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El 25 de marzo de 2019

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La Casa de la Imagen descubre las primeras fotografías en color de La Rioja

Fueron realizadas en 1933 por Julián Loyola.

primeras fotografías en color de La Rioja

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Casa de la Imagen ha hallado las primeras fotografías en color de la región, realizadas en 1933 por el doctor Julián Loyola. Formando parte del archivo Teo Martínez, estas tres imágenes estereoscópicas se convierten en un nuevo jalón dentro de la historia de la fotografía en La Rioja, al ser los primeros rastros de la técnica en color conocida como autocromo en nuestra comunidad.

A su vez, Casa de la Imagen pone a disposición de los ciudadanos copias de alta calidad en papel algodón de estas obras únicas, al tamaño que deseen.

Para más información, puedes llamar al teléfono 94120663, escribir al correo electrónico info@casadelaimagen.com o pasarse por la sede en la calle San Bartolomé.
 

Las acetatos hallados son positivos estereoscópicos que corresponden a sendas vistas del Espolón con el kiosco al fondo y del antiguo monumento a Sagasta frente a su instituto, con unas medidas de 45x108mm. Cada acetato contiene dos imágenes del mismo motivo con ligeras diferencias de perspectiva, que corresponden con la visión humana del ojo izquierdo y derecho. 


La reproducción ha sido realizada por Casa de la Imagen usando una cámara Phase One XF IQ4 de 150 megapíxeles, actualmente la cámara más avanzada del mundo, mediante el procedimiento de transparencia. Los encargados de la reproducción han sido Beatriz Arroyo y Javier Noguera.

El autocromo

La placa autocroma (en francés: Autochrome) es el primer proceso fotográfico de alcance masivo, tras décadas de experimentaciones infructuosas. Fue patentado en 1903 por los hermanos Lumière de Lyon, los mismos inventores del cine, que utilizaron un mosaico de fécula de patata coloreada para lograr la creación del color.

Su particular estilo, ensoñador y puntillista, creado por la saturación de color de los granos, se difundió en las primeras décadas del siglo, de la mano de aficionados y de viajeros que crearon la primera visión del mundo en color, incluso de la Guerra Mundial que se avecinaba. En 1932, los Lumière crearon el Filmcolor, una variación del proceso que usaba soporte de película en vez de la antigua placa de vidrio, y que se hizo especialmente popular en su variante estereoscópica que recreaba la tridimensionalidad. La llegada de película en color más moderna como la Kodakchrome en 1935 y la Agfacolor en 1936 significó el canto de cisne de este pictórico proceso.

Características del autocromo

Los autocromos constaban de un mosaico de microscópicos granos de almidón, usualmente fécula de patata, sobre la base de una película en blanco y negro. Los granos eran teñidos de color naranja, verde y morado, actuando de esta forma como filtros de color. Tras el procesado de la placa surgían los colores complementarios.

De esta forma, sobre una emulsión pancromática normal para blanco y negro se depositaba una capa de la mezcla de almidón con teñidos en los tres colores primarios: azul, amarillo y magenta (o naranja, verde claro y morado). Esta pantalla actuaba como filtro selectivo del color durante la exposición, produciendo diferentes densidades de los mismos en la imagen dependiendo del color real y su intensidad. Tras el procesado del autocromo surgían los colores complementarios. Una vez concluido el proceso de revelado y fijado se invertía la imagen para obtener un positivo; todo ello en la misma placa. Tras revelar y positivar, la observación a la luz blanca a través de la misma pantalla de filtraje producía una aceptable impresión en color.

Los autocromos son piezas únicas, pues no existen negativos para obtener copias. Son positivos, transparentes.

Julián Loyola

Julián Loyola era médico ginecólogo y cirujano de la plaza de toros de Logroño, dedicándose a la fotografía como aficionado. Empezó en los años veinte con la cámara de fuelle y el formato estereoscópico sobre placa de vidrio, para pasar en la siguiente década al 35mm con un aparato de vanguardia: una cámara Contax. Con ella documenta sus viajes por Europa con la sociedad esperantista, lenguaje universal del que era entusiasta, hasta que comienza la Guerra Civil y se dedica a registrar todos los acontecimientos que suceden en Logroño, ciudad a la retaguardia de la zona nacional: desfiles, entierros, arengas, despedidas, etc. Después del conflicto abandonó completamente la fotografía para dedicarse a su nueva pasión: la escultura.

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