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Violencia de Género Gobierno
El 23 de febrero de 2009

Tiempo de lectura: 07:16
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23F: "Sólo pensaba en si sería capaz de disparar"

El riojano Alberto Sáenz vivió el golpe de estado dentro de uno de los tanques que, preparados para atacar, estaban en el cuartel de Madrid. Por otra parte, el diputado Ángel de Jaime Baró cuenta la rabia e impotencia que vivió desde uno de los escaños del Congreso. Este es el relato de ese día crucial para la historia de España.

Redacción

Aquel 23 de febrero de 1981 comenzó como un día cualquiera en el cuartel madrileño de Infantería Mecanizada de 'El Wad Rass', situado en la M-30. Lo único que podría hacer sospechar a los soldados que algo se estaba fraguando fuera era que las líneas telefónicas estaban saturadas, no había forma de comunicarse con el exterior. Entre los 450 soldados que cumplían su servicio militar en el cuartel se encontraba Alberto Sáenz, un joven riojano que intentaba por todos los medios ponerse en contacto con su novia, que ese día cumplía su mayoría de edad.

A eso de las cinco y media de la tarde el revuelo comenzó dentro del cuartel. Los altos cargos desaparecieron y se fueron a refugiar a sus casetas y el Cabo Primera dio la orden: “todos a los carros de combate, preparados para salir”.

Nadie sabía lo que estaba sucediendo fuera de las paredes del cuartel pero, presurosos, los soldados se enfundaron sus uniformes y tomaron posiciones. “Nadie nos decía qué pasaba fuera, sólo teníamos aviso de estar preparados para actuar en cualquier momento”, recuerda Alberto, “no nos movimos de los tanques desde las seis de la tarde hasta las diez de la noche, cuando nos mandaron irnos a dormir”.

Esperando órdenes pasaron toda la tarde, con la tensión de estar incomunicados dentro de aquel cuartel y de no saber a qué se podían enfrentar si tuviesen que salir, nadie les había dicho que el general Tejero había dado un golpe de estado. “Nosotros no nos enteramos de que era un golpe de estado hasta el día siguiente, cuando ya había pasado todo, no había radios ni televisiones que nos informasen de lo que estaba ocurriendo”, recuerda Alberto en un esfuerzo por rememorar aquel día de la historia de España.

“Nos reunieron a los 450 soldados en el patio, y todos, cargados con metralletas, estuvimos esperando órdenes. No se oía ni una mosca, no sabíamos lo que pasaba pero la tensión se podía cortar entre nosotros. Teníamos preparados diez carros de combate, con cinco personas en cada uno de ellos. Yo iba dentro del tanque, era el cargador de munición”, comenta Alberto mientras su mujer, aquel día novia, recuerda los momentos de nerviosismo que vivió al no saber por qué no la llamaba para felicitarle el cumpleaños: “estaba muy enfadada, me pasé todo el día delante del teléfono esperando una llamada. Cuando consiguió ponerse en contacto conmigo eran ya casi las doce de la noche, no me imaginaba que algo así podría estar pasando porque aunque por la radio estaban informando de lo que ocurría jamás hubiese pensado que él podría haber tenido que intervenir”.

En el cuartel nadie daba explicaciones del por qué de la alarma causada. “Entre nosotros comentábamos lo que estaría sucediendo fuera, se nos ocurrieron mil cosas, estuvimos toda la noche en vilo porque aunque nos mandaron a dormir nadie pudo pegar ojo después de lo que había pasado”. Sería el 24 de febrero cuando se enteraron de que un golpe de estado había amenazado la democracia española, aunque a día de hoy todavía desconoce qué bando estaba detrás de la orden que los obligó a permanecer encerrados en los tanques, preparados para atacar. 

LA HISTORIA DESDE DENTRO DEL CONGRESO

El riojano Ángel de Jaime Baró supo de primera mano lo que ocurrió en el Congreso el 23F.

Sentado en uno de los escaños fue testigo de la entrada de Tejero anunciando a voz en grito que todos estuviesen quietos porque se trataba de un golpe de estado. “En un primer momento nos quedamos estupefactos por lo que estaba ocurriendo, después me invadió una sensación de rabia e impotencia. De rabia porque se estaba intentando destruir algo que habían construido todos los españoles, y de impotencia porque estábamos allí sentados y no podíamos hacer nada para impedir lo que estaba sucediendo”, rememora Ángel en su intento por acercanos a la historia. “El primer momento, cuando entraron disparando, cuando intentaron tirar al suelo a Gutiérrez Mellado, fue muy tenso, pero después el tema se fue tranquilizando. Al principio nos trataron con mucha dureza, pero a medida que pasaban las horas esa dureza fue desapareciendo”, hasta que a primera hora de la mañana Tejero se rindió y todos pudieron abandonar el lugar en el que habían pasado uno de los momentos más duros de sus vidas.

Los ánimos de los asaltantes fueron decayendo a medida que el tiempo pasaba y que el apodado 'Elefante blanco' no llegaba, “en un principio nos hablaban de un militar que iba a venir a hablar al Congreso, que iba a tomar el mando, pero al final no vino y todo se fue descomponiendo. Muchos guardias civiles habían ido al Congreso engañados, no sabían qué hacían allí, ellos mismos nos lo decían cuando nos acompañaban para ir al servicio. Yo creo que el tema se fue tranquilizando cuando, con la radio que se decía que había escondida, se fue sabiendo el tema del Rey, y de boca en boca fue corriendo el rumor”.

Una noche de tensión que más de veinticinco años después pueden conocer todos los españoles gracias a la grabación que el operario de RTVE logró realizar engañando a los asaltantes y que trae a la memoria de todos, los que estuvieron y los que no, los momentos que se vivieron, “me trae muchos recuerdos ver las imágenes, todavía señalamos dónde estábamos sentados. Me produce gran satisfacción recordarlo porque veo que no consiguieron su propósito y que la democracia sobrevivió”.

Lo primero que hice cuando salí fue llamar a la que hoy es mi mujer. Después cogí el coche y viene para Logroño, más que nada para tranquilizar a la familia. Pero fue venir y regresar otra vez a Madrid porque había que terminar la segunda parte de la sesión”, el ritmo de España no podía detenerse por un golpe de estado fallido y la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo tenía que hacerse efectiva.

LA HISTORIA
La democracia española tembló el 23 de febrero de 1981.

En el Congreso de los Diputados había comenzado a las seis en punto la sesión de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como Presidente del Gobierno de España. Pocos minutos después de empezar la votación nominal, cuando Juan Manuel Núñez Encabo iba a emitir su voto, un grupo de guardias civiles, armados con metralletas, irrumpieron en la sala dirigidos por el coronel Antonio Tejero. Y a la voz de “¡Quieto todo el mundo!”, el salón enmudeció.

La tensión se adueñó entonces de todos los que permanecían en el Congreso. El general Gutiérrez Mellado se levantó e increpó a Tejero pidiéndole que abandonasen las armas, a lo que éste último respondió con un disparo seguido de otros muchos provenientes de los subfusiles de los demás asaltantes acompañados de la frase “¡al suelo!” que incansablemente gritaba a los diputados.

No sería hasta el día siguiente cuando Tejero, sometido a la rendición, dejase salir primero a las mujeres y después a los hombres que formaban el Congreso.

Casi al mismo tiempo que Antonio Tejero asaltaba el Congreso, el Capitán General de la III Región Militar, Jaime Milans del Bosch, sacó los carros de combate a las calles valencianas, situándolos frente a los edificios institucionales y apuntando hacia ellos, y declaró el toque de queda en la ciudad. En aquella fatídica noche de la historia española tan sólo poblaban las calles de Valencia los tanques militares y las compañías del ejército.

La reacción de don Juan Carlos, Rey de España, no se hizo esperar. Sobre la una de la madrugada apareció ante las cámaras de RTVE vistiendo su uniforme de Capitán General de los Ejércitos. En su discurso llamó al orden a las Fuerzas Armadas y defendió por encima de todo la Constitución española y la democracia. Después de la comparecencia del Rey en televisión el golpe de estado se consideró fracasado, aunque Tejero todavía resistiría unas horas más dentro del Congreso.

El día 24 de febrero todos los españoles pudieron ser testigos de las imágenes que recogían los momentos más tensos del fallido golpe de estado. Gracias a un operador de RTVE todavía hoy se pueden visionar los casi treinta minutos de vídeo que existen como testimonio histórico del acontecimiento. Engañando a los asaltantes, pudo grabar mucho más de lo que le hubiesen permitido, aunque esas imágenes no pudieron ver la luz ni ser mostradas a los españoles hasta después de que Tejero se sometiese a la rendición.

La noche del 23 de febrero muchos siguieron las voces de la Cadena SER, aunque otros tantos tuvieron que esperar al día siguiente para descubrir que la democracia española había pasado por uno de sus momentos más difíciles.

Tejero
fue condenado a 30 años de cárcel y a la pérdida de empleo. Cumplió la primera parte de la condena en Alcalá de Henares. En 1983 fue trasladado a la prisión de Castillo de San Fernando, en Figueras, y posteriormente, en 1991, llevado de nuevo a Alcalá de Henares con la excusa de estar más cerca de sus familiares. El 3 de septiembre de 1993 se le concedió el régimen abierto, con el derecho a salir de la cárcel los fines de semana y a disfrutar de permisos de siete días.

Otro de los protagonistas del golpe de estado, Jaime Milans del Bosch, fue procesado y condenado a 26 años y 8 meses de prisión, además de ser expulsado del ejército. Salió de la cárcel en 1991, con 75 años, y todavía apoyando las ideas que le movieron a actuar aquel 23 de febrero de 1981.

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