Sábado 22 de Enero de 2022Actualizado 18:56

El 29 de abril de 2011

Tiempo de lectura: 02:14
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Políticas públicas e igualdad real

La corresponsabilidad continúa siendo el talón de Aquiles del acceso al mercado laboral por parte de las mujeres.

Redacción

Al abordar cuestiones relacionadas con la igualdad de género es interesante plantearse en primer lugar la siguiente pregunta: ¿la igualdad estadística en la presencia de las mujeres en la educación y el empleo anula el sentido de las políticas públicas de igualdad?

La igualdad estadística puede resultar capciosa ya que da una apariencia de igualdad real y efectiva, cuando en realidad la equidad porcentual sólo puede asimilarse a la igualdad formal. Las estadísticas actuales referidas a la educación en España, por ejemplo, reflejan un porcentaje mayor de mujeres universitarias, ¿pero eso es alcanzar la igualdad? Evidentemente no. El patriarcado va much
o más allá. Se nos educa como a mujeres desde la educación infantil y primaria y al dar el salto al mundo laboral nos enfrentamos al más que conocido “techo de cristal” que se transforma en desigualdad retributiva, obstáculos para la promoción dentro del puesto de trabajo, acoso sexual, mobbing, etc.

Y entre todo ese abanico de trabas discriminatorias, toma especial relevancia un factor al que todavía se le atribuyen características biológicas e incluso divinas: la maternidad en su concepción más amplia. Prácticamente la totalidad de la carga del cuidado (de los hijos e hijas sí, pero también de las personas mayores dependientes) todavía recae en las mujeres. Seguimos hablando de conciliación de la vida familiar y laboral (y a ello se dedican ciertos artículos de la Ley de Igualdad, de los convenios colectivos y de las políticas públicas) cuando se debería estar trabajando y educando a favor de la corresponsabilidad. Y es precisamente esa compleja compaginación de la vida personal y laboral la que hace que muchas mujeres se descuelguen de su carrera profesional y del mercado laboral. La igualdad real para ellas se convierte constantemente en una utopía, en algo que pudo ser y no fue.

Por lo tanto, la igualdad estadística no anula el sentido de las políticas de igualdad, lo camufla. Pero el cambio fundamental al que deben aspirar dichas políticas es ideológico, no solamente cuantitativo y por ello deben aplicarse transversalmente y desde la base de la educación para promover una equidad efectiva, la garantía de los derechos y la distribución ecuánime de los tiempos, el trabajo, el ocio y el cuidado, que actualmente se sigue repartiendo de forma desigual y afectan sobremanera a la vida laboral de las mujeres.

Lo que deben pretender las políticas públicas no es alcanzar la paridad numérica, sino eliminar la desventaja de la que parten las mujeres respecto a los hombres en casi todos los ámbitos de nuestra sociedad y dar respuestas a las necesidades de toda la ciudadanía.

Los cambios que se anhelan son eminentemente estructurales y culturales y para ello es necesario que las políticas públicas de igualdad actúen con acciones concretas en todos los sectores e implementando normas e instituciones dedicadas a ello para su efectiva aplicación en la vida cotidiana de las mujeres y de los hombres, ya que dichas políticas también deben ir destinadas a ellos para conseguir un verdadero cambio de mentalidad que luego se traduzca en un cambio actitudinal.

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