Internet mató a la estrella del vídeo

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El cierre de Drugstore, ubicado en la calle Duques de Nájera de Logroño, la semana pasada no ha hecho sino confirmar la tendencia a la baja de un sector en crisis: los videoclubes. La capital riojana tampoco ha quedado al margen de una tendencia que, aunque comenzó a hacerse ya alarmante en el transcurso de 2006 y 2007, se ha agudizado en los primeros compases del 2008. Si en 2006, un informe de la Asociación Nacional de Empresarios Mayoristas del Sector Videográfico (ANEMSEVI) cifraba en 750 los establecimientos cerrados y en 1.800 los empleos perdidos en España, en 2007 esas cifras se habrían duplicado.

En Logroño, a la clausura -hace apenas unos meses- de negocios apenas estrenados como el de Videoclub El Cubo, en el barrio del mismo nombre, se han unido los cierres progresivos de un local en Gonzalo de Berceo, cajeros expendedores automáticos de películas en calles como República Argentina, un establecimiento en Avenida de Colón.... “Aún recuerdo que hace unos años llegamos a ser 48 los establecimientos abiertos”, afirma José Luis Illera, propietario de Azul Vídeo, en la Gran Vía logroñesa. Actualmente, y tras los últimos cierres de principios de este año, los establecimientos del sector en la capital riojana apenas superan la decena.

Veinticuatro años alquilando vídeos hacen de José Luis Illera el veterano del sector en la capital riojana. Nada más y nada menos que 50.000 socios figuran en sus archivos. Aunque muchos, según reconoce, ya no vienen. “La situación es penosa”, asegura. La piratería es masiva y, según acusa, ésta actúa con la “connivencia de la Administración”. No en vano, según el último informe dado a conocer por Anemsevi, sólo en 2006 se llegaron a descargar 132 millones de películas de forma ilegal. La cifra en 2007 podría haber superado los 200 millones.

EL CANON O LA ETERNA PROMESA

El canon digital tampoco servirá, a juicio de Illera, para frenar la crisis del sector, que cree definitiva. “No tiene remedio”, asevera. “Sólo hubo una posibilidad de ponerle solución, cuando se habló de obligar a los servidores a facilitar los datos de las páginas que actuaban de manera ilegal, pero quedó en nada”, afirma. El hecho de que se compartan archivos entre usuarios no le incomoda. “Lo entiendo y se ha hecho siempre”, asegura. “Lo que no comprendo es que se haga ilegalmente, con películas que llevan dos días en el cine”.

En términos aún más duros se expresa José Luis Omatos, dueño de Vídeo Boom en la calle Labradores, que pide un control más riguroso de las conductas delictivas. Reconducir una política “desacertada”, potenciar la eficacia policial y suplir el “vacío legal” existente respecto al intercambio de archivos concentran sus reivindicaciones. “Falta determinación para tipificar como delito aquello que lo es”, afirma. Su parecer respecto al canon digital, medida que califica de “meramente recaudatoria”, no es mucho más halagüeño. “Entre otras cosas porque lo recaudado apenas se redistribuye entre el sector del cine, al que le queda una exigua aportación”, asegura.

Por su parte, Juan Antonio Villanueva, responsable de Videoclub Arizona, en la calle Vara de Rey, se muestra también escéptico ante la entrada en vigor del canon digital. “Internet, la piratería, están hundiendo el sector y con él, también el negocio de las salas de cine, y la Administración no hace lo suficiente al respecto”, asegura este profesional con una docena de años de experiencia en el alquiler de películas en Logroño.

ADAPTARSE O MORIR

Diversificar el negocio puede ser una salida. “Es imposible sobrevivir sólo de películas; nosotros hace tiempo que nos dimos cuenta de ello”, insiste Juan Antonio Villanueva. “Antes, las películas eran el 100 por cien del negocio; hoy, el 70%”, argumenta. Videojuegos, golosinas, refrescos... Todo es válido para equilibrar las cuentas y mantenerse, a pesar de la crisis que azota a este tipo de establecimientos.

Adaptarse al nuevo perfil del cliente también será necesario. A juicio de José Luis Omatos, la piratería avanza paralela a la generalización de la banda ancha en los hogares, conquistando fundamentalmente a los más jóvenes. Mientras, antes, gentes de todas las edades alquilaban películas, hoy son los personas de mediana edad y vida consolidada los clientes más fieles. “Ellos aún prefieren gastar uno o dos euros en alquilar una película para verla en buenas condiciones a descargarla en el ordenador”, explica el dueño del establecimiento de la calle Labradores.

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