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El 7 de enero de 2010

Tiempo de lectura: 03:13
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El descontento afgano

La nueva estrategia para Afganistán, ideada por la Administración Obama, no cambia la percepción que los ciudadanos afganos tienen de las incursiones extranjeras en su territorio.

Redacción

El pasado mes de diciembre, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunciaba la estrategia que durante los próximos meses seguirá su gobierno en Afganistán. Este nuevo plan supone el envío de 30.000 soldados adicionales y el comienzo de un repliegue de las fuerzas militares estadounidense para julio de 2011.


La nueva estrategia de Estados Unidos se ha visto rápidamente complementada por la comunidad internacional con el apoyo de la OTAN, quien días después anunció el envío de 7.000 soldados más como refuerzo para el año 2010. Otros países, como Reino Unido, también han mostrado su respaldo a la estrategia Obama en Afganistán, anunciando el envío de 500 nuevos soldados al país centroasiático.


Sin embargo, esta decisión no ha contado con un apoyo unánime en el ámbito internacional. Uno de las críticas a esta estrategia proviene del representante especial de Naciones Unidas para Afganistán, Kai Eide, quien lamenta que para la comunidad internacional haya prevalecido el enfoque militar sobre el político durante los últimos nueve años de conflicto en Afganistán.


Durante su última intervención en el Consejo de Seguridad antes de concluir su mandato en marzo, Eide ha advertido sobre la tendencia de los actores extranjeros en el país de diseñar estrategias, tomar decisiones y actuar en formas que los afganos perciben como irrespetuosas y arrogantes. “Los afganos sienten a veces que su país es tratado como una tierra de nadie, como si no fueran un Estado soberano. Esta percepción alimenta sospechas de una interferencia extranjera inaceptable y humillante. Enfatizo con más fuerza que nunca la necesidad de que se ponga fin a este fenómeno”, aseguró el portavoz de Naciones Unidas.


Según Eide, la muerte de civiles, los registros de las casas y las políticas de detención que realizan algunas fuerzas militares, no hacen otra cosa que alentar más el reclutamiento de los insurgentes.“El aumento de la presencia militar internacional hará este reto mucho más complejo”, ha declarado.


Más comprensivo ante la intervención militar extranjera se ha mostrado el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon,
quien, durante un discurso ante el Consejo de Seguridad, ha recordado que si bien la asistencia externa puede ser útil, son los afganos los que deben liderar el camino con un buen gobierno que combata la corrupción y consolide las instituciones nacionales. “Es claro que hacen falta mayores y más efectivos esfuerzos civiles, y esto requerirá una mejor coordinación internacional”, dijo.


Según el secretario general, el principal problema para la estabilización de Afganistán no es la falta de estructuras o recursos sino la inexistencia de una voluntad política sólida por parte de los países donantes y de las autoridades locales.


Otras soluciones


Sin embargo, poner fin a la situación que vive Afganistán, y así terminar con el descontento de los ciudadanos afganos,  no es algo que se pueda realizar únicamente a través del intervencionismo militar extranjero. Para el representante de la ONU para Afganistán, el éxito a largo plazo de la asociación de la comunidad internacional con el país dependerá del mejor entendimiento que se tenga de una sociedad que si bien necesita ayuda, también exige respeto.


Eide ha destacado que la comunidad internacional debe desmilitarizar la estrategia de asistencia a Afganistán y adoptar un enfoque político y humanitario para ayudar a estabilizar el país. El mayor error de la actual estrategia, según Eide, es que se han relegado los componentes políticos y civiles a simples apéndices de un esquema militar, en vez de ser el centro de la estrategia para Afganistán.


El representante para Afganistán ha señalado que uno de los principales objetivos del envío de tropas internacionales adicionales es, según los países implicados,  impulsar la capacidad militar de las fuerzas armadas afganas, aunque, sin embargo, Eide se muestra escéptico ante la medida pues cree que un incremento de las fuerzas militares no logrará compromisos en las arenas política, civil e humanitaria.

Es muy difícil que la percepción que los afganos y afganas tienen sobre las fuerzas extranjeras cambie con el envío de más efectivos, por ello, la solución según Eide se encuentra en manos del gobierno de Hamid Karzai. El Ejecutivo afgano “debe iniciar lo más pronto posible un proceso de paz basado en compromisos que incluya a los grupos insurgentes ya que esto daría lugar al retiro gradual de las tropas internacionales”.

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