Martes 7 de Diciembre de 2021Actualizado 22:33

El 9 de mayo de 2014

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"Si hay recuperación, la financiación debe ser la misma que antes de la crisis”

El rector de la Universidad de La Rioja, José Arnáez Vadillo, hace una radiografía completa del centro riojano con motivo de su XXII aniversario.

Rector de la UR, José Arnáez Vadillo

Manuel Martín

José Dimas Arnáez Vadillo (Haro, 1957) es el rector de la Universidad de La Rioja, antes fue profesor. Conoce la institución al dedillo, de arriba abajo. Nos recibe en su despacho con semblante tranquilo y corbata azul. Da la mano con firmeza y seguridad. Es mediodía y ha tenido un acto a primera hora de la mañana, pero ya está dispuesto a contestar una batería de preguntas sobre el campus al que representa, que hoy celebra su XXII aniversario aunque realmente sea el próximo martes, que se dice pronto. "La Universidad de La Rioja es vital en nuestra comunidad porque tiene la responsabilidad de formar a los jóvenes que a corto y medio plazo van a liderar y gestionar el entramado económico de nuestra región", dice casi antes de sentarnos a hacer la entrevista. "La valoración a fecha de hoy tiene que ser positiva. Hace veintidós años en esta región no había formación universitaria y ahora ofrecemos una amplia gama de titulaciones", añade.

¿En qué ha cambiado desde sus inicios hasta aquí?

Tenemos ya una universidad con unas infraestructuras muy consolidadas. Cuando empezó hubo que hacer una importante cantidad de obras e instalaciones para consolidarla y formar algunos equipos de investigación que, ahora mismo, en algunos ámbitos, ocupan primeros puestos a nivel nacional e internacional. La oferta académica se enmarca en el Espacio de Educación Superior con Grados y estamos reorganizando toda la oferta de másteres. Estamos ante una institución madura, que tiene que abordar otros retos, pero que el camino que ha recorrido hasta ahora es muy positivo.

¿Cuáles serían esos retos?

Por un lado reorganizar, y estamos en ello, la oferta de posgrado, la oferta de máster y doctorado, actualizándola a las exigencias del momento. Los grados que ahora mismo ofertamos son consolidados, interesantes para los estudiantes y la sociedad riojana. Ha habido dos hechos que son importantes: la Escuela de Máster y Doctorado de la Universidad de La Rioja, que ya ha sido aprobada por el Gobierno regional, incluso ya está registrada en el Ministerio, y que comenzará a funcionar a muy corto plazo; y la adaptación de la oferta a la demanda de la sociedad. Hay que trabajar en másteres profesionalizantes.

Para esto hace falta, además de trabajar, dinero, ¿cuál es la situación económica de la Universidad de La Rioja?

Como todas las universidades, hemos sufrido los efectos de la crisis. En estos años nos hemos readaptado a esa situación, porque también entendemos nuestra responsabilidad. La situación ahora parece que va mejorando y, en ese sentido, habría que intentar conseguir una financiación semejante a la anterior a la crisis. Estamos en contacto con el Gobierno regional para trabajar en esta línea. Recuerdo que a finales de diciembre se firmó un plan de financiación plurianual que implicaba unos incrementos a corto plazo de nuestro presupuesto. Es evidente que tenemos que seguir trabajando en esta línea si queremos que nuestra universidad ocupe un puesto relevante en el panorama nacional.

¿Cómo era esa financiación anterior a la crisis?

Nuestra financiación, en el mejor momento, giraba en torno a los cincuenta millones de euros y actualmente se sitúa en los cuarenta. En el plan de financiación plurianual incrementamos en el 2015 un 2% el presupuesto sobre el momento actual y, poco a poco, yo creo que seguiremos alcanzando esos incrementos.

¿Más financiación pública por parte de las instituciones, gestión público-privada o mayor pago de los estudiantes?

Una universidad pública debe ser financiada con dinero público, pero esto no es óbice para que la universidad busque otras vías de financiación, fundamentalmente a partir de la colaboración que pueda establecer la universidad con las empresas. De hecho en nuestra universidad estamos empeñados en trabajar mano a mano con las empresas, no sólo desde el punto de vista de la formación de los estudiantes sino de la investigación. Hemos firmado un número muy importante de contratos con empresas desde nuestra creación.

La base de la financiación debe ser dinero público, pero debemos trabajar en otras vías de financiación que pueden ser muy interesantes en momentos determinados, como proyectos de investigación concretos, actividades determinadas, etc.

¿Nunca de los estudiantes?

La universidad pública tiene una responsabilidad importante. Tiene que ser capaz de ofrecer estudios a todas las clases sociales y a todos los ciudadanos. Tenemos que ser capaces de acoger el mayor número de estudiantes y dar la posibilidad de estudiar a la mayor cantidad de gente posible. Esto hay que hacerlo de muchas maneras. Están las líneas de becas y con aportaciones propios de la universidad, como las ayudas que ha sacado este año la Universidad de La Rioja para estudiantes con dificultades sobrevenidas. La universidad, siempre solidaria con la situación que se vive, y siempre apoyando a los estudiantes, está trabajando en esta línea.

¿Hay muchos problemas de pago de los estudiantes?

No muchos. Se intentan buscar siempre fórmulas comprensibles para este tipo de situaciones, pero no hay un gran número de situaciones complicadas. No digo que no las haya, pero no es algo generalizado.

¿Está de acuerdo con el actual sistema de becas y con los cambios introducidos por el Ministerio?

La semana pasada leí un comunicado de la CRUE en el que se decía que si se ven señales de recuperación económica, que las universidades y sus estudiantes tienen que volver a la situación previa a la crisis. Sería una apuesta por las becas que puedan alcanzar al mayor número de población estudiantil.

¿Cuál es la situación del profesorado?

Cuando tomé posesión dije que la plantilla de profesorado que tenía la universidad era la que se adaptaba a nuestras necesidades y, por lo tanto, se han hecho todos los esfuerzos para que no haya consecuencias irreparables y despidos a partir de los decretos del Ministerio. Y ha sido así. 

Nos está haciendo daño el tema de la tasa de reposición, a partir del famoso Real Decreto 14/2012 de medidas de ahorro en el ámbito educativo, donde la tasa de reposición en las universidades se establecía en el 10% (por cada diez profesores jubilados sólo se puede contratar uno). Esto es muy perjudicial para el acceso de los jóvenes a la carrera académica. Los profesores que ahora mismo están formándose tienen dificultades para acceder a los puestos de profesor o funcionario. La idea de las universidades es que si vamos a hacia una situación económica mejor, esa tasa de reposición se reconsidere.

Es un problema que en la universidad se complica más porque la actividad docente es muy especializada, no es fácil hacer una reconversión de profesores a unos ámbitos u otros. El profesor de matemática aplicada tiene que dar matemática aplicada, no puede dar filosofía. No es un sistema donde pueda haber trasvases fáciles de especialistas.

¿Qué margen tiene la Universidad de La Rioja para que no se resienta su calidad educativa con esa tasa de reposición?

Esto es complicado saberlo, pero nosotros señalamos como una fórmula positiva que, en el margen de nuestros presupuestos (sin incrementarlos), se nos dé autonomía para poder gestionarlos y dirigirlos para la creación de plazas de profesorado, restándolo de otras partidas, pero que al menos podamos jugar con esa posibilidad y no estar ceñidos exclusivamente al 10%.

¿Debería especializarse más la Universidad de La Rioja al ser un centro pequeño y dedicarse más, por ejemplo, a la enología?

De cara al futuro, al mapa universitario nacional futuro, el especializarse va a ser un valor añadido. Unas universidades se van a diferenciar de otras en la medida en que van a poder dar un determinado tipo de formación. Es evidente que en la nuestra es el de la enología aunque haya otros, pero es especialmente interesante por todo lo que representa en nuestra comunidad autónoma.

Por otro lado, junto a esa especialización, tiene que haber un proceso de internacionalización. Tenemos que ser capaces de atraer estudiantes y profesores de otros países, así como enviar a nuestros estudiantes a otros países. En esta línea estamos preparando un programa que vaya en la línea de poder impartir docencia en nuestra universidad en inglés, porque es la forma más fácil.

¿Podrían suprimirse carreras de aquí a pocos años porque no tengan alumnos?

En la Universidad de La Rioja no. Nosotros ofertamos anualmente 1.000 plazas en los grados y superamos la demanda. Nuestras carreras tienen una aceptación importante en la sociedad riojana. Más que eliminar titulaciones yo hablaría de crear titulaciones, aquellas que puedan ser atractivas.

¿Es la UNIR una amenaza para la Universidad de La Rioja?

Es una institución que tiene un funcionamiento muy diferente. Es una universidad online, no presencial, que hace una oferta centrada en el posgrado. Tenemos que resaltar nuestras ventajas como universidad frente a la UNIR: ser una universidad presencial, arraigada en nuestra sociedad y que ofrece una relación directa entre el profesorado y el estudiante. Todo esto es un valor añadido que hay que tener en cuenta.

¿Y si su situación acaba mezclando los estudios presenciales y online (la nueva sede de la UNIR se levantará en el solar que ocupa la fábrica de Fernández Mueblistas, justo al lado del campus universitario logroñés)?
Los objetivos o finalidades que persigue la UNIR comprando ese edificio habría que preguntárselo a su rector. No hay amenaza en la medida en que seamos capaces de competir con calidad, seriedad y títulos atractivos. En ese contexto no tenemos que tener ninguna preocupación.

¿Qué le diría a una persona que va a comenzar la universidad ahora?

Lo primero que le diría es que se matriculara en la Universidad de La Rioja [sonríe] y no porque sea el rector sino porque soy un convencido de esta universidad, primero como profesor y ahora en un puesto de gestión. Es un lugar joven, un valor positivo porque se adapta muy bien a los cambios y necesidades de los estudiantes, que tiene una oferta de grados muy atractiva y que apuesta por insertar al estudiante en el mercado de trabajo. Ofrecemos 1.000 prácticas externas a los estudiantes para que en los últimos cursos compaginen la formación en las aulas con la de las empresas.

Somos una universidad que tenemos cien convenios con universidades extranjeras y tenemos unas instalaciones modernas y en las que los estudiantes se sienten muy a gusto, como la biblioteca.

¿Con qué retos afronta ahora un estudiante su entrada en el mundo universitario?

La idea sería que estudie aquello con lo que se identifica o aquello que le guste. Estamos muy obsesionados con estudiar aquello que puede tener más salidas, pero un estudiante tiene que estar a gusto con lo que está haciendo. Además hay que ser dinámico, abierto, que esté pensando en que la formación universitaria le va a facilitar su futuro aunque no es la llave de su futuro, pero los datos demuestran que aunque una carrera no asegura un trabajo, sí incrementa mucho las posibilidades de encontrarlo.

Para el que contrata, es mucho más interesante una formación universitaria en un individuo. Hay que tener en la cabeza la necesidad de adquirir ciertas habilidades y competencias, como los idiomas, de ahí que sea tan importante salir al extranjero.

¿Ha aumentado durante la crisis la percepción de que un título universitario no es la llave para resolver el futuro laboral?

Yo creo que no y la prueba la tenemos en que si ahora recorremos los institutos, los familiares de los chavales, en un porcentaje altísimo, aspiran a que sus hijos sean universitarios. Socialmente está claramente reconocido que el título universitario es una llave de éxito para el futuro.

¿Qué le diría al estudiante que termina?

Que tiene que estar dispuesto a enfrentarse a las oportunidades que le va a ofrecer la vida, que no se encasille en ideas prefijadas como quiero este trabajo, en este sitio y con esta remuneración, sino todo lo contrario. Hay que estar abierto al mundo, a la iniciativa, a ofertas, que se mueva, e incluso le animaría a que continuase la formación. La sociedad a la que nos dirigimos requiere formación continua. Tenemos que darnos cuenta de un hecho importante, la sociedad va a una velocidad espectacular, los avances van a una velocidad increíble. Hace veinte años no teníamos ordenadores encima de la mesa y ahora no podemos vivir sin ordenadores, y no quiero hablar de teléfonos móviles.

El estudiante que acaba no puede pensar que, como ya es un graduado, tiene el 90% de probabilidades de encontrar trabajo. Puede que ocurra y sería positivo, pero habría que ver la posibilidad de hacer un máster, porque éste le va a especializar, y completar su formación con una fluidez absoluta en idiomas, fundamentalmente en inglés. Tiene que haber adquirido a lo largo de la carrera un conjunto de competencias y habilidades que son fundamentales en el mercado de trabajo como el trabajo en grupo, el poder liderar, el hablar en público… todas esas cuestiones son vitaes, y en la universidad de hace 30-35 años era algo más marginal, ahora se plantean otras cosas.

¿Ha sido entonces buena la adaptación a Bolonia?

Yo creo que sí. Hemos repensado la formación universitaria y es una opción para homologar títulos en el contexto europeo. Mejorando algunos aspectos, ha sido bastante positiva.

¿Qué ofrece la universidad a personas adultas para las que la salida laboral no es algo prioritario?

La universidad tiene que ser concebida como centro de formación para toda la vida. El acceso se puede hacer en cualquier momento para formación reglada. Hay pruebas para mayores de 45 años, pero tenemos que dar un paso más y la UR lo dio hace unos años creando la Universidad de la Experiencia, donde hay actividades regladas con sus procesos formativos y título al final, donde personas de más de 55 años pueden reincorporarse a la universidad para completar su formación.

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