Todavía recuerdo la decepción que se llevó un amigo cuando asistió como público a las Crónicas Marcianas de Javier Sardá y compañía. No se imaginaba que el plató fuera a ser tan pequeño y las discusiones a altas horas de la noche le parecieron puro teatro. “Cuando dejan de grabar son todos tan amigos”, me contó enfadado por lo que consideraba un engaño de Telecinco a los espectadores del programa. Él esperaba que las discusiones, los gritos o las bajadas de pantalones de Boris Izaguirre fueran genuinos y espontáneos, al margen del guión de los productores. Crónicas Marcianas tenía sus puntos fuertes como late show, pero le faltaba el encanto de lo auténtico.
Los portavoces de PSOE y PP en el Congreso de los Diputados mantienen una buena sintonía personal que conocimos gracias a una cámara indiscreta que grabó a Soraya Sáenz de Santamaría bromeando con José Antonio Alonso sobre el canutazo que iba a dar para “poner verde” al gobierno. Resulta difícil imaginar una escena semejante entre Cuevas y Aldama o Legarra. Las relaciones en el Parlamento de La Rioja distan mucho del compadreo: hay diputados que incluso evitan coincidir en el ascensor con otros del grupo enemigo. Hasta ese punto llegan las tiranteces y animadversiones, no sólo políticas sino también personales.
El panorama político riojano tendrá muchos defectos, que los tiene, pero nadie podrá decir que sus protagonistas interpretan frente a las cámaras una situación que no se corresponde con la realidad. Es la autenticidad que le faltaba a Crónicas Marcianas, aunque su encanto sólo lo valoren algunos fieles espectadores. El desencanto lo producen las consecuencias de este clima: la escasa cooperación institucional, la ausencia de acuerdos entre los grupos políticos y la incomunicación entre el presidente del Gobierno y los líderes de la oposición.
Sería cómodo concluir diciendo que unos y otros son responsables por igual del enquistado clima político que sufrimos en La Rioja, pero no se ajustaría a la realidad. El presidente de la comunidad, responsable de tejer acuerdos, se vanagloria públicamente de los buenos resultados que le ha dado no hacer nunca caso a la oposición. Y en lugar de fomentar el diálogo entre los grupos políticos, falta al respeto a sus portavoces en sede parlamentaria. El problema de la oposición, salvo honrosas excepciones, es que no ha sido capaz de situar su discurso en un dial alejado del que emplea el presidente, de forma que éste quedara ante la opinión pública solo frente a su espejo.
Otro clima político es mi deseo para La Rioja de 2010. Como probablemente sea mucho pedir, me conformo con que nos traiga salud y unas cuantas sonrisas cómplices, de ésas que no se producen entre las bancadas de nuestro Parlamento.
Nuestra vida misma es un viaje, un itinerario vital que se despliega desde el momento en que...