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El 3 de octubre de 2016

Tiempo de lectura: 05:28
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Catacrack

Sergio Andrés Cabello

El martes pasado por la noche escribí un artículo sobre la situación del PSOE, se titulaba “Combustión” donde trataba de dar algunas claves sobre el escenario que se había generado tras los resultados de los comicios vascos y gallegos. No lo remití esa misma noche y esperé al miércoles pero ya no lo pude enviar a Rioja2 porque, como decía Rajoy, me dí de frente contra la realidad. La verdad es que poco más se puede escribir sobre la situación del PSOE que no se haya dicho en estos días de zozobra que ha vivido el partido, y con ellos la sociedad española. Cuando el sábado por la tarde dimitió Pedro Sánchez tras una jornada tremenda que, como los últimos días, fue telegrafiada al segundo en los medios y Redes Sociales, se incrementaron exponencialmente los análisis de la situación.

Hoy, domingo 2 de octubre, la sensación que queda es la de un PSOE en una situación más que crítica, no sé si atreverme a decir que devastado, pero sí que ese sentimiento lo tienen buena parte de la militancia y simpatizantes que conozco y muchos de los que sigo en las Redes Sociales. Se ha hablado de todo, de cómo hemos llegado hasta aquí, pasando por las luchas de poder, sin olvidar las numerosas voces que hablan del Sistema como impulsor de la maniobra que habría desalojado a Sánchez. No cabe duda que hay de todo pero que, como suele ocurrir, nos encontramos con una serie de factores interrelacionados que no se explican aisladamente.

Una de las razones que se han argumentado es la relativa a la crisis de la socialdemocracia. Vale, es un hecho que la socialdemocracia lo tiene peor desde hace mucho tiempo, y no fue desde el inicio de la crisis sistémica del 2008. El hecho de que España se hubiese incorporado tardíamente al Estado de Bienestar, y alcanzarlo se debió en parte a la acción del propio PSOE en los ochenta, mitigó esa situación de la socialdemocracia que ya lo estaba pasando mal en el resto de Europa Occidental desde la crisis del petróleo de 1973 y el avance de las corrientes neoliberales. En España llegamos, por razones obvias, tarde a la socialdemocracia y su desajuste se comenzó a sentir con más fuerza a raíz de 2008 pero no nos engañemos, ya estaba ocurriendo desde los 90. Que la socialdemocracia no ha sabido adaptarse a un mundo en cambio, con la Globalización como gran factor de ese proceso, no se puede negar. No encontraron las respuestas y parece que jugaron a un doble juego peligroso: ir cediendo brevemente terreno y tratar de adaptarse a parte de un electorado que, como dijo brillantemente Josep Ramoneda hace unos años, había ido pasando de ciudadano a consumidor. Frente a la socialdemocracia, ya sabemos que el neoliberalismo no tiene miramientos.

El PSOE también tenía que hacérselo mirar, y creo que lo habrán hecho, pero no han sabido leer la situación. Se ha hablado mucho estos días del trasvase de votos hacia Podemos, y se ha señalado que son los hijos e hijas de los militantes, simpatizantes y votantes socialistas. Parte de verdad encontramos en ello, el PSOE perdió a la mayoría de la juventud de izquierdas que no encontró respuestas y señaló al partido como corresponsable de su situación. De ahí vinieron el 15M y Podemos, mientras que el PSOE parecía no entender el escenario, algo que también ocurría en el resto de Europa. Pero estábamos muy lejos de creer que al PSOE le pudiera pasar lo del PASOK griego, aunque ahora es una situación más cercana (ojo, no digo que vaya a ocurrir). Mientras que el primer gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero conquistaba a parte de la ciudadanía con medidas simbólicas que no estructurales (ni se cambió el modelo productivo ni se pinchó la burbuja inmobiliaria, ambas promesas electorales), abrió una brecha con la cuestión de la Memoria Histórica y el Estado Federal, ya que se produjo un importante desengaño en numerosos votantes. Luego llegó el año 2010 y todo lo demás, con lo que la herida se hizo más grande.

Lo de la cuestión nacional no hay que dejarla de lado. Es paradójico que una formación como el PSOE, defensora de la pluralidad del Estado, se haya enganchado en no pocas ocasiones al dogmatismo más amplio en relación a la idea de la nación española. El PSOE gobernaba no hace muchos años en Euskadi y Cataluña y contaba con un prestigio y una legitimidad elevadísima, especialmente en las clases trabajadoras de estos dos territorios. Todo eso se ha dinamitado en unos pocos años como consecuencia, entre otros factores, de cómo se ha gestionado esa cuestión. El caso de las elecciones vascas de hace una semana es tremendo, especialmente para una formación decisiva en el final de ETA.

Pero llegamos al momento que más ha dado que hablar en estos días, el enfrentamiento Pedro Sánchez vs. los “Barones” capitaneados por Susana Díaz. No me voy a detener mucho en ello porque se ha escrito todo. Que la tendencia negativa del PSOE es un hecho estaba constatado por los procesos anteriores. Que Pedro Sánchez cometió muchos errores y que ha habido contradicciones en su discurso y sus actos, también. Que las formas en las que se ha impuesto el sector crítico son para mirar para otro lado, no me cabe duda y generan una enorme estupefacción. También que se ha trazado una gruesa línea entre el “No” a Rajoy y la abstención que no acierta a explicar del todo el escenario. Las luchas de poder son inherentes a todos los partidos, como en todas las instituciones, pero la forma en la que se ha resuelto esta situación en el PSOE estos días supone pegarse dos tiros al pie y dejar en el camino buena parte de su capital simbólico.

Voy terminando, ¿y ahora qué?, pues una herida impresionante en el PSOE de consecuencias desconocidas. La primera, una buena parte de su militancia deprimida y sin confianza en un partido al que se siguen aferrando por unos ideales. Segundo, no me atrevo a aventurar la nueva dirección del PSOE. Y, tercero, en relación a la investidura de Rajoy o a unas terceras elecciones, entramos en un momento curioso. Por una parte, unas terceras elecciones es lo que menos le conviene al PSOE en un momento de desgarro como el que está viviendo. El PP, que lleva clamando al cielo en contra de los terceros comicios, tendría una oportunidad de oro para ahondar en la herida del PSOE (sería tremendo que el PP abrazase esta línea). Y Podemos observa un escenario que, por un lado, le perjudica en tanto en cuanto deja el camino abierto a Rajoy y, por otro, le beneficia porque puede que una parte de los votantes desencantados vayan a parar a esta formación, aunque yo apostaría por un aumento de la abstención.

Decíamos en artículos anteriores que, tomase el camino que tomase el PSOE, no había solución buena. O apoyarse en el resto de partidos contra el PP o dejarles gobernar. Pero lo que no podíamos intuir es que la baraja se iba a romper de esta forma, con una crisis interna que tiene toda la pinta de convertirse en estructural y con un partido cuyo rumbo ahora se ve todavía más difícil de corregir. Que el PSOE tiene bases para sobrevivir a esta situación es posible, que le va a costar muchísimo es seguro y que nada volverá a ser como antes, también. 

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1 comentarios

#1
Luis Martín02/01/2017 14:56h

Presentarse como un partido de izquierdas y hacer políticas de derechas no ha ayudado precisamente.

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Sergio Andrés Cabello
Espejo retrovisor es una forma de mirar lo que se va quedando atrás pero también una forma de estar atento a todas las señales y cosas que pasan.
CSIF oct 21
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