Rss
RSS
 
Principios y argumentarios
15/12/2010  
Sólo hace falta visitar el perfil en Twitter del director de El País, Javier Moreno, para darse cuenta de la emoción que siente un periodista cuando tiene en sus manos (o en la pantalla de su ordenador) la mayor filtración de documentos secretos de la historia. Más de 250.000 cables del Departamento de Estado de EEUU que desvelan detalles ocultos de los principales conflictos internacionales y nos muestran el lado opaco de las relaciones diplomáticas. Cierto es que, entre grandes secretos, también estamos conociendo los pequeños cotilleos que los diplomáticos norteamericanos recogen por el mundo y envían después a Washington en crónicas llenas de confidencias, rumores y descripciones de personajes. Pero, cotilleos aparte, quedémonos con lo fundamental: las vergüenzas de unos cuantos gobiernos puestas al descubierto, para gloria nuestra (de los votantes de a pie) y desgracia de nuestros gobernantes.

Es fácil entender el malestar de los protagonistas de los cables: el cabreo de EEUU y los otros gobiernos afectados, y el enfado de quienes se confesaron con un diplomático norteamericano creyendo que sus confidencias nunca saldrían de las puertas de la Embajada. No es plato de buen gusto para nadie que sus secretos y sus trapos sucios acaben en manos de periodistas ávidos de exclusivas, pero ésa es precisamente una de las funciones del periodismo: desvelar las mentiras del poder, sus artimañas y sus movimientos ocultos. En definitiva: intentar que sea público todo aquello que nuestros gobernantes quieren ocultar pero que nosotros, como ciudadanos, tenemos derecho a conocer. Suena utópico, sí, pero gracias a Wikileaks ha sido un poco posible. Alegrémonos por disfrutar de esta muestra de transparencia forzosa.

Sólo un ejemplo. Gracias a Wikileaks, hemos sabido que varios fiscales y ministros del PSOE trataron de evitar que prosperara la investigación judicial de la muerte del cámara José Couso en Bagdad. Los cables de la embajada narran el trato privilegiado que EEUU recibió por parte de destacados miembros de la Fiscalía y del Gobierno español. "Los ministros españoles están trabajando para que no prosperen las órdenes de detención internacional", dice textualmente uno de los cables diplomáticos. Mientras leo la información en El País, me viene a la memoria un artículo de Elvira Lindo del pasado verano. Decía la escritora, después de citar a Groucho (“Estos son mis principios. Si no te gustan, tengo otros”), que ella es mujer de pocos principios, pero los pocos que tiene son irrenunciables. Ya sabíamos que la política adolece de falta de principios y sobreabundancia de argumentarios (existe una relación inversamente proporcional entre ambos); sólo hemos comprobado por escrito que a veces también renuncian a ese puñado de principios que deberían ser irrenunciables.
    
http://twitter.com/morenobarber

http://www.elpais.com/articulo/opinion/fiesta/gol/elpepusocdgm/20100718elpdmgpan_7/Tes



 
 
PABLO URBIOLA
Joven logroñés al que conocerás por el blog Ideas en lata. Estudiante de las licenciaturas de Economía y Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid, ha realizado varias colaboraciones en diferentes medios de comunicación. Destaca su trabajo como redactor, entre febrero de 2007 y mayo de 2008, en dosmanzanas.com, donde tuvo la oportunidad de entrevistar a políticos como Gaspar Llamazares, Isaura Navarro o César Luena y actores como Fele Martínez o Carla Antonelli. En la actualidad, es miembro de Jóvenes Europeos Federalistas (JEF), en la sección de Madrid. Sus mayores intereses los medios de comunicación, la era digital, la política, la construcción europea y los derechos humanos.
SUSCRÍBETE A ESTE AUTOR
Envíanos tu email y te mantendremos informado