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El 23 de abril de 2008

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“El poema que no se lee en voz alta está muerto”

Osías Stutman (Buenos Aires, 1933), médico, escritor y partícipe en las Jornadas de Poesía en Logroño, cree en la poesía como "algo extrañamente subversivo" e imprescindible en el mundo.

Redacción

Osías Stutman (Buenos Aires, 1933) inaugura esta tarde en la Casa de los Periodistas (20 horas) la presencia de autores latinoamericanos en las X Jornadas de Poesía en Español en Logroño. Stutman trae a la capital riojana el desconcierto de su literatura. Una forma de escribir “inclasificable”, según ha introducido Bruno Montané, encargado esta tarde de presentarle en su encuentro con los medios de comunicación.

Médico y escritor argentino nacionalizado estadounidense desde 1976, Stutman ha vivido una rara relación con la labor poética. No en vano, aunque comenzó a escribir poesía en la década de los 60, llegó a estar hasta 37 años sin publicar un verso. Dice que la dictadura de Ongania le obligó a salir de Argentina precipitadamente, “en apenas 48 horas”, para después establecerse en Estados Unidos. Allí ejerció como médico, viviendo primero en Minneapolis (1965-71) y en Nueva York hasta 1999, año en que se vino a España; concretamente a Barcelona, donde vive desde entonces. “Durante ese tiempo, sólo me dediqué a trabajar y mucho”, asegura.

En nuestro país, Osías Stutman recuperó de nuevo “el virus por la poesía”, como él le llama. “Me retiré de la medicina y cambié mi profesión por la de poeta 'full time'”, explica. La primera invitación al regreso literario le llegó de José Ramón Ripol, director de la Revista Atlántica, Los Sonetos (de Gombrowicz) donde publicó en 1999 un nuevo poema. Tras éste, llegarían-un guiño a un autor de prosa que odiaba la poesía-, 14 poemas en plaquette (Café Central, Barcelona 1977) y, por fin, su primer libro de poesía Los fragmentos personales (Olifante, Zaragoza, 1998). Con éste último ganaría el premio Anthropos de 2005, aunque la editorial no se lo publicaría finalmente. “En este negocio no sé ni pedir ni ofrecer”, bromeaba en Logroño Stutman,

Hijo de anarquista alemán, el argentino confiesa que siempre se ha guiado por un aforismo que le repetía constantemente su padre: “Yo no quiero que trabajes para ser un miserable”. Así que, según afirma, siempre se ha ganado la vida “usando la cabeza”. Ésa, de la que surgen sus nuevos libros, aún por publicar: La Vida Galante, Huesos de Jibia (Buenos Aires), que se presenta en mayo, y El Mar de Bohemia.

De lo que habla sobre su poesía, puede deducirse su afán por buscar al “lector cómplice” y una tendencia a la metafísica o metapoética: “La poesía, por el aura que tiene, te permite decir muchas más cosas que la prosa”. Por otro lado, está la forma, que ni siquiera en
Sonetos (de Gombrowicz) o en su último libro, 44 Cuartetas (Emboscall, Vic, 2008), se ciñe a la métrica tradicional: “Para mí la medida exacta de la poesía es la de la poesía hablada, la de la respiración; a veces normal, a veces anhelante”. "El poema que no se lee en voz alta está muerto", asevera.

Por último, y sobre todo ello, la obra de Stutman busca incidir en el lector-oyente, “que algo cambien en su vida, aunque sea ligeramente”. "La poesía es algo extrañamente subversivo; por eso no puedo concebir un mundo sin ella”, concluye.




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