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Cajasur como síntoma
25/05/2010  
¿Cómo gestionaría un cura una caja de ahorros? ¿Qué haría un político sentado en el consejo de administración de una entidad financiera? ¿A qué se dedicaría un sindicalista si pudiera cortar el bacalao en una caja? Este podría ser el inicio de un chiste sobre el intercambio de oficios y puestos, pero no lo es: las hipótesis planteadas se dan en la realidad y las respuestas podemos conocerlas.

Los curas que estaban al frente de Cajasur, además de hacer manitas con el PP durante años para enfrentarse a la Junta de Andalucía,  apostaron por la especulación inmobiliaria como estrategia para la expansión de la caja. El objetivo último parecía ser aumentar el poder eclesiástico a través de los fondos de la obra social y dando empleo a más de 3.000 personas. La creación de empleo es una causa loable, pero sólo si el negocio lo sustenta, y no era el caso de la caja cordobesa, con una plantilla hinchada que debía ser recortada para poder fusionarse con otra entidad.

Una caja de ahorros es un manantial de poder económico, político e incluso mediático. Y los curas, en lugar de compartir ese poder con los malagueños de Unicaja, han preferido que la caja caiga por su propio peso (el de su morosidad y sus pérdidas). “O mía o de nadie”, rezaba el domingo un lúcido titular de El País. En la decisión no han primado los intereses de Cajasur sino la cerrazón de sus dirigentes, lo que supone una perversión del sistema de las cajas de ahorros porque éstas, a diferencia de los bancos, no tienen propietarios, sólo gestores.

Pero no sólo los curas tienen intereses propios, distintos a los de la caja de ahorros, cuando gestionan una de estas entidades. A los partidos políticos les preocupa mucho la obtención de crédito para financiar sus apoteósicas campañas electorales, y las cajas de ahorros también les permiten apoyar o no a determinadas empresas, medios de comunicación incluidos, mediante la concesión de créditos y el control de un gran volumen de inversión publicitaria. Por eso, es necesaria una reforma que ponga el control de las cajas en manos de buenos gestores financieros alejados de otro tipo de intereses y preocupaciones.
    

 
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 Comentarios
 
01  Miguel 25/05/2010
Lamentablemente el problema no es solo de las cajas gestionadas por la Iglesia. Creo que el mal es generalizado y ni siquiera las grandes se libran del empeño político de controlarlas; lo acabamos de ver en la lucha por el poder desatada en Caja Madrid. Se debería obligar a realizar fusiones, pero no esas fusiones virtuales, sino fusiones reales que terminen con esta sensación de utilización particular de los ahorros de los ciudadanos más modestos, a los que se les engaña con una obra social que realmente no es más que una manipulación de los recursos.
 
PABLO URBIOLA
Joven logroñés al que conocerás por el blog Ideas en lata. Estudiante de las licenciaturas de Economía y Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid, ha realizado varias colaboraciones en diferentes medios de comunicación. Destaca su trabajo como redactor, entre febrero de 2007 y mayo de 2008, en dosmanzanas.com, donde tuvo la oportunidad de entrevistar a políticos como Gaspar Llamazares, Isaura Navarro o César Luena y actores como Fele Martínez o Carla Antonelli. En la actualidad, es miembro de Jóvenes Europeos Federalistas (JEF), en la sección de Madrid. Sus mayores intereses los medios de comunicación, la era digital, la política, la construcción europea y los derechos humanos.
 
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