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El 25 de enero de 2015

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Dos ramalazos de Titi cambian el gesto

Dos goles del extremo en dos minutos provocan la remontada del UD Logroñés (3-1) ante un Zamora que desdibujó a los riojanos durante una primera mitad para enterrar.

Titi gol

José L. Martínez

Los goles mandan. Para bien y para mal. Para que a un equipo le silben, al descanso, y para que le aplaudan, a la conclusión. Para acercarse al abismo, hasta el minuto 62 el UD Logroñés se aproximaba al precipicio de abandonar los puestos de 'play off', o para estar más cerca de los mejores, el segundo puesto queda a 1 punto. No hay más. El fútbol, por mucho que quieran o queramos, obedece a los goles. Es con lo que se queda el aficionado: el que se saca su abono, el que paga una entrada, por el que, en teoría, están ahí los futbolistas. Se puede estar jugando horrible, dar una imagen pésima, ser incapaz de dar tres pases seguidos con cierto criterio, de costarle un mundo repliegar tras pérdida, de ir por detrás en el marcador, de apuntar a derrota con todo merecimiento... pero en unos segundos todo cambia.

De la tristeza se pasa a la mayor de las alegrías, a autoconvencerse de que todo lo vivido con anterioridad ha sido un mal día, que este equipo tiene la capacidad para reaccionar, que asume que tiene que estar en la fase de ascenso sí o sí. Todo gracias a dos goles en dos minutos. A que Titi acertó en dos ocasiones consecutivas: una al rematar un centro de Íker Alegre que Miguel dejó blandito en el área; y dos, por forcejear, por tener fe en que le robaba la cartera a Garretas, que controlaba el esférico, se regateaba al meta visitante, con templanza, y que marcaba a puerta vacía.

A partir de ese momento, el Zamora, brillante en el orden, en la claridad de ideas con y sin balón, sobrio en la zaga y peligroso y chispeante en ataque (Miguel realizó en el primer tiempo dos intervenciones de mérito, una de ellas casi milagrosa a remate de cabeza de Rodri, que podían haber hecho imposible la remontada), desapareció. Ayudó que la UDL, desde el segundo tiempo, hubiera apuntado algo más de dinamismo. La entrada de Joel Valencia resultó decisiva para que los de Roberto Aguirre metieran el culo en su campo, mientras que la sustitución de Julio Rico -sorpresa de inicio que no saliera de inicio- por Herreros ofreció más seguridad en la salida limpia de la pelota. Consecuencia de ello o no, el caso es que el cuadro blanquirrojo le dio la vuelta al marcador. 

Sin embargo, el duelo iba a dar otro giro inesperado. La expulsión de Camochu, por codazo sobre Kurbus, en el 66 deparaba un nuevo encuentro. Entonces, los de Carlos Pouso sólo se marcaron una consigna: no encajar. Y lo hicieron con soltura, con aparente solvencia ante un Zamora al que le costó asimilar los vaivenes que se sucedían en Las Gaunas. Los blanquirrojos, acumulando jugadores en la línea defensiva, se cerró con el afán de proteger la parte central. Su oponente, ofuscado y sin ideas (todo lo contrario a lo que había exhibido en el primer tiempo), se obcecaba en lanzar centros que la zaga riojana despejaba con claridad. 

El tanto de Íker Alegre, a la contra, tras un córner después de que el portero del Zamora buscara el empate a la desesperada, dejó la sensación de que Joel Valencia, eléctrico y veloz, se confió en exceso con todo a favor. Por fortuna, para los interese locales, recogió de nuevo la pelota para cederla al futbolista asturiano, al que se le espera una mayor presencia y galones en la faceta ofensiva.

Por lo tanto, ni tan malos ni tan buenos. Ni para silbar ni para aplaudir. Es fútbol y de Segunda B, donde ganar cuesta mucho. Para eso se entrena, se supone, entre semana. Hay veces que ese trabajo no se nota en el campo y hay ocasiones en las que parece que todo sale rodado, que la victoria es fácil de lograr. Al final, los que mandan son los goles. Las sensaciones ayudan a que a veces se vean con buenos ojos, o no, las derrotas. Lo que nadie puede discutir son los 41 puntos del UD Logroñés y su cuarta posición. Tampoco que el domingo que viene se enfrentan en Santa Ana al Tropezón y que la racha a domicilio no invita al optimismo. Seguro que los goles dictarán sentencia. Siempre lo hacen.

UD Logroñés: Miguel; Gago, Herreros (Julio Rico, min. 52), Moisés, Sergio Martínez; Jacobo Trigo, Abaroa (Joel Valencia, min. 56); Titi, Menudo (Miguel Santos, min. 69), Íker Alegre; y Camochu. 

Zamora: Miguel; Mateos, Garretas (Aarón, min. 78), Kurbus (Sergi Mut, min. 78), Prada; Arkaitz, Salva (Ochoa, min. 64), Cristian, Coque; Rodri y Carlos. 

Goles: 0-1, min. 16: Arkaitz. 1-1, min. 62: Titi. 2-1, min. 63: Titi. 3-1, min. 94: Íker Alegre. 

Árbitro: Escriche Guzmán (colegio Valenciano). Expulsó al blanquirrojo Camocchu (min. 66) con roja directa. Amonestó al local Moisés y a los visitantes Salva, Rodri, Arkaitz y Sergi Mut.

Incidencias: 2.133 espectadores, según informó el club organizador. 

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