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El contrato de trabajo, eje de la transformación económica
04/02/2010  
Una primera advertencia, cuando se habla de Mercado Laboral, se introduce un concepto mercantilista que convierte las personas, los trabajadores, en meros objetos, con su capacidad de producción, su precio, valor de uso, coste de obsolescencia. Parece una forma incompleta de afrontar el asunto.

En los últimos meses hay una avalancha de artículos tratando el asunto de la necesaria reforma laboral. Todos tratan, sin excepción el aspecto de los costes de la SS y del despido, y sólo algunos lo enmarcan en una política de más amplios horizontes.

Mientras el empleo no obedezca a un contrato que ofrezca cierta seguridad de continuidad, será imposible que el consumo crezca, y la recuperación económica se atrasará. Se realizan propuestas de lo más variadas para lograr que el crecimiento de los salarios sea proporcional al de la productividad. Eso está muy bien, pero ¿cómo lograrlo?
Universidades, observatorios económicos, servicios de estudios bancarios, y otras instituciones presentan a sus inteligencias más preclaras a plantear fórmulas para resolver el problema.

Se ha llegado a la conclusión de que es imprescindible mejorar el nivel de formación de las personas, para que puedan afrontar las nuevas necesidades de las nuevas empresas.

Pero no se encuentran propuestas nuevas que incorporen la idea de contrato como un acuerdo entre partes, para lograr un empleo estable, ajustado a las capacidades existentes en el mercado, y sobre todo no hay a la vista ningún planteamiento sobre la forma de gestión de la empresa. Parece como si el empresario, si se equivoca, ya lo paga y ahí queda el análisis.

Es necesario un encuentro a tres partes capaces de aportar ideas. Pero las tres partes, son débiles
La debilidad de los sindicatos, que nace de su propia composición. Es mínima la presencia de los trabajadores más afectados por la inestabilidad laboral. El gran peso son los trabajadores estables. En consecuencia, en las negociaciones priman los intereses de éstos, es decir se fija la controversia en el coste del despido y no en el modelo de futuro de la empresa.

La debilidad de los empresarios, en cuya representación no está el empresariado más lúcido que sería capaz de dar un sesgo más abierto a toda negociación.

La debilidad del Gobierno, atrapado por una oposición y unos medios de comunicación cuyas manifestaciones públicas carecen de ética, y en los que todo vale con tal de que al Gobierno les salgan las cosas mal.
Tres entidades débiles negociando. No es posible que se planteen los asuntos con una visión de largo alcance, y se proyecten acuerdos desde una visión de Estado. Todo queda en la pugna de quién sale ganando o quién pierde menos.

Y de este círculo en el que estamos, sindicatos, empresarios, gobernantes débiles, sólo puede sacarnos una acción política decidida, generosa y clara, capaz de enfrentarse a la demagogia de las opiniones que se hacen circular, y obligar a cada una de las partes a sacrificar la “vistosidad” de sus posturas, a favor del entendimiento en las soluciones eficaces y sostenibles.

O fortalecemos las instituciones o no es posible avanzar.

 
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 Comentarios
 
04  Currela 05/02/2010
Una pérdida terrible. Buen viaje!
03  Lector 04/02/2010
¡Hasta siempre!
02  Currela 04/02/2010
Entonces no es posible avanzar. En mi humilde opinión, me gustaría sumar a la debilidad del Gobierno su incapacidad para asumir la realidad y su inoperancia para poner en marcha medidas eficaces.
01  Ignacio 04/02/2010
Magnífica reflexión.
 
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