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Gobernar: el arte de pactar
21/10/2009  

La necesidad de pactar es saludable en la cosa política. Y esto es lo que sucede en España, y en las partes más avanzadas de su territorio: País Vasco y Catalunya.

Tanto el gobierno central, como los gobiernos de Catalunya y el País Vasco, se ven obligados a encontrar apoyos para hacerse aprobar leyes y presupuestos. Y esto es mejor que poder ejecutar las políticas sin necesidad del contar con el compromiso de segundos y terceros o cuartos partidos.
Es cierto que todavía estamos aprendiendo a valorar esta forma de hacer política.
Se suelen presentar como deseables gobiernos fuertes, que es sinónimo de gobiernos de ordeno y mando. “No tienen un proyecto de España”. Es una frase sin contenido, y da miedo sólo oírla.

¿Qué se pretende?. El gobierno de un mandamás. No gracias.
Pactemos, acordemos y así haremos España, entre todos, sumando voluntades, limitando nuestras propias expectativas a favor de ampliar el grupo que se integra en todos y cada uno de los asuntos y temas que dan forma a nuestro sistema de gobierno.
Hay muchos proyectos de lo que puede ser España, y la búsqueda del denominador común podría ser un proyecto político ilusionante.

Pero las maneras que exhibe el Partido Popular, desde cuando estaba en el gobierno hasta todo el tiempo de su paso por la oposición, no dando carta de naturaleza al diálogo con ninguna formación política ni con ningún político, cercena las posibilidades de hacer de la política una acción de gobierno, es decir de acuerdo, de pacto entre partes.
Recuérdese el ninguneo del Sr. Aznar, a todos los demás políticos, desde el PSOE hasta CIU y PNV, no digamos ya de los demás partidos más pequeños. Recuérdese la insoportable “matraca” diaria a la que sometió la política en las legislaturas anteriores, ya desde la oposición. Recuérdese la agria actitud, injustificada y a veces ridícula, del mismo Sr. Aznar desde que ya es ex-presidente, allí donde tiene una tribuna desde la que hablar. Irresponsabilidad que sólo conduce a deteriorar el sistema de convivencia, y que no permite ilusionarnos con la política. Solo nos lleva a alejarnos de ella, cada vez a más personas.
Seguimos en el principio de hacer que pierda el contrario, dificultando y ridiculizando su acción de gobierno, pero no presentado propuestas diferenciadas.

Por ejemplo, se han despreciado, que no criticado, las medidas de gobierno adoptadas en la gestión de la sacudida económica, aun a sabiendas de que han sido similares a las adoptadas en los demás países. No se ha dicho palabra alguna de cuáles deberían haber sido. Simplemente no había otras. Pero esta actitud es fácilmente pregonable en tertulias y medios de comunicación, que se vienen sumando con facilidad al catastrofismo, y así se va escribiendo una historia, falsa, pero que vende.
Es un momento difícil, sobre todo porque el principal partido de la oposición no ha hecho lo que debía: ayudar a superar la etapa de dificultad económica. Es posible que no sepa cómo hacerlo, y entonces opta por el tremendismo. Tienen experiencia en ello.
Desbrozar toda esta hojarasca para despejar el camino, no es tarea fácil y requiere tiempo.
Regenerar la política pasa por la renovación del Partido Popular.

Aunque parezca difícil, mantengamos la esperanza. Vendrán tiempos más luminosos.

 
 
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