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El 24 de octubre de 2016

Tiempo de lectura: 02:47
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Una sociedad que envejece

Sergio Andrés Cabello

El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha publicado hace unos días las proyecciones de población para el periodo 2016 - 2066, que muestran un escenario demográfico complicado de seguir las tendencias actuales. No es una novedad, ni mucho menos, porque estas previsiones llevan años instaladas en unas constantes negativas y tampoco son desconocidas para periodos anteriores. En resumen, La Rioja perderá según estas proyecciones en el periodo 2016-2031 casi 16.000 habitantes, el 5,1% de su población actual, situándose al final del mismo en una población de 296.790 personas. El Saldo Vegetativo acumulado de 2016 a 2030 (el número total de nacimientos previsto menos el de defunciones) será de - 47,8 por cada mil habitantes. Y, para ese mismo periodo, el Saldo Migratorio se situará también en valores negativos, - 7 por cada mil habitantes.

Como en todos los procesos sociales, no hay una única causa para este fenómeno sino que hay numerosos factores, todos ellos interrelacionados. En el caso de la población, hablamos siempre de proyecciones pero pueden darse circunstancias que varíen las previsiones. Un ejemplo no muy lejano es cuando, en el periodo 1999 - 2008, vivimos un crecimiento exponencial de la inmigración que provocó un aumento de la población que no era previsible con las proyecciones anteriores. Al contrario, las que se efectuaban en la década de los 90 mostraban que la población española y riojana iba a descender claramente.

Pero, en la actualidad, no parece previsible que pueda darse una vuelta a la situación. Las condiciones estructurales de nuestra sociedad muestran un camino muy claro. El envejecimiento de la población es un hecho, positivo porque eso quiere decir que las personas viven más tiempo y con mejor calidad de vida, pero la crisis de la Natalidad es secular. Nuestras sociedades han pasado por diferentes estadios de la transición demográfica hasta llegar a la actualidad, con Natalidades y Mortalidades parejas prácticamente, pero imponiéndose la segunda. Pero una sociedad que tiene una tasa de reemplazo de la población de 1,2 aproximadamente, cuando lo necesario sería de 2,1, tiene una situación negativa muy explícita.

A las transformaciones de la sociedad durante las últimas décadas, desde la secularización hasta el cambio de rol de mujer y la evolución de las familias, se han unido otras cuestiones que hay que tener en cuenta. Está claro que tener hijos es una decisión personal, legítima en cualquier dirección que se quiera acometer, como no podía ser menos. Pero nos encontramos con un escenario en el que tener hijos es mucho más complejo, o al menos tener más de uno. La situación de la estructura productiva de España y del mercado laboral, consolidada su precarización para amplias capas de la población, provoca un retraso de proyectos vitales y personales que pueden incluir, o no, la posibilidad de tener hijos. En la actualidad, el primer hijo se tiene en torno a los 30 años, una edad que limita la posibilidad de tener un segundo si se desea. Además, la inestabilidad e inseguridad laboral también condiciona esa toma de decisiones que se posponen hasta que se alcanza una estabilidad que, para muchas personas, es una quimera. A todo ello tendríamos que sumar la ya comentada en otras ocasiones debilidad de las ayudas destinadas a la Natalidad y a las familias en el caso español en comparación con la media europea. Hay que sumar a todo ello la llegada de menos inmigrantes y que muchos jóvenes tienen que dejar el país en busca de mejores oportunidades por lo que, en caso de que tengan hijos, ya no los tendrán aquí.

Escenario complejo, sin duda alguna, y parte de sus claves hay que buscarlas en condiciones estructurales ya que afectan a nuestros modelos productivos y mercados laborales. La pirámide de población hace mucho tiempo que se va invirtiendo y no se atisban medidas para evitarlo, y otro día hablamos de cómo queda el sistema con menos contribuyentes y, en una sociedad envejecida, cada vez más per

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Sergio Andrés Cabello
Espejo retrovisor es una forma de mirar lo que se va quedando atrás pero también una forma de estar atento a todas las señales y cosas que pasan.
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