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El 24 de marzo de 2011

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Algo pasa con Merkel

La canciller alemana sorprende dentro y fuera de Alemania con sus decisiones controvertidas en materia nuclear y en torno a la crisis libia.

angela merkel

Redacción

Angela Merkel podría haber decidido jugársela a una carta. Asediada por los sondeos electorales de los länder alemanes, que ponen en serio riesgo su coalición de gobierno con los liberales, la canciller ha decidido dar un giro a su política interior y exterior.

En primer lugar, tras la catástrofe de Japón, de la noche a la mañana, decide cancelar el funcionamiento de las siete centrales nucleares con mayor antiguedad en Alemania cuando hasta hacía poco había defendido a ultranza este tipo de energía. Frente a ella la oposición rojiverde y la de los alemanes en la calle, muy sensibles en materia nuclear y siempre contrarios a su expansión. Hasta el 11-M Merkel hacía oidos sordos. Cuando la situación de Fukushima se tornó crítica, la canciller democristiana anuncia una revisión de los planes nucleares alemanes. Un bandazo político en toda regla que los alemanes no entendían y veían con intereses electoralistas. Y es que el próximo fin de semana la canciller Merkel se enfrenta a un duro examen: las elecciones en un land, Baden- Württemberg, tradicionalmente democristiano, que viene repitiendo la coalición berlinesa desde el año 1953. A día de hoy socialistas y verdes podrían arrebatarle este land y dejar tocado de muerte al gobierno berlinés.

Si algo detestan los alemanes son los cálculos políticos de cara a unos resultados electorales, pero Merkel sigue a lo suyo y a su volantazo nuclear añade una decisión que ha dejado perpleja a la población alemana, preocupada ahora por la situación en que han quedado de cara a la ONU. La semana pasada, su ministro de Asuntos Exteriores, Guido Westerwelle se abstuvo de dar el sí a la operación militar conjunta en Libia. Algunos medios alemanes aseguran que iba a votar en contra, pero la canciller le obligó a un voto de neutralidad. Este hecho ya no fue visto con buenos ojos por los aliados en la Unión Europea y en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, del que Alemania es miembro no permanente hasta el año 2012. Este acto hasta el miércoles podía interpretarse como una actitud antibeligerante, pero Merkel decidió en la última sesión parlamentaria compensar su decisión de no participar en Libia con el envío de 300 soldados a Afganistán para contentar a la OTAN.

Los bandazos políticos de Merkel no son bien recibidos dentro de Alemania, donde consideran que ha intentado contentar a los aliados. Incluso dentro de sus filas hay quienes dudan de la eficacia política de las decisiones de última hora sin saber para qué ni porqué.
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