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El 6 de septiembre de 2008

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 John McCain se compromete a cambiar EE.UU. si es elegido presidente

Con sus discursos, McCain ganó la 'guerra' de las audiencias en la Convención Republicana que registró 38,9 millones de espectadores.  

Europa Press


Durante la 39 Convención Nacional Republicana, que finalizó ayer en Saint Paul (Minnesota), McCain quiso "advertir" a la "pandilla de Washington", con su forma de gobernar "a la antigua, con gran gasto, sin hacer nada, pensando en mí primero y después el país", dijo, de que "el cambio se acerca".

 

 

El candidato quiso arrebatar a su rival demócrata, Barack Obama, la exclusividad de la imagen del cambio y esgrimió su experiencia en Washington, donde dijo haber trabajado "muchas veces por unir a miembros de los dos partidos para solucionar problemas que necesitaban soluciones". "Y eso es lo que haré como presidente. Tenderé mi mano a todo aquel que me ayude a volver a hacer avanzar este país. Tengo el historial y las cicatrices que lo prueban, y el senador Obama no", aseveró.

 

 

Aun así, tuvo palabras de reconocimiento para Obama, del que dijo que tiene su "respeto y admiración". "Son mas cosas las que nos unen que las que nos separan" y "yo no sería merecedor de llamarme americano si no reconociera el honor del senador Obama y los suyos por su logro", afirmó.

 

McCain se comprometió a tratar de superar el "constante rencor partidista" del que está impregnada, en su opinión, la élite de Washington, y que es lo que no le permite "resolver los problemas", y advirtió que se trata "no de una causa, sino de un síntoma".

 

"Es lo que ocurre cuando la gente va a Washington a trabajar para sí mismo y no para vosotros", le dijo a los miles de republicanos que le aplaudieron a rabiar desde las gradas del Xcel Energy Center.

 

Pese a su apuesta por un cambio, McCain quiso iniciar su discurso agradeciendo el trabajo "del presidente, por liderarnos en los oscuros días que siguieron al peor de los ataques perpetrados en tierra americana en la historia", en referencia a George W.Bush, que no estaba presente en Saint Paul.

 

"CAMBIAR LA FORMA DE ACTUAR DEL GOBIERNO"

Sin embargo, aseguró que "hay que cambiar la forma en que el gobierno lo hace casi todo, desde la forma en que protege nuestra seguridad hasta la forma en que compite en la economía mundial; desde la forma en que responde a los desastres hasta la forma en que educa a nuestros hijos".

 

En este cambio, destacó también el protagonismo de su compañera en la carrera a las elecciones, la candidata a la vicepresidencia y gobernadora de Alaska, Sarah Palin, asegurando "no poder esperar" por verla llegar a Washington.

 

Destacó la labor de Palin en Alaska, donde "ha abordado importantes problemas como la independencia energética y la corrupción". "Ella sabe de dónde viene y para quién trabaja. Ella se alza para defender lo correcto y no le deja a nadie que le diga que se siente", aseguró.

 

McCain repasó su propia "lucha contra la corrupción" tanto entre republicanos como entre demócratas y contra los "lobbys que les robaban a las tribus indias, a los tratos deshonestos en el Pentágono y a las tabacaleras", entre otros. "Luché por la correcta estrategia de enviar más tropas a Irak, cuando no era una medida popular", añadió.

 

El candidato echó mano de su veteranía militar para presentarse como "luchador" en muchos otros campos, en la vida y en la política, y emocionó al auditorio pidiéndoles: "¡Luchad conmigo!". La ovación de la multitud tapó incluso las últimas palabras de McCain, en que se comprometía a luchar por los ciudadanos americanos otra vez desde la presidencia.

 

"Nos enfrentamos a muchas amenazas, pero no les tengo miedo, estoy preparado para ella. Yo se como funciona el ejercito, lo que puede hacer, lo que puede hacer mejor y lo que no puede hacer", remarcó.

 

McCain recordó también su experiencia en un campo de prisioneros vietnamita y dijo que fue recluido en esa prisión cuando "se enamoró" de Estados Unidos y comprendió que "no es sólo un lugar, sino una idea por la que merece la pena luchar". "Nunca volví a ser el mismo. Nunca volví a pertenecer a mí mismo, sino a mi país", arengó.

 

UN "INCONFORMISTA" EN EL PARTIDO

Recogiendo el calificativo que se le otorga desde muchos sectores, como "inconformista", McCain dijo entender su definición como "alguien que entiende para quién trabaja". "Yo no trabajo para un partido, no trabajo para intereses particulares, no trabajo para mí, trabajo para vosotros", arengó.

 

También se comprometió a "restaurar el orgullo y los principios del partido" republicano. "Fuimos elegidos para cambiar Washington y dejamos que Washington nos cambiara", dijo, algo que se comprometió a reformar.

 

"Yo mantendré los impuestos bajos y los rebajaré más cuando pueda, mi oponente los aumentara. Yo abriré mercados a nuestros bienes y servicios, mi oponente los cerrará. Yo reduciré el gasto del Gobierno, él lo aumentará", resumió para contrastar sus propuestas con las de Obama, al que atacó también por otras propuestas en materia de educación, energía y economía.

 

También trató temas de política internacional, y aseguró que como presidente establecería "buenas relaciones con Rusia para que no haya que temer una nueva Guerra Fría", pero sin mirar hacia otro lado frente a "una agresión" a Georgia que "amenaza la paz y estabilidad del mundo y la seguridad de los americanos".

 

Aunque un solitario protestante pudo colarse en la sala con una pancarta que denunciaba que "McCain votó contra las investigaciones" sobre la actuación militar en Irak, la multitud republicana fue la única que interrumpió varias veces el discurso de McCain con aplausos y gritos de "USA" y "presidente". El mismo McCain respondió a los gritos del manifestante pidiendo a la audiencia que no hiciera caso "del ruido".

 

"HOMBRE DE CRITERIO Y CARÁCTER", SEGÚN SU ESPOSA

La esposa de McCain, Cindy McCain, fue la encargada de presentar a su marido, quien definió a su marido como "un hombre de criterio y de carácter". "Vamos a necesitar a alguien de inusual fuerza y carácter, alguien como mi esposo, para guiarnos a través de las corrientes y los arrecifes que se nos presentan delante". "Conozco a John, podéis confiarle el volante", añadió.

 

La postulante a Primera Dama, que subió al escenario acompañada de los siete hijos de su esposo, incluida la niña de 17 años adoptada en Bangladesh, presentó a su esposo como alguien "que nunca ha vacilado en su devoción por el país" y, para resaltar su independencia, dijo que es alguien que "ha servido a Washington sin formar parte nunca de Washington" y "que siempre dice la verdad, sin importar lo que le cueste".

 

La sala principal del Xcel Energy Center se convirtió en una multitudinaria fiesta, más repleta que ningún día de un público que no dudó en echarse a bailar con cada una de las canciones que amenizaban los momentos vacíos entre discursos.

 

Además un emotivo vídeo que repasó la labor de Cindy McCain como voluntaria en campos de refugiados en Bangladesh, Corea y otros países, que precedió el discurso de la aspirante a Primera Dama, otro vídeo repasó repasó la biografía del propio McCain, antes de su discurso, y especialmente sus años en Vietnam, que --según la multitud de pancartas que se podían ver en la convención-- lo convierten en "un héroe americano".

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