Rioja2

Jueves 17 de Agosto de 2017Actualizado 21:02

El 18 de julio de 2017

Tiempo de lectura: 03:24

Habitar 4.0

Íñigo López-Araquistáin

Nos encontramos en plena revolución digital, en pocos años hemos asistido a una impresionante evolución de las tecnologías de la información (TIC). Esto ha hecho que las herramientas de gestión tradicionales se hayan quedado obsoletas, cada vez disponemos de más y más volumen y variedad de datos que han hecho cambiar nuestro modo de entender, analizar y tomar decisiones.

Hoy el mundo está interconectado a través de internet, la red se encuentra constantemente generando información en cantidades inimaginables, millones de personas interactúan e intercambian información en tiempo real, cada vez más dispositivos y sensores se encuentran conectados en lo que se conoce como el internet de las cosas o M2M, recopilando, difundiendo, intercambiando y comunicando datos. Todo este volumen y cantidad de datos, en su gran mayoría, no están estructurados y se distribuyen a través de las redes de una forma desordenada. Gran parte de ellos surgen en las ciudades.

Las ciudades solamente ocupan el 2% de la superficie terrestre a la vez que representan casi el 80% del consumo energético mundial y más del 70% de las emisiones, y se estima que para mitad de siglo acogerán a más del 70% de la población mundial.

Las nuevas tecnologías nos permiten recopilar y estructurar la información de una forma que con los sistemas convencionales sería imposible (BIG DATA), ya que tal volumen y variedad de información se escapa a nuestra propia capacidad y lógica. Esto nos abre un abanico de posibilidades en cuanto a mejora y eficiencia de la gestión urbana. Por ejemplo, en materia de movilidad; seguridad; gestión de recursos como el agua y la energía; gestión de residuos, etc. Todo ello gracias a la geolocalización de coches de policía, camiones de bomberos, ambulancias, grúas, camiones de recogida de basuras, autobuses etc; sensores de movilidad y cámaras de tráfico y vigilancia, detectores de humo, sensores de residuos en los propios contenedores, sensores de PH y saneamiento del agua, contadores inteligentes, sensores meteorológicos, de salubridad del aire, de contaminación acústica, etc; más los datos recopilados a través de las Redes Sociales y en plataformas digitales en tiempo real donde los ciudadanos difunden y comparten información relativa, por ejemplo, a la organización de concentraciones, manifestaciones; o quejas sobre el estado de una vía, o de suciedad; o la alerta de un incendio, un accidente, etc.

Todo esto se engloba en lo que conocemos como “Smart Cities” o Ciudades Inteligentes, e incluso se empieza a hablar también de las “Smart Regions” o Regiones Inteligentes, abarcando una visión más amplia. Pero se ha cometido un error de partida y de concepto, por lo cual no han acabado de implantarse con el éxito que se esperaba. Este error ha sido entender la “Smart City” como una herramienta de participación e intercambio, cuando en realidad, la “Smart City” ha de entenderse, no como una herramienta, sino como una realidad que ha de adaptarse a los nuevos sistemas de participación e intercambio de datos.

Por tanto, lo correcto sería hablar de realidades urbanas y regionales complejas conectadas entre sí, y que se adaptan a las nuevas tecnologías y herramientas. Donde los ciudadanos somos el eje dinamizador, y no al contrario.

Por otro lado, con el auge de estas nuevas tecnologías de la era digital, la escala entre lo local, lo regional, lo nacional y lo global es difusa. Es “Glocal. Esta nueva realidad, desde el punto de vista del Urbanismo nos obliga a plantear que las herramientas y metodologías usadas hasta la fecha para intervenir en el espacio público han quedado también obsoletas.

Las ciudades, y las regiones, se tienen que reinventar, y adaptarse a las nuevas realidades de la nueva cultura digital. Hay nuevas formas de entender la participación ciudadana, la sociedad y la economía. Surgen “Startups”, o empresas emergentes, apoyadas en las nuevas tecnologías y con ideas de negocio innovadoras; por otro lado está surgiendo una nueva industria 4.0, o asistimos a la digitalización de los hasta ahora modelos tradicionales, y que están cambiando por completo el “ecosistema” emprendedor y laboral; surgen nuevos servicios y modelos de economía colaborativa, no exentos de polémicas como Uber o Blablacar; y cada vez cobra más importancia el comercio electrónico. Esta nueva forma de entender la sociedad, la economía y la producción se extiende también al medio rural, hoy en día existen plataformas, “startups” y tecnologías que se aplican en explotaciones agrícolas, por ejemplo.

Todo esto se traduce en un nuevo paradigma donde se abren nuevos modelos de negocio, un nuevo mercado laboral, y una forma diferente de entender la sociedad y las relaciones humanas. Por tanto, una nueva forma de habitar la ciudad, y la región.

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Íñigo López-Araquistáin
Escribir no es lo mío, pero aprendí a dibujar. Memorizar tampoco se me da muy bien, pero me enseñaron a razonar. Así que acabé de Arquitecto...
Twitter: @lpezaraquistain
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