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El 22 de julio de 2009

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“Ser danzador de Anguiano es un auténtico orgullo”

Se celebra la festividad de Santa María Magdalena, una fecha en la que los ocho danzadores de Anguiano sacan sus mejores galas y, subidos en sus zancos, bajan la cuesta más empedrada del pueblo.

Redacción

Javier Alonso, conocido en Anguiano con el sobrenombre de “Pacha”, cumple este año once primaveras como Danzador. El orgullo de ser protagonista de estas fiestas se nota en su voz cuando, momentos antes del gran acontecimiento, habla de su larga experiencia como uno de los mozos que lleva a delante esta antiquísima tradición.

Javi, cuéntame, ¿cuántos años llevas danzando?
Pues yo llevo danzando ya 11 años.

¿Son muchos o pocos para un danzador?
Pues ya está bien. Entre 10 y 11 años es más o menos lo que suele estar la gente.

¿Cómo y por qué decides ser danzador?
Bueno, ya desde pequeño veía a mis tíos danzar y la verdad es que te entran ganas de hacerlo a ti también. Me llamaba mucho la atención verlos y decidí que yo también quería ser uno de ellos. Tanto para mí como para toda mi familia es un orgullo ser danzador.

¿Los danzadores tienen que ser de Anguiano o pueden ser de otros lugares y pasar el verano en el pueblo, por ejemplo?
Tienes que ser de Anguiano o tener familia directa que sea de aquí. Por ejemplo, mi madre es de Anguiano y por eso yo puedo ser danzador, aunque durante todo el año vivo en Logroño. Pero  alguien que se compre una casa en Anguiano ahora pero sea de fuera o que sólo venga al pueblo para veranear no puede ser danzador. Tienes que tener raíces del pueblo.

¿Cuál es la fiesta que recuerdas con más cariño? ¿Quizás la primera vez que danzaste?
La verdad es que cada fiesta es única. Todas las recuerdo con cariño porque son únicas y especiales. La primera como danzador fue muy bonita, pero en general todas ellas. A pesar de que es el mismo espectáculo, hay que vivir todas las danzas porque son únicas.

¿Cuál es el momento de la danza que más emoción te produce?
Bueno, yo creo que desde que empiezas a escuchar las primeras notas de la melodía que te acompaña durante la cuesta ya sientes emoción. Esos momentos con los zancos ya puestos, que no puedes dejar de moverte, y empieza a sonar la música. Las primeras notas de la melodía nos encogen a todos el corazón, sobre todo con el baile que hacemos en la Iglesia, antes de bajar las escaleras.

¿Cómo vive un danzador los momentos previos y posteriores a la bajada de la cuesta?
Pues con nervios. Mientras estás en “la obra” vistiéndote, estás bromeando con los compañeros, pero con la tensión del momento. Bueno, la mañana de un danzador es dura, nosotros nos levantamos, nos vestimos y hacemos el pasacalles, después nos vamos a almorzar, después vamos a la procesión con la Santa, después a misa y un poco antes de que termine salimos ya a vestirnos. Una vez que te has puesto los zancos no puedes dejar de moverte, y ya se hace el baile en la puerta de la iglesia, bajamos las escaleras y el momento grande es la bajada de la cuesta.

¿Quiénes son las personas que os visten antes de bajar la cuesta?
Son antiguos danzadores y gente de la organización. Algunos son familiares, otros conocidos... pero siempre gente de confianza.

¿Cuál es el momento más complicado una vez que te has puesto los zancos?
Lo más complicado es estar sobre los zancos, porque no puedes dejar de moverte. A parte de esto, lo más complicado quizás es la cuesta. En la procesión, por ejemplo, nos cansamos mucho, porque tienes que ir con la santa y tienes que bailar en distintos puntos del pueblo, entonces terminas cansado por el esfuerzo que supone, pero realmente no es complicado, sólo tienes que procurar no estar quieto, estar moviéndote.

¿Has sufrido alguna vez alguna lesión danzando?
No, bueno, algún golpe en una muñeca, pero nada grave, la verdad. En realidad no es tan peligroso como se piensa, nosotros no lo vemos así. Además, la gente en cuanto ve que te vas a caer sale a cogerte, y te salvan muchas veces de darte un buen golpe.

La gente, ¿os ayuda o muchas veces dificulta la bajada?
Hombre, te ayuda porque si te vas a caer corre a cogerte, pero en días en los que hay mucha aglomeración no te dejan bailar bien. Date cuenta que lo que nos hace mantener el equilibrio es la falda al girar, que se abre, si la falda choca con la gente no podemos bajar bien porque nos desequilibramos. Entonces, cuando hay mucha gente que está en la cuesta es más complicado danzar bien.

¿Ensayáis antes de danzar?
No. Lo único que se ensaya son los bailes que después hacemos en la plaza con los palos, los “Troqueaos”. Esos sí que se ensayan, pero los zancos te los pones de unas fiestas a otras, sin ensayar ni nada.

Y, ¿qué tal se baila en la nueva cuesta?
Bueno, yo bailo bien, pero me gustaba más la otra. Son diferentes, pero la antigua, la de siempre, la tradicional, era mucho más espectacular para los turistas que venían al pueblo. Porque la de antes estaba hecha con piedras muy irregulares, que sobresalían mucho y dificultaban bastante a la gente subir por ella, por lo que se hacía aún más incomprensible que nosotros pudiésemos bajar por ahí con los zancos. La de ahora es más una calle normal, pasa más desapercibida al turista, le ha quitado esa parte de encanto que tenía y que hacía llevarse las manos a la cabeza a más de uno después de ver por dónde teníamos que bajar, una calle por la que ni ellos mismos eran capaces de caminar sin tropezarse. Danzar, danzo bien en las dos, pero prefiero la anterior.

En cuanto a los “Troqueaos”, ¿cuántas canciones se bailan?
Pues tenemos ocho melodías, antes eran muchas más pero se han ido perdiendo. En la plaza del Ayuntamiento hacemos cuatro o cinco una vez que nos quitamos los zancos. Y después, en determinados puntos del pueblo, hacemos una parada y bailamos otras.

¿Cómo se lleva la fiesta nocturna con la obligación de danzar por la mañana?
Bueno, pues se lleva, aunque cada vez es más difícil. Cuando empecé a danzar, con 17 años, se llevaba mejor, pero ahora el cuerpo te pasa factura. Este es uno de los motivos por los que creo que debo dejar paso a las nuevas generaciones. La noche va haciendo mella. Pero claro, las fiestas son para disfrutarlas, de día y de noche, así que hay que estar en todo.

Os han llamado bailarines, danzantes...
Sí, y hasta zancudos, pero nosotros somos DANZADORES, este es nuestro verdadero nombre y por el que nos gustaría que nos conociesen todos.

Que te conozcan como danzador de Anguiano es todo un orgullo, ¿no?
Sí, la verdad es que es muy bonito que te conozcan así. A mí me enorgullece ser danzador de Anguiano, es el mayor honor del que puede disfrutar alguien del pueblo. La gente de Anguiano nos aprecia un montón, nos tratan muy bien. En los bares, cuando entramos después de la danza, ya nos tienen la bebida preparada y fresquita para cuando llegamos.

¿Has pensado en retirarte o todavía te queda tiempo como danzador?
Sí, claro que lo he pensado, va siendo tiempo de dejar a los que vienen nuevos, pero de momento este año danzaré en las fiestas de La Magdalena y en las de septiembre, en las de Gracias, también.

¿Qué le dirías a los turistas para promocionar esta danza tan peculiar?
Que vengan a vernos porque es una danza única en el mundo, en ningún otro lugar se danza con zancos por una cuesta, y que se lo van a pasar en grande porque esta es una fiesta que hay que vivir desde dentro.
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