Rioja2

Martes 25 de Julio de 2017Actualizado 20:13

El 6 de julio de 2017

Tiempo de lectura: 03:23

El Capotillo

Rubén R. Casas

La capa es una prenda de vestir que usan las personas, bien sean hombres o mujeres, se sujeta por el cuello y por debajo es redonda y ancha. Por delante no se cierra, sino que se coge uno de los extremos y se echa por encima del hombro contrario.

Antiguamente su uso estaba muy extendido desde los nobles para engrandecer su linaje hasta mendigos o lacayos para abrigarse u ocultar. Pero no voy a seguir hablando de este tipo de capa, porque no entiendo de moda y cambiando de tercio hablaré de la capa de torear o capote. Me atrevería a decir que es uno de los primeros instrumentos para lidiar a los toros.

En los comienzos de la historia de la  tauromaquia era la prenda de los caballeros y sus acompañantes o criados, de la que se hacía uso para burlar a los toros o llamar la atención de los astados en lances comprometidos. Solían ser de lana de color rojo, pero con los pitones sufrían muchos enganchones y desgarrones en el engaño.

Se cuenta que más tarde fue de seda, pero los cuernos seguían destrozándolos igual, pero como todo evoluciona hoy en día son de percal, por este nombre también es conocido el capote de brega y  es una tela de algodón a la que se le da un tipo de engomado para que no penetre tan fácil el pitón.

Su lado exterior donde está la esclavina que podría emular al cuello de aquella prenda suele ser rosáceo y  su interior es de color amarillo, por lo general,  aunque los hay de color azul, según gustos de los diferentes diestros, algunos conocidos que hayan utilizado este color, el azul, son Rafael de Paula, Esplá, Joselito, Mari Paz Vega y Paulita.

En  alguna  ocasión, pero de forma más excepcional se llega a ver de color verde, pero eso sí,  todos los toreros, sea del color que sea el reverso de su capote, en su interior imprimen su nombre o apodo y en la esclavina se hacen ciertos bordados con hilo blanco, también a gusto del consumidor. Pero lo que es precioso, es verlo volar literalmente sobre los alberos, por que parece imposible controlar a un toro con este trozo de tela.

 Los primeros capotazos suelen ser para probar al toro, si pasa a través del engaño o  no, porque pitón tiene más recorrido, pero cuando los toreros  fijan los pies en la arena,  reciben al toro con poder, lo dominan  y se estiran con ese vuelo de capa, es simplemente majestuoso.

Grandes maestros de la tauromaquia inventaron pases como la verónica que se le atribuye a “Costillares”, la gaonera que recibe el nombre del torero mexicano  Rodolfo Gaona, aunque puede ser atribuido también al  famoso banderillero español Saturnino Frutos “Ojitos” pero fue Gaona el que más lo realizó, los delantales a Joselito “El Gallo”, el farol  a Manuel Domínguez, de las largas a una mano decía Fernando Gómez “Gallo”que  el que no sabe torear a una mano era torero de plazas sin palco.

 Con el capote se torea por navarras, chicuelinas, revoleras, crinolinas, tafalleras, por galleos... y un sin fin de pases más.

Tras la primera entrada al caballo se suelen hacer quites, donde el siguiente de la terna puede entrar para demostrar al público su repertorio, su valor ante el astado y sobre todo su ambición, pero parece que se está perdiendo por tema del ganado, del monopuyazo, o simplemente por no molestarse entre ellos, aunque los aficionados lo echemos de menos, y cuando los vemos, parece que los saboreamos.

 Por otro lado el capote de paseo es una prenda bastante más corta, pero es muy rica por ser de seda y bordada con hilos de plata o de oro. Muchos diestros estampan las imágenes de las vírgenes de las cuales son devotos.

En nuestra comunidad por ejemplo se entrega una gran obra de arte, con la figura de la Virgen de Valvanera al triunfador de la temporada riojana. Entre los que tienen esta joya está nuestro paisano Diego Urdiales. Es curioso ver cómo se colocan este capote para hacer el paseíllo, todo un ritual.

Soy de la opinión, de que  quien aprende el buen manejo del capote tiene mucho ganado para ser un buen torero.

Es un elemento imprescindible tras el que se hace fuerte el subalterno y el diestro, incluso puede ser un salvavidas en ciertos momentos y su buen uso durante la lidia hace que sea más eficaz y ordenada la lidia del toro.

En otros menesteres y como anécdota siempre se habla de los conocidos capotillos de San Fermín que en sus famosos y universales encierros les echa a los corredores su particular capotillo que en muchas ocasiones salva la vida a los corredores.

        

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