Rioja2

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El 26 de junio de 2008

Tiempo de lectura: 03:09
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Alemania, en el último suspiro

El equipo germano certifica su pase a la final tras marcar el gol de la victoria frente a Turquía en el último minuto.

Europa Press

Alemania se convirtió en el primer finalista de la Eurocopa de Austria y Suiza tras batir a Turquía por un agónico 3-2, en un partido atípico, donde los otomanos pusieron la intención y Alemania los goles.

Turquía llegaba a la cita con lo puesto. La plaga de bajas que asolan la plantilla de los turcos obligó a su seleccionador a disponer una alineación de circunstancias. Se esperaba un desfile alemán, pero los de Joachim Low se encontraron con el balón en los pies sin saber qué hacer.

Turquía tomó el relevo y sólo la contundencia en la respuesta germana evitó la gran sorpresa del campeonato. Si algo han demostrado los de Fatih Terim a lo largo de esta competición ha sido que hasta el pitido final nada está acabado. El gol de Senturc, aprovechando un fallo de marcaje, así lo demostró.

Una vez más, con Turquía de por medio, el encuentro parecía avocado a la prórroga. Sólo un gol de Lahm en el noventa, batiendo por alto a Rustu, hizo innecesario el tiempo añadido. Alemania jugó a medio gas, con poca intención y menos creatividad, pero supo responder cuando el partido lo exigía y lograron la recompensa.

TURQUÍA ROMPIÓ LOS ESQUEMAS
Los primeros minutos de partido vieron cómo el guión previsto se iba cumpliendo. Los de Fatih Terim comenzaron asumiendo su condición de inferioridad con respecto a los alemanes y concedían la iniciativa del partido al cuadro teutón y se encerraban en su campo, esperando ya una avalancha germana que aún no había comenzado.

Y es que los de Joachim Low pasaron muchos apuros para comenzar a construir su juego desde la defensa. Turquía permitía libertad de movimientos hasta el centro del campo, pero una vez traspasada la línea divisoria, no había jugador alemán que no tuviera detrás su correspondiente sombra turca.

Anulado el ataque alemán y casi por inercia, el equipo otomano empezó a animarse en busca de la portería. La agresividad ofensiva no entraban en la 'hoja de ruta' de los turcos, pero vistas las facilidades que concedía Alemania, hubiera resultado inexcusable rechazar la invitación.

De esta forma, Turquía sometía la portería teutona a un verdadero asedio, algo impensable antes del pitido inicial. Kazim Kazim daba el primer aviso de peligro, estrellando un zapatazo en el travesaño. A la segunda esta vez fue la vencida, y en la siguiente ocasión de gol se confirmó la sorpresa.

Ugur Boral recogió dentro del área pequeña el rechace de un nuevo balón al larguero y, con más suerte que acierto, batió a un Lehmann que en el encuentro de hoy se reencontró con su habitual inseguridad bajo palos y mantuvo en vilo a la retaguardia alemana.

ALEMANIA REACCIONA
Pero la sorpresa duró poco, y Alemania no tardó en dar el golpe sobre la mesa. En una demostración de efectividad y suficiencia, apenas cuatro minutos después de que Turquía inaugurara el luminoso, Schweinsteiger repuso la igualada, adelantándose a la defensa otomana y poniendo el balón lejos del alcance de Rustu con un exquisito remate con el exterior.

Fue la forma que tuvieron los de Joachim Low de hacer una llamada al orden, de recordar su pegada a un equipo, el turco, que se había desmelenado en ataque. Una respuesta contundente con la que Alemania daba la sensación de poder sentenciar en el momento en el que se lo propusiera.

Pero la realidad resultó ser otra. La euforia turca logró mantener la igualdad sobre el terreno de juego, y aún cuando las fuerzas abandonaron sus piernas, resistieron los envites de una Alemania que funcionaba a medio gas. El combinado germano tenía la pelota, pero reducía sus intentos a la frontal del área.

Necesitaron de un nuevo arreón turco para despertar de su letargo y poner intención a lo que sólo era pura inercia. Un centro desde la banda de Lahm y el despropósito de Rustu en la salida fueron la receta necesaria para poner en la cabeza de Klose lo que parecía ser el billete a la ansiada final.

Pero aún necesitarían de un último esfuerzo. El carácter peleón de Turquía y su especial idilio con la 'Zona Cesarini' obligó a los alemanes a posponer su clasificación, que no quedó certificada hasta que el tanto de Lahm.
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