Los empresarios riojanos celebraron el pasado tres de diciembre un acto en Riojaforum para defender la dignidad que les corresponde como generadores de empleo y riqueza. Según la patronal riojana, desde algunos sectores se les está responsabilizando de la crisis económica como si todos los empresarios fueran “especuladores y aprovechados”. El acto sirvió de protesta ante bancos y cajas por la falta de crédito y ante los gobiernos por las trabas administrativas que sufren los pequeños y medianos empresarios. Pidieron también una reforma laboral que cree nuevos tipos de contrato “más ágiles y menos costosos”.
Hay empresarios que tienen parte de responsabilidad en esta crisis económica, porque basaron sus negocios en la especulación en lugar de en la innovación, el desarrollo tecnológico y la creatividad. Pero son sólo unos pocos frente a la mayoría de ellos, que son víctimas de esta crisis: de la fuerte caída en la demanda, de los impagos de sus proveedores y de la falta de financiación que amenaza su tesorería y les impide llevar a cabo nuevos proyectos de inversión. Es comprensible por tanto su malestar, y desde esa perspectiva debería entenderse el acto de la Federación de Empresarios de La Rioja.
El sábado fueron los sindicatos quienes defendieron la dignidad en el empleo en una manifestación que recorrió el centro de Madrid, con el objetivo de advertir al gobierno y a la patronal que no aceptarán ninguna reforma laboral que suponga una pérdida de derechos para los trabajadores. En concreto, se oponen firmemente a la propuesta de las organizaciones empresariales: crear un contrato “de crisis”, con costes de despido más baratos, para incentivar la contratación mientras dure la crisis económica. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la destrucción de empleo se ha producido por una drástica caída en la actividad de las empresas, y que la sangría sólo cesará cuando se recupere la demanda.
El problema no son los costes de despido, pues las empresas podrían hacer contratos temporales, con una indemnización de sólo ocho días por año trabajado, y si no los hacen es porque su actividad está estancada o en caída. No parece por tanto que un “contrato de crisis” fuera a conseguir crear empleo en este momento, cuando el problema es la falta de actividad.
La reforma laboral no es la llave para salir de la crisis económica, pero eso no quita que sea necesaria, porque el mercado de trabajo español tiene un problema de dualidad, con trabajadores indefinidos muy protegidos y otros temporales sin apenas protección, que han sido quienes mayoritariamente han perdido su empleo. Además, la tasa de temporalidad de nuestra economía es muy superior a la media europea, y por el contrario, tenemos menos trabajadores empleados a tiempo parcial.
Ahora que el gobierno parece dispuesto a abrir el melón de la reforma laboral, tiene la responsabilidad de tender puentes entre empresarios y sindicatos y buscar un acuerdo que beneficie al conjunto de la sociedad. Un grupo de cien economistas ha propuesto una reforma laboral que instaure un único tipo de contrato, con costes de despido progresivos (más días por año trabajado según la antigüedad) e indemnizaciones por desempleo regresivas (elevar su cuantía al principio y reducirla al final). También piden mejorar el funcionamiento de los servicios públicos de empleo, abrir la intermediación a agencias privadas adecuadamente acreditadas, y descentralizar la negociación colectiva para que se lleven a cabo acuerdos en cada empresa.
La propuesta, que puede consultarse en internet (www.crisis09.es/propuesta), sería un buen documento de partida para que empresarios, gobierno y sindicatos empezaran a negociar. Pero no olvidemos que la mejor forma de acabar con la temporalidad es cambiar el modelo económico, para que las empresas sean las primeras interesadas en tener mano de obra cualificada y especializada que permanezca en ellas, en lugar de optar por la permanente rotación de trabajadores.
Queremos plantear un espacio dentro de la sala Espacio Abierto donde poder venir y relajarse, leer...