, hacía falta algo más. Si se quería “asaltar los cielos” estaba claro que con desearlo no iba a ser posible. Recuerdo hablar en algunas ocasiones con amigos de PODEMOS y preguntarles, hace un par de años, que vale, que el discurso y el relato lo compraba, pero “y ahora ¿qué?”, y me regresaban al discurso y el relato.

PODEMOS había conseguido reunir una gran cantidad de ilusión y unas elevadísimas expectativas, así como había señalado correctamente los males de un sistema político que daba síntomas de agotamiento. Gestionar todo ese capital era una tarea casi ingente porque, a nada que las cosas pudiesen torcerse, y era una posibilidad muy real, el riesgo de desilusionar a militantes y votantes era muy elevado. Buena parte de ese capital lo siguen manteniendo pero también se ha instalado una cierta sensación de hastío y una desconfianza. Tampoco había que pensar que PODEMOS podría ser inmune a los males de todas las organizaciones, una de ellas las luchas por el poder. Sería ingenuo no tener en cuenta que esos conflictos, legítimos, iban a llegar, así como que una organización que crece tan rápidamente en tan poco tiempo, lo cual tiene un enorme mérito, no correría también ciertos riesgos y sería muy difícil aplicar filtros de control.

Vistalegre II ha dado la victoria con rotundidad a un Pablo Iglesias que sabía que contaba con todas las de ganar. Convertido hace tiempo en líder carismático de la formación, la gestión de una sobrexposición pública y de su exitoso recorrido también ha sido controvertida y en no pocos momentos ha dado la sensación de “quemado”. Ahora queda por ver el camino que llevará PODEMOS y cómo aborda esas contradicciones y dudas internas, si tira por la vía de resolverlas o si las agudiza. Pero no cabe duda que han iniciado un camino sin retorno y que las barreras en el trayecto no serán pocas. La figura de Íñigo Errejón ha quedado muy en entredicho y su futuro en la formación está en duda. Y, por otra parte, tampoco hay que dejar de señalar que PODEMOS sigue pecando de un cierto centralismo, que no quiere decir que no entiendan la realidad de su país, pero que a veces parece que todo ocurre en Madrid.

Tras Vistalegre II llega la hora de la verdad para PODEMOS. Ahora les toca lo difícil, afinar más si cabe. Utilizando el símil futbolístico, para los modestos siempre era más complicado mantenerse en Primera División que ascender, y ya no te digo conseguir alcanzar la Champions League, que es a lo que aspira PODEMOS. Pues bien, igual tienen que cambiar de táctica o de sistema de juego para lograrlo. Llega la hora de la verdad y, mientras tanto, el PP respira muy tranquilo y en el PSOE observan con cautela. Si quieren ser el Leicester de la Premier League 2015/16 y ganar el campeonato, las elecciones, o se da una conjunción de los astros o se lo hacen mirar. Puede que todavía estén a tiempo pero para ello tendrán que conquistar a una buena parte de la izquierda que hace mucho tiempo que ha caído en la orfandad.

 

 

 

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Sergio Andrés Cabello
Espejo retrovisor es una forma de mirar lo que se va quedando atrás pero también una forma de estar atento a todas las señales y cosas que pasan.
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