Rioja2

Miércoles 13 de Diciembre de 2017Actualizado 17:07

El 16 de agosto de 2016

Tiempo de lectura: 04:15

Incendio no es la canción del verano

Andrés Barrio

En 1986 la desaparecida ICONA lanzaba, mediante una canción de Joan Manuel Serrat, la campaña “Todos contra el fuego”. Esta canción, mejorada considerablemente por Martes y Trece en uno de sus sketchs, se convertía en una de las canciones que todos los niños repetíamos en el verano. Pero en un Estado donde, por entonces, utilizar el monte como vertedero era de lo más normal, lo que verdaderamente era la canción del verano eran las noticias del telediario donde un día sí y otro también nuestros montes ardían sin compasión.

Treinta años después, Serrat mediante, la canción no ha variado mucho. Nuestros montes siguen ardiendo sin que sociedad civil, autoridades ni medios de comunicación le den la importancia que verdaderamente tiene.

En lo que llevamos de siglo se han quemado 1,5 millones de hectáreas, una superficie que supera la suma de los territorios de Euskadi y Madrid, repartidas en 235.711 incendios entre 2001 y 2015. Pero lo jodío es que estamos mejor que en aquel 1986, cuando, aunque el número de siniestros era similar a la media, entonces 7.570, la superficie quemada ascendió a 264.887 hectáreas, más del doble que en 2015. Aún así, hablar de cantidades dentro del desastre no nos lleva a ninguna parte y es que, desde el fatídico año 2012, en el que se quemaron más hectáreas de bosque que toda la década anterior, no se ha tomado ninguna medida significativa ni se ha enmendado ninguno de los errores que eviten que nuestros montes sean polvorines esperando el desastre.

Las dos gráficas adjuntas a continuación demuestran que el problema no se ha atajado y que si un año aumenta o baja el número de incendios, siempre dentro del desastre, depende más del azar, la climatología o la intercesión de la Mari de Anboto.

Fuente: Ministerio de Agricultura y Medioambiente

 

 

 

 

 

 

Llegados a este punto, podemos asegurar que si bien el número de incendios se ha reducido, no así el tamaño de estos. Los denominados GIF (Grandes Incendios Forestales), que son aquellos de más de 500 hectáreas, han aumentado, quemándose el año pasado el 55% de la superficie en 14 grandes incendios forestales. Este dato ratifica el motivo de la presente columna para dejar claro que los incendios forestales tienen nombres y apellidos, no sólo el de la vieja con mecheros molones que fue detenida la semana pasada, sino el de los responsables políticos encargados de que esta lacra termine y el de los intereses económicos que se benefician de ellos.

Que un incendio forestal es un drama queda fuera de toda duda. A pesar de que algún cuñao se empeña en repetir que estos regeneran los montes y que muchos de ellos conservan el arbolado de mayor importancia, lo cual en parte es cierto, la verdad es que los bosques son el hábitat de una gran cantidad de seres vivos y el modo de vida de muchos pueblos o comunidades locales, además de que mantienen el equilibrio hídrico y el correcto ciclo geoatmosférico, riquezas que en la mayor parte de los incendios quedan afectadas. Este desastre favorece a ciertos intereses inmobiliarios, madereros y agropecuarios, además de a las empresas de extinción y, por otro lado, sirve como medida de presión a las Administraciones, como rezaba el cartel aparecido en Cantabria “Lobo vivo, Monte quemado” (y olé).

Prueba de ello es que el 96% de los incendios son provocados por el hombre y el 55% de forma intencionada. En ese 4% restante podemos incluir los incendios “regenerantes” de los que se habla en ciertos “ambientes”. Ante esto, la justicia no va muy al día que se diga, donde sólo el 5% de ellos acaba con algún acusado y sólo 20 de los 400 juicios realizados en esta década han tenido sentencias en firme.

Por otro lado, la legislación ha ido como el cangrejo. Si en 2003 la Ley de Montes prohibía la recalificación de terrenos durante 30 años para evitar casos tan escandalosos como los de Terra Mítica (Comunidad Valenciana, cómo no), donde un incendio forestal intencionado en agosto de 1992 arrasó 450 hectáreas de bosques cercanos a Benidorm (Alicante), en las que luego se construyó años después el parque temático, el pasado julio de 2015, el Gobierno de Mariano Rajoy modificaba esta norma, pudiendo recalificarse atendiendo al interés general. Qué bien más general que un parque temático, claro está.

Por último, podemos hablar de los medios de extinción, que han ido reduciéndose año tras año en aras del ahorro económico, con una privatización encubierta que da sus mayores “frutos” en Galicia, tierra en la que en una semana han ardido más de 8.000 hectáreas de bosque y donde tenemos a los bomberos forestales, esos que se juegan la vida por proteger nuestros bosques o lo que es lo mismo, nuestro futuro, cobrando menos de 900 euros limpios. Para estos bomberos, como en el caso del joven muerto este mes en La Palma, nadie dará funerales de Estado ni ocupará portada alguna, como si lo hacen otros gremios de trabajadores públicos.

Ante esto, hay que recordar que nuestros retenes riojanos llevan desde el inicio de campaña, ésa que abrían ciertos diarios con portadas de “Nuestros montes están seguros” con fotaza de bombero incluida, en movilización y lucha, reclamando unos derechos que desde el Palacete les niegan.

Con todo, queda volver a reclamar la misma cantinela de siempre de “los incendios no se apagan, se previenen”, con el calado de empleo y riqueza local que eso conlleva. En definitiva, brigadas de investigación fijas y con medios para que ningún incendio quede impune, seguimiento de la madera quemada que es comprada por cuatro veces menos del valor de mercado, repoblación con especies autóctonas y en base a criterios ambientales, y exigirnos a todos nosotros cuidado, mucho cuidado, que el fuego no es juego de niños, ni los incendios la canción del verano.

 



2 comentarios

#2
Abriendo huella21/08/2016 10:51h

Que grande eres Andrés. Mi hijo Álvaro, se ha presentado este año a las pruebas selectivas para formar parte de una brigada de bomberos forestales; no las superó. Me sentiría orgulloso de que un hijo mío arriesgase su vida para salvar la de los demás, o para tratar de evitar que este país se convierta en cenizas en unos pocos años pero, sólo en pensar, que podría haber estado jugándose la vida por culpa de auténticos criminales que trafican con el fuego para llenarse los bolsillos de sucio dinero, me pone de muy mal humor, por decirlo de forma educada. Vivimos en un país, plagado de traficantes. Cambia el modus operandi, pero los responsables son siempre los mismos. Me da igual que sea a través de un bosque en llamas, de unas urgencias colapsadas, de las drogas que matan a nuestros vecinos, amigos o familiares, o de un vertido de ácido clorhídrico en nuestros ríos, todo vale, con tal de seguir amasando, saqueando y arrasando. Atila (Rey de los Hunos), al lado de estos salvajes sin escrúpulos, sería una hermanita de la caridad. Si recordamos al Serrat de hace 30 años “Todos contra el fuego”, recordemos también a los aragoneses de La Bullonera de hace 40 años: “Ya no van con palanqueta, ni pistola, ni antifaz, que tienen inmobiliaria los ladrones de verdad” Gracias por tu genial artículo, compañero. Un saludo. Abriendo huella

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#1
MCastillejo17/08/2016 13:05h

Recuerdo la canción de Serrat y la campaña que pedía a nuestros padres no tirar colillas por la ventanilla. Supongo que ahora ya no se atreven a hacer campañas de ese tipo porque todos sabemos que el verdadero problema de los incendios no está los españolitos de a pie que se van de vacaciones dos semanas en agosto, sino en intereses económicos de la peor clase. No creo que haya mejor ejemplo que Terra Mítica en Valencia. Gran columna, genial el título.

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Andrés Barrio
Como siempre suspendía Lenguaje me dio por estudiar ciencias y por alguna razón que no llego a entender, ahora me ha dado por escribir. Oceanógrafo de tierra firme e Ingeniero circunstancial. La Tierra no tiene prisa y cuando ya no estemos en ella, ella seguirá aquí.
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