Quiero comenzar con un ejemplo que ilustra perfectamente La Rioja en la que vivimos hoy. Como todo el mundo sabe, somos una de las regiones de toda España que mejores resultados obtiene en el estudio PISA sobre rendimiento escolar hasta colocarnos al nivel de los países nórdicos. Aparentemente, un éxito. Sin embargo, debajo de esta cifra se esconde otra realidad muy distinta, hoy tenemos una tasa del 35% de abandono escolar, de jóvenes que no acaban la educación obligatoria. Un segundo ejemplo. El último barómetro Sanitario coloca a nuestra comunidad como una de las que presenta mayores deficiencias en la atención primaria de salud, junto a Murcia, Madrid y Canarias. Más aún, La Rioja es la última comunidad en oferta de servicios y diagnósticos por habitante y entre las últimas en médicos por menor de 14 años. Las comunidades autónomas también son Estado, y por eso la situación del paro en La Rioja, más de 23 mil personas, también es responsabilidad del Gobierno de La Rioja, quien tiene las competencias en las políticas activas de empleo.
Esta es, por desgracia, la región en la que vivimos. Una que se ha caracterizado en los últimos años por avanzar para unos pocos dejando por el camino a la otra mitad, una “Rioja de la excelencia” que se ha convertido en “La Rioja de SU excelencia” la del Presidente Sanz. Y no podemos pensar que la política es irrelevante en esta situación. Antes al contrario, han sido los gobiernos del Partido Popular, los principales responsables de esta situación. Por un lado, un Gobierno que ha equivocado los objetivos estratégicos de nuestra región. Hemos perdido en cohesión social y bienestar. Los servicios públicos, desde la Dependencia hasta la educación infantil, desde las pensiones de nuestros mayores hasta la salud de nuestros hijos, son el instrumento para promocionar el desarrollo de la Rioja y la igualdad de oportunidades. Por el contrario, el PP los ha visto como el enemigo a batir. Los ha ahogado en recursos, los ha privatizado. Pero tan negativo como el fondo ha sido la forma. Perfectamente consciente de su programa, ese que promociona el interés particular sobre el general, el Gobierno de La Rioja se ha instalado en la autocomplacencia y la crítica al adversario. Hasta tal punto que ya es difícil distinguir entre donde termina el partido y donde empieza el gobierno. Donde empiezan los intereses generales y donde acaban los particulares de aquellos que nos gobiernan.
Pese a todo lo que nos hemos estancado en nuestra comunidad estos años, pese al bienestar que hemos perdido, en 2011 se abre un horizonte de esperanza. La esperanza del cambio. Los gobiernos no son la solución de todos los problemas, pero sí pueden orientar las prioridades de la sociedad hacia metas que nos lleven más lejos. Necesitamos un cambio. Un cambio que pasa por la transformación de las formas y del fondo. De las formas, porque creemos que se puede gobernar escuchando a todos, con autocrítica, con transparencia y con rigor. Y lo más importante, un cambio en el fondo. Un cambio en la prioridad de las políticas de nuestra región. Dar un empuje a la universalización de la educación de 0 a 3 años, aumentar la dotación de recursos de la Sanidad Pública, aumentar las becas de nuestros estudiantes, trazar un verdadero plan de vertebración de la comunidad en materia de infraestructuras, invertir más y mejor en I+D+i y situar la austeridad y la responsabilidad en el gasto de los recursos públicos en el centro de la acción de gobierno. Emplear, en suma, los recursos públicos como puntal del crecimiento y el desarrollo de nuestra región.
Queremos plantear un espacio dentro de la sala Espacio Abierto donde poder venir y relajarse, leer...