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El 28 de septiembre de 2020

Tiempo de lectura: 02:39
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Adiós a cien años de historia en Autol: cierra 'El comercio'

Otro comercio tradicional que baja la persiana 

El Comercio

Rioja2

Desde hoy, Autol cuenta con un comercio menos. Y no es un comercio cualquiera. 'El Comercio' era una de esas tiendas de toda la vida, donde podías llevarte una prenda y probártela en casa y abonarla más adelante. Uno de estos establecimientos en los que nada más entrar, ya sabían lo que te gustaba y los clientes se fiaban de los consejos de los dependientes. 'El Comercio' ha servido a los catones durante unos cien años, pero este miércoles bajó la persiana definitivamente con la jubilación de su última dueña, Paqui Calvo. 

Paqui lleva alrededor de 45 años tras el mostrador de esta tienda, propiedad de la familia de su marido, Román Palacios, desde los años 40. A finales de los años 20, Agustín, padre de Román, entró con 14 años a trabajar en este comercio regentado por Florencio González Cuevas. Cuando este decidió dejarlo, al abrir otras tiendas en Arnedo y Logroño, Agustín, recién casado, cogió el testigo y comenzó su andadura tras el mostrador de 'El Comercio' en torno a 1940. 

Allí estuvo hasta un mes antes de su muerte, con 95 años. "Su ilusión era estar en la tienda. No le dolía nada si podía simplemente estar allí, era feliz sólo con saludar a sus clientes". 'El Chato' (así le conocían en Autol) era un hombre elegante, siempre de traje, que impulsó esta tienda de ropa, tejidos y confección hasta el punto de que fue la base para otros negocios familiares como Electra Autol, una empresa de distribución eléctrica que hasta 2003 tuvo sus oficinas en la primera planta de la tienda. 

 

Román ayudaba a su padre desde que era un crío y trabajó con él de los 18 a los 28 años, aproximadamente, cuando pasó a hacerse cargo de Electra Autol. La tienda quedó entonces en manos de 'El Chato' y de su nuera, Paqui, quien tuvo en su suegro "al mejor profesor".

El matrimonio ha criado aquí a sus seis hijos, ocho nietos e incluso una bisnieta. Hasta que hubo que hacer obras obligadas para instalar un ascensor, 'El Comercio' tenía el aspecto de una auténtica tienda de los 60, con dos pisos, una escalera preciosa y una balconada en la parte de arriba que permitía asomarse a la tienda. Puede decirse que por aquí ha pasado todo Autol, para comprar paños de cocina, mantas, sábanas y también cortinas, que Paqui empezó a coser para reinventar su oferta.

Y llegó la crisis, y bajaron las ventas. 'El Comercio', que había llegado a tener cuatro trabajadores, se quedó con solo una. Seguía vendiendo, pero los hábitos de consumo habían cambiado. Los jóvenes ya no compran en este tipo de tiendas, con productos de calidad "que te duraban toda la vida". Prefieren los centros comerciales o, más inmediato todavía, Internet, donde "puedes comprar algo y tenerlo en casa al día siguiente"  y "contra eso no se puede luchar", lamenta Román. 

No ha habido relevo generacional, sobre todo porque "el negocio no da", y con la jubilación de Paqui llega el adiós a un comercio centenario, representante de un tipo de establecimientos que se están convirtiendo en una 'rara avis' en nuestros paisajes urbanos. En pleno casco histórico de Autol, en una calle en la que "ha llegado a haber panaderías, carnicerías y pescaderías", esta era la última superviviente de una calle y de un tipo de comercio que parece condenado a desaparecer. 

*Imágenes: Celia Varea Palacios

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