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El 18 de octubre de 2016

Tiempo de lectura: 03:29
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Es la Universidad (claramente)

Sergio Andrés Cabello

Hace unos días, la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) ha presentado un informe sobre la situación de la Universidad española en el curso 2014/15. El escenario, ya conocido, es desalentador ya que refleja una realidad como la del sistema universitario español que ha sido muy azotado por la crisis sistémica que comenzó en 2008 y los recortes / ajustes en las políticas públicas. Algunos de los datos más relevantes son los siguientes: las tasas españolas son las cuartas más elevadas de Europa sólo por detrás de Reino Unido, Irlanda y Holanda; existe una importante desigualdad entre Comunidades Autónomas en sus precios; las becas que reciben los universitarios españoles son menores que las de la media europea y su cuantía está en niveles de 2006; y también los recortes han afectado a sus recursos económicos, un 17,89% de 2010 a 2014, al personal, etc.

No es un escenario fácil el que atraviesa la Universidad, especialmente también en un contexto en el que la estructura productiva y el mercado laboral no lo ponen nada fácil. Sin embargo, la mayoría de las investigaciones demuestran que las personas con estudios superiores tienen más opciones de encontrar mejores empleos. Obviamente, se ha roto en parte con una cierta “garantía” en relación a la cualificación y al credencialismo, pero sin estudios superiores las oportunidades son menores sin lugar a duda y las personas que no tienen formación lo van a tener muchísimo más difícil. La Universidad también tiene que mirar hacia adentro y ver aquellas cuestiones en las que falla, y lo primero que tenemos que hacer es autocrítica y ser críticos. Pero no es menos cierto que los factores externos tampoco ayudan.

Los recortes que ha sufrido la Universidad suponen un duro golpe para uno de los aspectos más exitosos del Estado de Bienestar español. El acceso de importantes contingentes de las clases trabajadoras y medias a los estudios superiores, en gran medida mujeres, se produjo gracias también a las ayudas y becas que muchos disfrutamos y que nos permitieron cursar una carrera incluso fuera de nuestras regiones, algo impensable bajo otras circunstancias y, todavía para mucha gente de mi generación, una excepción en nuestras familias. Además, surgieron nuevos centros, se amplió la oferta y la Universidad dejó de ser vista por una buena parte de la población como algo elitista y a lo que sólo podían acceder las clases más acomodadas. La cualificación permitió el acceso a mejores empleos y ayudó a la movilidad social.

De acuerdo, las bases de la pérdida de importancia de los estudios universitarios para acceder al mercado laboral, en el sentido que comentábamos anteriormente, ya estaba antes de la crisis, pero eso igual habría que achacarlo a la estructura productiva del país y no al hecho de que la gente estudie su vocación o lo que le guste. No se para de decir que parte de los grados son “fábricas de parados” y se culpabiliza al estudiante por “haber elegido la carrera equivocada”. Una vez más, el discurso señala a la persona y no a las condiciones estructurales, ¿de qué nos suena?

Por otra parte, también se abusa de otros argumentos para atacar a la Universidad (pública). Uno de los más interesantes es el de los rankings. En un mundo claramente cuantitativo y en lo que todo se mide, este hecho no podría ser una excepción. De acuerdo, hay que hacer las cosas bien y ser eficaces, eso es obvio, pero las comparaciones son injustas. Cada vez que la Universidad de La Rioja sale (mal) en un ranking, se ocupan portadas y titulares y se señala a la institución. No voy a entrar en cómo se hacen los rankings, daría para un post de miles de palabras, pero la Universidad de La Rioja cumple veinticinco años en 2017 y se hacen comparaciones con entidades muchas más décadas de historia e incluso siglos que llevan tras de sí una larga trayectoria. Durante mi estancia en Texas, hablaba con un directivo de la Universidad de Texas en San Antonio, una institución de casi 30.000 estudiantes y fundada en 1969. Recientemente esta universidad entró en el primer cuartil de las universidades públicas de Estados Unidos. Este alto directivo señalaba que los rankings eran necesarios pero injustos porque, ¿cómo iban ellos a competir con la Universidad de Texas en Austin, fundada en 1883?

En definitiva, el informe de la CRUE nos deja un escenario negativo con el que se tienen que cumplir más expectativas que antes. Las demandas de la sociedad son mayores, y necesarias, y la Universidad tiene que desempeñar un papel central, desde diferentes visiones, pero será más difícil hacerlo en estas circunstancias, además de otros factores y modelos que tampoco ayudan. Al final, no lo olvidemos, pierde el conjunto de la sociedad.

 

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Sergio Andrés Cabello
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