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El 4 de agosto de 2009

Tiempo de lectura: 02:15
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De Reino Unido a Turquía con la insulina a cuestas

Tener diabetes no impide que las personas disfruten de la vida y hagan todo lo que hacían antes de ser diagnosticados. Eso debió pensar Paul Farrelly, un deportista británico con diabetes tipo 1, cuando decidió emprender su particular desafío: cruzar toda Europa en bicicleta.

Redacción

Con el apoyo de Bayer HealthCare, un mapa de carreteras, una brújula y cientos de kilómetros por delante, Paul se subió a su bicicleta en Portsmouth (Reino Unido), y un mes después llegó a Estambul (Turquía), con 3.200 kilómetros en sus piernas y muchas historias en su mochila.

Esta aventura no está al alcance de cualquiera y Paul, de 52 años, contaba además con una dificultad añadida: la necesidad de controlarse varias veces al día sus niveles de glucosa en sangre, ya que en el año 2000 le diagnosticaron diabetes tipo 1. A pesar de ello, recorrió una media diaria de 120 km.

“Mi ruta cambiaba cada día, debido al tiempo o el estado de las carreteras, y a menudo tuve que parar para preguntar la dirección correcta”, comentó. Pero no todos los consejos le resultaron útiles: “en Bélgica, un policía me señaló una dirección equivocada y tuve que atravesar todo el centro de Bruselas para reunirme con una delegación de Bayer HealthCare”, explicó sonriente. “En otra ocasión, en Rumanía, no calculé bien el tamaño del país y tuve que coger el tren o el taxi algunos días, para llegar a tiempo a Estambul”, añadió.

Además de las circunstancias externas como colinas empinadas, malas condiciones meteorológicas, algún pinchazo en las ruedas o quedarse sin alojamiento en un hotel, Paul también sufría el desgaste físico, pero encontró la manera de solucionarlo: “decidí escuchar a mi cuerpo, si tenía que tomarme un día de descanso, lo hacía. Además, gracias a mi medidor de tiras integradas Breeze 2, pude controlarme los niveles de azúcar en sangre con regularidad para mantenerlos constantes”. El medidor con autocodificación de Bayer HealthCare y el apoyo continuo del equipo médico le permitieron completar su viaje.

Sin embargo, todos estos obstáculos rápidamente quedaron eclipsados por los hermosos paisajes y las singularidades de cada país que Paul atravesaba, y todo este esfuerzo se ha convertido en una experiencia muy enriquecedora: “Europa tiene muchas caras muy diferentes pero muy interesantes; sólo los cambios en las señales de tráfico me indicaban que había entrado en otro país”.

Cuando llegó a Turquía, Paul sintió que había completado su hazaña: “recorrí 3.200 km en 12 países diferentes y en 31 días”, indicó, y añadió que no finalizó la carrera en solitario. En la frontera búlgaro-turca fue recibido por un grupo de ciclistas de la Federación Turca de Ciclismo, que recorrió con él la última etapa. Cuando cruzaron el estrecho del Bósforo, unas 100 personas, entre ellas varios fotógrafos y algunas televisiones internacionales, lo estaban esperando. “Todo el mundo estaba saludándome y había un escenario con una rampa para mi bici. ¡Parecía el Tour de Francia!”, explicó Paul. “Con este reto, quería demostrar que las personas con diabetes pueden llevar una vida normal y conseguir sus metas aunque tengan una enfermedad crónica”, concluyó.

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