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Una Inmensa "Melancolía"
28/01/2012  

Melancolía es lo que sentimos algunos al conocer la reacción del jurado del pasado Festival de cine de Cannes, ante los comentarios del torturado director danés durante la presentación de su último trabajo.

Incredulidad ante el veto impuesto a dicho film en distintos circuitos, nominaciones varias y carteleras de algunas ciudades de nuestra geografía en las que no ha sido estrenada.

¿Casualidad o cosa de las distribuidoras? Nadie lo sabe. Lo que sí me sorprendió fue observar el cartel de la película expuesto en una de las salas de nuestra ciudad durante varios meses para finalmente no llegar a proyectarse nunca.

Bajo ningún concepto estoy a favor de declaraciones absurdas en busca de polémica facilona como las que soltó por su boquita el tontorrón de Lars. Sin embargo quiero aprovechar la oportunidad que me brinda esta columna para tachar de mucho más exageradas y estúpidas las reacciones de miembros de nuestra sociedad que presumen de enarbolar la bandera de la libertad de expresión para sonrojarse después ante cualquier "salida de tono" de personajes con ganas de provocar. Es una manera absurda de darles importancia. 

Me da la impresión de que estamos llevando demasiado lejos los términos de lo "politicamente correcto". Quizás lo que tendríamos que procurar sería utilizar nuestra indignación para cosas más prácticas que afectan mucho más directamente a nuestras existencias como ya están llevando a cabo algunos miembros de nuestra sociedad. 

Polémicas aparte, fuimos muchos los que asistimos al pase de "Melancolía" que POR FIN se proyectó en el Teatro Bretón de Logroño, dentro del ciclo de cine en Versión Original.

Sin embargo a la salida de la sala observé, por lo comentarios de algunos, que no fuimos mayoría los que disfrutamos de ella.

Personalmente, escribo ésto tres días más tarde de la experiencia y sigo reteniendo en mi memoria las potentes imágenes del intenso film de Von Trier y me sigue acompañando la melancolía a la que hace alarde el título.

Entre los que elogian o detestan la obra de este cineasta venido del frío me sitúo en el grupo de los primeros y de esta manera evito sinsabores ante la lectura de este artículo a sus numerosos detractores. Eso es lo bueno del cine y del arte en general: el poder de convocar sentimientos y sensaciones primarias, sean estas positivas o negativas, y la libertad de cada uno para poder expresarlas de una manera consecuente.

Melancolía inicia su metraje a la manera de un drama épico de la mano de Wagner y su "Tristán e Isolda", acompañado de unas líricas e impactantes imágenes que permanecen en la retina física y espiritual eternamente. En dicho comienzo ya se nos informa del inevitable final al que está avocada la historia, pero antes tenemos que descubrir como llegaremos a dicho apocalíptico final y por qué tortuosos y oscuros trayectos nos hará caminar el loco genio europeo.

Von Trier es un excelente director de actrices y eso queda patente en todos sus trabajos. A pesar de tener fama de ser un tirano en los rodajes, el resultado final suele ser impresionante y en este caso puede verse reflejado en la exquisita intervención de Kirsten Dunst.

Me encantaría preguntarle al bueno de Lars si la decisión por la rubia actriz ha tenido algo que ver con la depresión que la obligó a ingresar en un centro de tratamiento durante el pasado 2008. De cualquier forma la interpretación de la americana es tan real e intensa que sobrevivió a las malditas declaraciones del director para alzarse con el premio a la mejor actriz en el pasado Festival Internacional de Cannes.

Este inmenso largometraje regala sensaciones en estado puro. Nos habla de la pesada hipocresía que debemos poner en práctica para no terminar excluidos de "nuestra manada". De la intuición que otorga la existencia a los "hipersensibles" y de que ninguno de nosotros somos lo que aparentamos ser.

En Melancolía, aquellos que aparentan fortaleza y seguridad demuestran el mayor de los terrores cuando se les obliga a salir de lo establecido, como queda reflejado en el extraordinario papel de Kiefer Sutherland, un padre y marido ejemplar.

Los educados, comedidos y sensatos son realmente personas que solo "funcionan" cuando la rutina lleva el timón de sus vidas; podemos observarlo en el caso de Claire, la otra protagonista del film a la que da vida la siempre impecable Charlotte Gainsbourg.

Sin embargo la insoportable depresión y la más absoluta tristeza facultan al ser humano para soportar con estoicismo la mayor de las catástrofes como da muestra la intuitiva y "aparentemente" enferma Justine.

El poso del film me persigue desde su visión y me hallo en estos momentos inmersa en la observación del grabado de Alberto Durero, Melancolia I, del cual intuyo habrá sido también, junto con el Wagner de Tristán e Isolda, parte de la inspiración del genio danés en la elaboración de su perturbador último trabajo.

Y con permiso de los detractores del director, ¡¡¡larga vida al cine de Lars!!!

 
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ISABEL RIBOTE
Diplomada en marketing y actual directora del CINECLUB "Elarrebato" de Logroño, ha colaborado eventualmente en radio y televisiones de ámbito regional así como en programas dedicados al séptimo arte. En esta columna, nos acercará su visión del mundo del cine.
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