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El 27 de junio de 2016

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El efecto resaca

David S. Ariznavarreta

Desde las pasadas elecciones, los partidos políticos han antepuesto los intereses propios a los generales, escenificando una realidad: la vida pública es un lugar en el que prosperar a costa de otros, donde,  a partir de ciertos niveles, el personalismo, el poder y el enriquecimiento personal priman sobre cualquier ideal.

Tal frustración ha tenido un efecto resaca en aquellos partidos que, carentes de experiencia de gobierno, bebían directamente de la ilusión renovada de parte del electorado: esto es, Ciudadanos ha perdido ocho escaños y Podemos, pese a mantener junto con IU el número de escaños, ha perdido 1,2 millones de votos, confirmando aquello que decía Íñigo Errejón: la suma de siglas no es una suma aritmética, en la unión se pierden votos por el camino. Pero no ha sido la mala prensa del Partido Comunista la que ha evitado el famoso ‘sorpasso’, sino el pasado chavista de los dirigentes de la formación morada, que con insistencia han sacado a relucir los medios de comunicación en las últimas semanas.

Solo así, en la salvación del PSOE como líder de la oposición y manteniéndose como segunda fuerza política, encontraba Pedro Sánchez motivos para defender su gestión, sin dejar claro si dejaría el cargo como Secretario General. En cualquier caso, su relevo natural, Susana Díaz, ha perdido sus primeras elecciones en Andalucía en favor del Partido Popular, que ha colonizado el mapa español ganando las elecciones en todas las comunidades autónomas, a excepción de aquellas con ánimos independentistas: País Vasco y Cataluña, donde Podemos representa un partido con aspiraciones de gobierno capaz de abrir el candado constitucional y celebrar un referéndum; la mano tendida con el caramelo era demasiado tentadora, y los réditos políticos para la formación morada incuestionables.

Así con todo, parece que habrá gobierno socialdemócrata en Moncloa. Y sin embargo los liberales no encuentran motivos para alegrarse, más allá de haber sorteado una debacle intervencionista. La bajada de impuestos está en duda (meros cálculos contables), la tibia e insuficiente libertad económica todavía se tambalea, la educación seguirá reglada y, como siempre, ciertas libertades personales del ámbito social se verán en entredicho al ser manejadas en su mayoría por un gobierno conservador. 

 

 

 

 

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David S. Ariznavarreta
Escritor, intento de periodista, ingeniero por accidente. Reflexiones, videos y columnas en:
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