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La amarga soledad del guionista
10/04/2010  
La columna vertebral de una película es el guión, la base de todo el entramado, lo que permitirá que el proyecto no se tambalee posteriormente, si está correctamente planteado.

Hace ya muchos años que Hollywood nos mostró la otra cara del cine, la que lo excluye del arte y lo convierte en un producto de consumo.  Durante los años ochenta se introdujo en la industria la figura del ejecutivo.
A esta persona, que nada suele conocer del arte de hacer cine, se le sitúa al frente de los grandes estudios cinematográficos con el fin de que decida qué película debe realizarse y cual no. Con la única finalidad de que el producto resultante obtenga una rentabilidad inmediata.

Dinero, dinero, dinero, a costa de lo que sea.  La figura del ejecutivo, lejos de desaparecer con el paso del tiempo, se ha ido afianzando en la industria, hasta el punto de tener en sus manos un enorme poder sobre los principales elementos de un rodaje.

Esto deja a los auténticos “artesanos” de la cinematografía fuera de combate. El guionista e incluso el director pasan a un segundo plano, y ven como su planteamiento se va al traste y el resultado de lo que tenían en sus mentes se transforma en un extraño “monstruo”, que nada o casi nada mantiene de la idea inicial.

Imagino lo doloroso que tiene que ser, haber creado una buena historia, con la emoción de llevar a cabo el proceso de darle vida, enamorarte de sus personajes, de sus planteamientos y a la  hora de  llevarla a la pantalla, todo el sentido con el que fue creada, se esfuma.  En muchos casos la transformación ha sido tan exagerada que ni siquiera su creador consigue reconocerla en el resultado final.

Aparte de todo lo comentado, el guionista no suele obtener grandes sumas económicas por su trabajo. Es cuanto menos amargamente sorprendente que la figura que ha puesto todo el engranaje a rodar por medio de una historia resulte a la postre tan oscurecida e infravalorada. Todos conocemos el nombre y el rostro de muchos actores, también los directores suelen ver recompensado sus trabajos mediante el reconocimiento de los que disfrutan del cine, pero no creo que a la hora de recordar los créditos de una película, nadie reconozca los datos de un guionista, salvo en muy contadas excepciones.

Cineastas como los hermanos Coen, con la estupenda “Barton Fink”, o Spike Jonze, con “Adaptation”, han plasmado en la gran pantalla las frustraciones e inseguridades de estos creadores de historias, haciendo su propio homenaje a estos profesionales tan empequeñecidos por la ferocidad de la industria. Cabe preguntarse si el cine mejoraría en calidad si se prestaran más atención a la  figura del guionista. Pudiera ser una buena opción.

Tristemente, creo que nunca lo sabremos. En la era de la imagen resulta difícil el triunfo de la palabra.
 
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ISABEL RIBOTE
Diplomada en marketing y actual directora del CINECLUB "Elarrebato" de Logroño, ha colaborado eventualmente en radio y televisiones de ámbito regional así como en programas dedicados al séptimo arte. En esta columna, nos acercará su visión del mundo del cine.
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