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El 13 de mayo de 2016

Tiempo de lectura: 03:13
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¿Qué fue del 15 M?

Sergio Andrés Cabello

15 de mayo de 2016, cinco años de la explosión colectiva del 15M, el último gran movimiento social. Fue un momento de sorpresa, inesperado, un momento de catarsis que respondía a un contexto que se iba haciendo estructural. Cinco años antes del 15M, en 2006, España era muy diferente, instalados como estábamos en la “burbuja inmobiliaria” y en una fiesta que parecía no tener fin, aunque se sabía que aquello contaba con fecha de caducidad, y llegó con la crisis sistémica de 2008.

El nuevo escenario barrió de un plumazo con todo aquello que parecía estable y consolidado. Los parados iban creciendo por millones, las noticias sobre desahucios y Expedientes de Regulación de Empresa eran frecuentes, y en 2010 comenzaron los recortes en las políticas públicas que irían socavando el Estado de Bienestar. Pobreza y exclusión social dejaron de sorprendernos en los periódicos, telediarios y radios. Con todo aquello, la situación no podía tener otro final que una explosión y un grito de rabia contra el sistema que lo había propiciado y los dirigentes políticos.

El relato de la situación estaba bien definido y canalizar el descontento y la frustración era una necesidad. Sin embargo, al 15M se le comenzó a exigir desde el minuto uno metas que no estaban a su alcance. Incluso en tiempos tan acelerados como los nuestros, pedirle a un movimiento social que determinase las elecciones Municipales y Autonómicas del 22 de mayo, sólo una semana después, era una locura. También hacerlo con las Generales de final de año. Además, implicaba no comprender el componente sociológico de las personas que se adscribieron a dicho movimiento, aunque su relato pudiese ser compartido por buena parte de la población, como señalaban las encuestas. Como el tiempo demostró, en el 15M estaba representada buena parte de esas clases medias urbanas que se habían visto arrasadas por la crisis. También es cierto que eran las que podían articular un discurso y tenían las herramientas para hacerlo. Pero, sin duda alguna, uno de los problemas de la articulación del 15M y sus consecuencias en forma de partido, Podemos, es haber alcanzado una transversalidad parcial: sí que está conseguida a nivel de edad, a diferencia de Ciudadanos, pero no tanto en relación a la clase social.

En el lado muy positivo del 15M hay que seguir valorando que pusiese a la política de nuevo en primera línea, en el sentido de hablar, discutir, reflexionar, leer, etc., y para ello fueron fundamentales las Redes Sociales. La sociedad había sido expulsada de la política, o incluso en parte nos habíamos autoexcluido bajo una dejación de responsabilidades que también es para analizar, pensando en que eso era cosa de los políticos, que se iban distanciando a pasos agigantados de sus representados. Parte de la sociedad volvió a la política, pero lo más interesante es que hubo muchos jóvenes que entraron por primera vez en ella, y que no la vieron como ese mundo lejano y cerrado que parecía.

Cinco años después, el 15M aparece como un recuerdo que se antoja en no pocas ocasiones como de otra época. Como decíamos anteriormente, todo va muy acelerado. En estos cinco años hemos vivido una legislatura de mayoría absoluta del Partido Popular, la aparición de nuevas formaciones políticas, la compleja situación del PSOE, dos elecciones Generales en prácticamente medio año, y una sociedad cada vez más polarizada y desigual, todo ello en un contexto en el que algunas lecciones del 15M parecen no haber sido bien asimiladas.

Lo que también nos demuestra el 15M es la dificultad para mover a las grandes estructuras de la sociedad; la dependencia que tenemos en un mundo globalizado de las entidades supranacionales y otras instancias; y que los electorados son más complejos de lo que a simple vista podría parecer, y para eso hay que hacer una lectura afinada de la sociedad.

Habrá gente que recuerde el 15M con orgullo, valorando lo que supuso y sus efectos en la sociedad, ahí está Podemos por ejemplo; otra gente se sentirá decepcionada por no haber logrado los objetivos propuestos y haberse quedado a medias de las altas expectativas generadas y no logradas; y habrá otra parte de la sociedad a la que seguramente este quinto aniversario les pasará desapercibido, y su recuerdo será algo lejano. Posiblemente, ese tercer grupo es el que también merece especial atención para entender qué ha ocurrido o dejado de ocurrir. 

 

 

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Sergio Andrés Cabello
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