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El 13 de noviembre de 2016

Tiempo de lectura: 02:58
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¿Por qué nos sorprendemos?

Sergio Andrés Cabello

Creo que el sentimiento más generalizado en los últimos días es el de la sorpresa y, a continuación, el de la estupefacción. Hables con quien hables, leas lo que leas, nadie se esperaba la victoria de Trump (o casi nadie porque había gente que sí) y, después de ese shock llega el “¿cómo es posible?”. Antes ya lo habíamos visto con el Brexit, antes con el ascenso de los populismos de derechas en Europa...Pero el impacto de la victoria de Trump es mayúsculo porque, a fin de cuentas, muchas de las cuestiones que han generado mayor controversia atentan contra los propios principios de la sociedad norteamericana. Politólogos, sociólogos, periodistas y una larguísima lista de gente nos hemos dedicado a analizar el fenómeno y, lo que predomina, es la explicación del voto de la gente que ha sido barrida por los efectos de la globalización y la nueva división internacional del trabajo. Pero eso no es suficiente, pasan más cosas, y a Trump no sólo le han votado los desheredados sino parte de las clases medias y medias - altas que no han sido afectadas, o no en esa medida, por el devenir de los tiempos, y en los que siguen primando valores ideológicos muy arraigados. Y eso también pasa en Europa. El fenómeno es mucho más complejo y es un indicador del nuevo escenario en el que nos movemos.

Nos sorprendemos porque los tiempos van a tal velocidad que no tenemos herramientas ni mecanismos para analizar lo que está pasando. Las transformaciones de las sociedades son muy rápidas y las certezas van desapareciendo. Los procesos cada vez están más interrelacionados.

Nos sorprendemos porque nuestras viejas recetas tampoco sirven, porque los esquemas heredados hace tiempo que no funcionan y porque no nos hemos sabido adaptar a este nuevo escenario. Seguimos mirando la realidad del presente en no pocas ocasiones con los ojos de un pasado que cada vez tiene menos que ver.

Nos sorprendemos porque habíamos vivido en una ilusión de un avance continuo del ser humano, lineal y sin mirar atrás, mientras que otros y otras no podían mirar siquiera hacia delante. No pensábamos que podríamos escuchar ciertos discursos que ya creíamos superados pero, realmente, igual es que no se habían ido del todo y había una base para que volviesen a salir cuando se diese la oportunidad.

Nos sorprendemos porque, desde posiciones de la izquierda, no podemos creer que todo esto esté pasando porque ¿para qué se luchó durante tanto tiempo?, ¿cómo es posible que la clase trabajadora/obrera haya abandonado sus ideales?, ¿o no habría que preguntarse cómo es posible que esa clase obrera esté adoptando estas posiciones ideológicas?, ¿no habría que preguntarse dónde quedó aquella clase media que tenía sus orígenes en la clase trabajadora y que decidió olvidarse de los mismos?

Son muchas más las preguntas y el debate es monumental. Nos echamos en brazos del capitalismo neoliberal a partir de la década de los noventa, nos creímos que íbamos a ser todos clases medias, jugamos a la ilusión de la clase alta a través del consumo y pasamos de ser ciudadanos a consumidores. Mientras, se iba germinando una vuelta de tuerca de la situación que sólo comenzó a asomar la punta del iceberg con la crisis sistémica que comenzó en 2008. Con estos mimbres, ¿qué resultados podíamos esperar?

Trump y compañía se erigen como defensores del “hombre corriente”, que ha sido abandonado por el sistema abocado a una vida precaria. Pero, cuidado, la promesa de seguridad de estos discursos, la promesa de restitución de los escenarios anteriores, lleva detrás una carga de profundidad que encierra graves peligros. No, no hemos avanzado tanto como creíamos, y mientras que la izquierda pensó que ya había llegado a la tierra prometida con el Estado de Bienestar y la socialdemocracia, se encontró de repente que le habían dejado atrás, puede que muy atrás y con el shock de la desorientación. Toca volver a la autocrítica y al pensamiento, no hay otra salida.

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Sergio Andrés Cabello
Espejo retrovisor es una forma de mirar lo que se va quedando atrás pero también una forma de estar atento a todas las señales y cosas que pasan.
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