Rioja2

Miércoles 13 de Diciembre de 2017Actualizado 17:07

El 6 de diciembre de 2017

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El exceso de proteínas y grasas, centro del desequilibrio alimentario de los jóvenes

Claves de alimentación de la mano de J.M. Establés.

José María Establés

Tengo que confesar que me asusté en los años sesenta por lo que se nos venía encima, y tal y como profetizaron Cesar Ferrer Castán, médico de cabecera de mi familia, y Javier Asensio, profesor de quien recibí clases de Biología, todo se ha ido cumpliendo a rajatabla, aunque afortunadamente se ha producido la esperada contrarreacción, en la que como no podía ser menos, hay de todo.

En los años sesenta, cuando era estudiante en la universidad de Zaragoza, me encontré con el citado profesor, y después de una animada conversación, en la que salieron a relucir inevitablemente las cosas del pasado, y también las del momento. El caso es que don Javier Asensio me invitó a asistir a las clases de Bromatología que impartía en la universidad, en las que estaba muy interesado, y al año siguiente a las de bioquímica. 

Un día surgió en clase el tema de la alimentación de los adolescentes y de los estudiantes foráneos que había en la ciudad, y nos pidió que realizáramos un breve trabajo sobre el tema. Todos realizamos la tarea lo mejor que pudimos, y a la semana siguiente le dejamos los resultados encima de la mesa. Días después pasamos a comentar “como comíamos”, y dijo con voz pausada “Bueno está claro que no pasamos hambre; pero nos hemos ido al otro extremo: ingerimos exceso de proteínas y exceso de grasas, y eso también resulta negativo para la salud: proteinas y grasas para desayunar, lo mismo a media mañana, en la comida, en la merienda y en la cena … Para el cuerpo es como si cuando llegan la primavera y el verano no nos quitásemos el abrigo”.

Días más tarde nos explicó en una amena clase, que existía una cosa que se llamaba “inhibición competitiva”, que es como si tuviéramos que ir a dos sitios distintos, teniendo sólo tiempo para acudir a uno; es decir que los órganos que intervenían en la degradación, metabolización y excreción de los compuestos proteicos tenían un límite de tolerancia, y que a partir de ahí podían realizar mal alguna de sus funciones; puso el ejemplo de la reabsorción del calcio por los riñones,

Evidentemente las abuelas que habían pasado hambre en la guerra no querían que sus nietos supieran lo que era eso, y por eso les/nos “empapuzaban” con comida a todas horas –el aumento del nivel de vida lo iba permitiendo-. La reacción a esta situación ha llegado tarde y mal, especialmente en estos tiempos en los que la polarización de la sociedad denota las graves carencias de la educación, tanto por los que no están preparados, como por los que en su ignorancia creen saberlo todo.

En el mundo anglosajón se pueden ver anuncios como estos, en los que se ensalza a las proteínas, cuyo exceso de ingesta y falta de idoneidad constituyen una de las bases negativas de su estado de salud –Archivo: J. M. Establés-.

 

En 1999 se publicó en España un libro que ponía en parte sobre la mesa la cuestión de fondo: “El planeta americano”, escrito por Vicente Verdú, una obra que da en la diana sobre el robo de nuestras buenas costumbres, dotadas de ciencia de verdad y con fondo emocional, y su paulatina sustitución por otras impuestas de forma sibilina, disfrazadas de modernidad y buen hacer. En una charla que impartí a mis antiguos alumnos les recomendé que lo leyeran. Al escribir esto no puedo evitar esa serie americana de dibujos titulada “Padre de familia”**, en la que cuando hay que dar un abrazo a un hijo se recurre  la empleada de hogar mejicana, porque ella si sabe darlos. Isaac Asimov se ha atrevido a recalcar en diversas ocasiones que “Hay un culto a la ignorancia en los Estados Unidos”***; lo cual no significa que sus compatriotas se hayan enterado.

  Las hamburguesas aparecieron en Madrid, Rota y Zaragoza cuando vinieron los americanos, y desde entonces se han ido extendiendo por todas partes. En los años cincuenta y sesenta se podía ver en casi todas las revistas y periódicos aquel comentado anuncio en el que se veía a un matrimonio en un coche y el siguiente lema “La forma de vida americana”*, como el no va más.

Las empresas alimentarias estadounidenses muestran su poder a través de una machacona propaganda, y llegan a convencer a su ignorante ciudadano de que lo que es malo es en realidad bueno, mientras entre los habitantes del país crecen los problemas derivados de esos consejos.

(continuará)

*The american way of life”.

**En inglés se titula “Family Guy”. Fue creada por Seht MacFarlane, en 1999, curiosamente en el mismo año en que se publicó la obra de Verdú, y cuenta la vida familiar de Peter y Lois Griffin, sus hijos y la criada hispana. 

***”There is a cult to ignorance in the United States”.


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