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El 12 de abril de 2011

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ACNUR apoya la construcción de “la escuela más alta del mundo” en Colombia

A 2.746 metros sobre el nivel del mar está localizada la institución educativa construida a mayor altitud en el mundo.

Niño frente a la construcción de su nueva escuela

Redacción

Gracias al apoyo del Fondo de las Naciones Unidas para la Seguridad Humana, 9 aulas aisladas del frío y las brisas de Soacha (Cundinamarca) están edificándose en un terreno de más de 2 mil metros cuadrados. En este lugar, aproximadamente 200 niños y niñas desplazados internamente, vulnerables y desescolarizados del barrio Altos de la Florida seguirán recibiendo su educación primaria a través de metodologías flexibles, las cuales los ayudan a reinsertarse en el sistema educativo mediante materiales especiales de formación, adecuados para el nivel de cada estudiante.

La construcción del Centro Educativo CAE se inició hace dos meses, con el objetivo de que los estudiantes evitaran el largo trayecto a pie para llegar a clase. “Muchas veces los robaban, los herían o los violaban en el camino a la escuela. Tener el colegio cerca permitirá nivelar sus niveles de seguridad y reducir la deserción escolar, porque los estudiantes abandonaban el colegio por miedo a las largas distancias”, afirma Alexander Torres, líder comunal del tercer sector del barrio.

Esto lo reafirma Steven, de siete años, uno de los 2.800 habitantes de Altos de la Florida. “A mí me gusta mucho la escuela porque me va a quedar cerquita”, dice.

La necesidad de esta escuela de metodologías flexibles, que incluye 9 aulas y un comedor, fue resultado de un diagnóstico participativo en el barrio, que ACNUR lideró en el 2006. En base a los resultados obtenidos, la Agencia de la ONU para los Refugiados también apoyó la construcción de un Centro Polifuncional, que incluye un centro médico, un aula escolar, un comedor y cocina escolar, y un salón comunitario, entre otras instalaciones.

“Este centro acepta a pequeños que llegan en cualquier época del año, lo que sucede con las familias desplazadas. Además, es un espacio de protección infantil, pues saca de la calle a niños y niñas y los integra con el resto de su comunidad, ya que ofrece las mismas oportunidades de estudio para pequeños desplazados y vulnerables, y les enseña a convivir juntos”, explica Nieves Batres, coordinadora de ACNUR en la zona de Soacha.

Sandra García, docente de los niños y niñas de primera infancia del proyecto, gestionado actualmente por la Corporación Infancia y Desarrollo en otras instalaciones, afirma que los 53 pequeños que asisten a clases actualmente van a tener un mejor espacio para desarrollarse cognitivamente. “Con aulas amplias, los problemas de espacio que tenemos en las actuales instalaciones del proyecto van a cambiar. Ya no van a tener calor, van a poder moverse más libremente y tendrán agua”.

Con esta afirmación coincide Natalia, una niña de cinco años que asegura que le gusta venir al Colegio porque puede jugar. “Pues qué pasaría si nos vamos a estudiar a un sitio más grande… ¡que yo podría correr más todo el tiempo!”, dice.

Para garantizar la sostenibilidad, y una potencial ampliación de la educación flexible al nivel bachillerato –por ahora los niños que terminan la primaria en el CAE deben asistir a los dos centros educativos cercanos– el centro educativo de primaria será una escuela oficial del municipio para educación flexible, luego de su primer año de funcionamiento, apoyado por ACNUR. “Soacha es uno de los mayores receptores de población desplazada de Cundinamarca: 33.401 personas, según datos de Acción Social a diciembre de 2010. A ellos hay que garantizarles el derecho a la educación”, comenta Ignacio Castellanos, Secretario de Educación del Municipio.

Todavía falta concluir un aula, los techos, las instalaciones eléctricas y los acabados, pero pronto la escuela estará lista, para que todos los estudiantes disfruten de ella, sean desplazados o vulnerables. “El esparcimiento que proporciona la vista puede ser aprovechado desde el punto de vista pedagógico. Si aparte de la comida podemos atraer a los niños con un buen sitio para aprender, seguro van a querer quedarse”, afirma Alberto Domínguez, el arquitecto de la escuela “más alta del mundo”.
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