
Los gays que viven en Israel recibieron con estupor la noticia de que la carroza pertrechada para representarlos en la fiesta del orgullo gay de Madrid no podría recorrer la bulliciosa trasera de la Gran vía, en el desfile que simboliza las reivindicaciones y la necesidad que sienten los homosexuales de mostrarse ante sus conciudadanos, con alegría y con total normalidad. El asalto de soldados israelíes a un barco enrolado en la Flotilla de la Libertad, que finalizó con la muerte de diez tripulantes turcos, fue la razón esgrimida por la organización. Esta decisión no podía justificarse fácilmente: ¿estaba a la vanguardia de una sociedad integradora y abierta o en primera fila del servilismo político contraproducente?