Rioja2

Jueves 17 de Enero de 2019Actualizado 09:38

Mercedes 4MATIC
El 26 de abril de 2016

Tiempo de lectura: 04:41
|||

A propósito de la prensa

Gonzalo Peña Ascacibar

Después de los textos que aquí tuve la oportunidad de escribir y del tiempo que llevaba sin hacerlo, le debía una tribuna a este medio, el cual ha demostrado con trabajo ganarse su credibilidad. Vuelvo trayendo a colación la polémica suscitada por la intervención de Pablo Iglesias sobre la relación entre los medios y los partidos. Tal y como él mismo ha reconocido, se equivocó y pidió disculpas ante una crítica de fondo donde fallaron algo fundamental como son las formas. Sobró totalmente la personificación reiterada de un redactor, más aún siendo uno de los eslabones más débiles, del mismo modo que sobraron los arrebatos de dignidad de quienes nunca han alzado la voz.

Precisamente, intervenía Cuca Gamarra en ‘La Sexta Noche’ para ofrecer su análisis sobre lo ocurrido: “La libertad de prensa no le gusta a Pablo Iglesias. Hemos sabido lo que piensa realmente y que lo que le gusta es el modelo de control gubernamental de la prensa”. Asimismo, añadió que a ella le encanta la libertad de expresión. Suele ocurrir que quienes más presumen son precisamente quienes más tienen que callar, lo cual supone un ejercicio de cinismo. 

En política, como en la vida, se predica con lo que se hace, no con lo que se dice. En un Pleno desde Cambia Logroño presentamos una moción para la democratización de los recursos públicos en materia de comunicación. Fiscalización transparente por un lado y reparto proporcional por otro. Esta propuesta a Javier Merino, concejal del Partido Popular, le sonaba a “régimen totalitario”. Sí le pareció adecuado, sin embargo, en dicho debate que el PP ocupara siete páginas íntegras entre publicidad y contenidos en un medio de comunicación, en el cual venía inserto a su vez un cuadernillo electoral de cara a los comicios municipales y autonómicos del pasado año. 

Hay quienes han demostrado fervientemente su solidaridad interesada con Álvaro Carvajal por puro objeto de politización olvidando cuál era su trayectoria. Es la de Esperanza Aguirre hablando de ‘La Secta’, la de Federico Trillo entregando un euro a una periodista al ser preguntado por las armas de destrucción masiva de Irak, la de José María Aznar despachando de manera machista la pregunta de Marta Nebot colocándole un bolígrafo en su escote, la de José Luis Corcuera acusando a esta misma periodista de ser de Podemos o cercana o la de Agustín Conde celebrando el cese de Yolanda Rodríguez porque “parecía una activista de Hamás”. A esas declaraciones se unen listas negras en TVE con redacciones paralelas al servicio del Gobierno, la instrumentalización de Telemadrid, Canal Nou, TV3 o Canal Sur o las subvenciones beneficiando a medios afines por parte de Ana Botella. 

Los silencios son también una forma de hablar y más en una región donde todo está tan concentrado como en La Rioja. Llama la atención que la información concerniente al chalé de Pedro Sanz se escuchara más desde Madrid que en nuestra propia Comunidad, las censuras continuas y conocidas bajo la antigua dirección de RTVE o el casi apagón informativo sobre los graves hechos ocurridos en Logroño durante la huelga general de noviembre de 2012. En los medios también se hace política, como prueba la diferencia en el tratamiento para una acción similar. En Cambia Logroño nos equivocamos con un tuit y por eso rectificamos públicamente. Ello ocupó parte de portadas y gran espacio en diferentes medios. Por el famoso tuit de Emilio del Río señalando a Ada Colau jamás hubo disculpas por su parte ni su tuit se vio en tal espacio. Lo suyo hubiera sido que las dos acciones se hubieran considerado por igual, pero quizás tuviera algo que ver sen una de ellas el control institucional de los fondos públicos destinados a prensa.

Del mismo modo que existen límites en lo político, también los hay en lo periodístico. Es inconcebible que por criticar a un partido un medio señale el aborto de un cargo político y su ex pareja, lo que expresa que haría Federico Jiménez Losantos con una pistola o la persistencia de las mentiras sobre el 11M. El súmmum es escuchar los alegatos y el rasgarse las vestiduras por la independencia periodística y la dignidad de la profesión a la vez que un banco se compra buena parte de las portadas de los diarios (muy recomendable leer ‘Traficantes de información’ de Pascual Serrano), ofrecer publirreportajes sobre el régimen de Guinea Ecuatorial a la vez que como medio lo criticas, plantear un ERE de 224 trabajadores/as en Unidad Editorial mientras sacas tu espada por Álvaro Carvajal o despedir a 129 trabajadores/as de El País mientras Juan Luis Cebrián se embolsa una millonada.

En el informe anual (patrocinado por una gran empresa) de la Asociación de la Prensa de Madrid sobre el estado de la profesión periodística en 2014, se destacaba que más del 80% de los periodistas reconoció haber recibido diferentes tipos de presiones bien sea por sus propios jefes/as (la mayoría), por instancias políticas o por anunciantes. Por coherencia con la firmeza mostrada ante las declaraciones de Pablo Iglesias, debería haber la misma rotundidad para otro tipo de acciones, pero ahí, por desgracia, suele imperar más bien mayoritariamente la tibieza frente a purgas y exclusiones ideológicas, ruedas de plasma, preguntas pactadas o agresiones de policías sin identificación a periodistas. Es más, hubo quien aplaudió ante el cierre de Egin y Egunkaria y no abrió la boca con las torturas a Martxelo Otamendi, donde el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó al Estado español por no investigarlo

Lo ocurrido respecto a Álvaro Carvajal revela, tal y como expresó Antonio Maestre, un síntoma de la debilidad periodística y requiere, más que una discusión epidérmica sobre el hecho en cuestión, un debate necesario, amplio y sosegado sobre cómo abordar y repensar el vínculo político-periodístico. Ello exige poner, entre otros asuntos, sobre la mesa las condiciones laborales, la regulación respecto a la concentración, la delimitación entre información y publicidad, la indefensión ante las presiones, el refuerzo de los mecanismos organizativos de los/as periodistas, el blindaje de la función de los medios públicos ante su perversión gubernamental y la potenciación de los medios comunitarios. Nos va la democracia en ello.

 

|||


2 comentarios

#2
Pepe66604/05/2016 00:08h

Todos los políticos son unos ladrones, unos mentirosos y unos desvergonzados....menos los de mí partido. Claro, la nueva política creo que la llaman...el "cambio"...

A favor 0 En contra 0 Denunciar

#1
María Nieves Verano Espinosa27/04/2016 12:24h

Comparto las reflexiones de Gonzalo Peña al cien por cien. Ahora mismo podemos añadir a esta serie de infamias la purga del Grupo Prisa a Ignacio Escolar y otros periodistas de el diario.es, la sexta y algún otro. Nos jugamos mucho con la profesionalidad de los medios y su imparcialidad. Están para servir al pueblo, no a los políticos oportunistas que les subvencionan con el dinero de todos. Aprovecho también para felicitar a los buenos profesionales de Rioja2

A favor 4 En contra 0 Denunciar
Gonzalo Peña Ascacibar
Archivo:
2016
USO DE COOKIES

Le informamos que utilizamos cookies propias y de terceros para ofrecerte un mejorservicio, de acuerdo con tus hábitos de navegación. Si continuas navegando,consideramos que aceptas su uso. Puedes consultar nuestra Política de Cookies aquí