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El 15 de julio de 2008

Tiempo de lectura: 02:11
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Temporada de gastroenteritis

La diarrea del viajero se caracteriza por la presencia de diarrea aguda en personas que viajan a otros países y que la presentan durante la visita o poco después de haber vuelto del viaje.

Redacción

Disfrutar de las vacaciones fuera de casa sin sufrir “percances” es posible siguiendo unas sencillas pautas higiénico-dietéticas en el país de destino, sobre todo en muchas zonas de Sudamérica, Asia y África donde las condiciones sanitarias son deficientes y la infección por consumo de agua es elevada. Vicente Estrada, responsable de la Unidad de Enfermedades Infecciosas de la Cínica La Luz explica que “siempre antes de iniciar un viaje de estas características debemos conocer de antemano nuestro estado de salud, estudiar el riesgo de adquirir enfermedades infecciosas en el país o zona que se visite y buscar asesoramiento profesional para recomendaciones de prolifaxis y vacunaciones”.

Una vez en el lugar de destino, todas las precauciones son pocas a fin de evitar contraer la diarrea del viajero, la enfermedad más común y principal motivo de consulta por causa de problemas de salud del viaje o derivados del mismo. Por lo general, se trata de cuadros clínicos sin demasiada relevancia que en 4 ó 5 días desaparecen por su cuenta. No obstante, el doctor Estrada advierte de que “ante la presencia de un cuadro de diarrea severo y, especialmente, si se acompaña de vómitos, siempre es necesario acudir a un servicio de urgencias. Mientras que en los casos de fiebre, sólo es signo de alarma cuando este síntoma se mantiene durante varios días”.

PREVENCIÓN

La prevención se basa fundamentalmente en seguir estrictamente las medidas higiénicas elementales y evitar la ingesta de alimentos y bebidas con riesgo de contaminación. Por ello, los expertos recomiendan abstenerse del consumo de consumo de vegetales frescos, frutas, carnes, pescados y mariscos, sobre todo crudos, que se han mantenido sin refrigeración durante algunas horas, alimentos poco cocidos y alimentos comprados a vendedores ambulantes. Asimismo, el viajero debe evitar consumir agua del grifo y optar por lo seguro: agua embotellada, bebidas calientes (té o café) y bebidas carbonadas (refrescos) “siempre sin hielo, salvo que sepamos que ha sido elaborado a base de agua embotellada”, puntualiza este experto.

Y es que nuestros cuerpos occidentales, tan acostumbrados a las múltiples medidas higiénicas que nos rodean, no siempre saben cómo responder ante la “supuesta” amenaza de ciertos patógenos. “Vivimos ausentes de microorganismos a nuestro alrededor. Esto produce que cuando nos vemos expuestos a ambientes en los que conviven otros seres vivos ajenos a nuestro entorno, nuestro sistema inmune no tenga armas de defensa y enferme”, explica.

En estos casos, lo importante es compensar la pérdida de líquidos a base de dieta líquida durante 12-24 horas. “El peligro de deshidratación es alto, por ello es recomendable ingerir de 2 a 3 litros al día de limonada alcalina (o suero oral). Los niños, los ancianos y personas con enfermedades graves se deshidratan con más facilidad, por ello conviene extremar las precauciones y administrar soluciones para rehidratación”. Por último, el experto recuerda que, a fin de disfrutar de nuestro viaje, “siempre nos debe acompañar un botiquín que contenga suero oral, ciertas medicinas, que pueden escasear en los países que visitemos, así como repelentes o lociones antimosquitos que nos eviten sus temidas picaduras”.

 

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