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18/08/2010  
Siempre que me dirijo a presenciar un espectáculo taurino voy con el anhelo de ver algo que me llene, de ver una muestra  diferente o simplemente una pizca que me emocione. Uno intenta no ir con la tarde preconcebida, como suele asistir bastante público, sino con ilusiones renovadas. En el trayecto siempre te encuentras con gente  que parece tener los cánones de la tauromaquia en su mente, y de camino te cuenta lo que voy a ver, pero uno no pierde la ilusión de ver un detalle que se me quede grabado en la retina. Siempre intento aprender algo todos los días, lo que hace que me fije en cosas que al público se le puede difuminar entre el humo de esos cigarros puros.

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Soy muy observador y me fijo en el toro, cómo sale de chiqueros y su forma de desplazarse por el albero, apreciar las astas, analizar su forma de correr, examinar como es el morlaco, observo como mete la cara en el engaño, por que pitón tiene más recorrido para intuir la posible lidia del diestro, miro como tiene las pezuñas porque eso también dice mucho del astado, como por ejemplo, si ha estado enfermo o no, si dobla las manos cuando se desplaza por el ruedo, aunque últimamente no se caen tanto como antes, pero por desgracia se siguen cayendo para el aficionado. Su alimentación puede ser deficiente o inadecuada, con los piensos y la hierba que comen, teniendo muchos ganaderos que tienen mucho trabajo en la buena selección, ya que algunos tragan por criar lo que piden las figuras y otros por mantener un encaste, por que alguno se la ha ido de la mano. También es conveniente fijarse en la suerte de varas y la brega de los subalternos y los palcos por que en ellos se aposentan gente con una falta del conocimiento del reglamento taurino y después dicen que se tienen que hacer respetar.

El otro día unos amigos nos desplazamos hasta Orthez (Francia) para pasar un día taurino y disfrutar de una novillada por la mañana y en la tarde una corrida de toros, la verdad que todos disfrutamos como niños, vinimos como los chiquillos el día de reyes con sus regalos. Aplican el reglamento y te hacen disfrutar de todo los pequeños detalles que en nuestro país no se tienen en cuenta para el correcto desarrollo de la lidia y eso que aquí nos hacemos llamar toristas, y luego vemos la suerte de varas como la vemos, y en cambio en Francia van con otro chip, vimos como los toros fueron toda la corrida más de cuatro veces al caballo y el matador dejando que sus varilargueros se lucieran, ya que tienen un premio al mejor picador, como nosotros que presenciamos el monopuyazo y nos quedamos tan contentos, en la Ribera deben entrar dos veces al caballo y todos los días vemos que el primer puyazo le dan la del pulpo y en el segundo la dan más, por si acaso no le han dado anteriormente, y no pasa nada, ya que desde el palco no comprendo como se ejecuta el reglamento, ni la actuación de los coletudos de turno por tener ellos un “reglamento” diferente, si se aplicaría con cierto sentido y se sancionara de verdad, como por ejemplo cuando en Francia sancionan con dos años no lidiar en toda Francia, y no en una ciudad como hacemos aquí, ya tendrían más cuidado si no podrían lidiar en toda España. Sería mas vistoso y la suerte de varas se disfrutaría en toda regla, que en el primero le midan el puyazo y en el segundo, ya verá el coletudo en suerte lo que se le debe de castigar.

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Después del festejo procuro quedarme con lo bueno, y casi siempre me llevo un grato recuerdo de una buena brega, de un simple par de rehiletes, un buen puyazo, o que con la materia prima que tenían ha hecho más de lo que se podía, no por ello me defino torista ni torerista, por que para ver una brillante faena a un buen toro el diestro tiene que deslumbrar  y estar a un gran nivel, y al toro en suerte se le pide lo máximo de sí.

El toro bueno saca las limitaciones del torero, aunque siempre vemos que los toreros parece que no quieran coincidir en el mismo cartel con ganaderías consagradas y hacer el esfuerzo de demostrarnos su arte, su valor, en definitiva, la tauromaquia que llevan dentro de sí, y esto sucede lidia tras lidia, ya que vemos como dejan escapar toros con posibilidad de triunfar o de estar a la altura del astado. Pero uno no pierde la esperanza de ver algo cada tarde, me dirijo con ilusiones renovadas, por ello uno igual se conforma y me hacen fijarme más en eso, en un par de garapullos, un quite, un buena suerte de varas, o en el miedo que nos ha transmitido, o vaya usted a saber: en detalles.
 
RUBÉN R. CASAS
Colaborador con una gran experiencia en el mundo de los toros quien, desde 1996, escribe para El Espartero. En el año 1997 en La Comarca de Calahorra y al año siguiente comenzó en El Arrodeo de Murillo de Río Leza. Ha sido subdirector del programa taurino "Tardes de Toros" en Calahorra y Directivo del Club Taurino Logroñés (2002-2007), participó como jurado en el Trofeo Ciudad de Logroño y en el Bolsín Taurino La Rioja. Desde esta columna nos acerca su visión y conocimiento del mundo de los toros.
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