Rss
RSS
 

Cultura

La fragilidad de los tiburones

Desde el gran tiburón blanco a las pequeñas rayas, la fundación CRAM alerta en una exposición en el Jardín Botánico sobre la peligrosidad de la actividad humana para estas especies, fundamentales en la cadana trófica.

dgrasso@madrid2noticias.com | 05/08/2011

“Por qué tienes miedo?” pregunta Javi, guía del Jardín botánico de Madrid y de algunas de las exposiciones que alberga, a una niña asustada por un modelo a tamaño real de un tiburón tigre. “Los tiburones se comen a los peces, no a las personas”, la tranquiliza. Ahí está la importancia de estos gigantes de los mares, en su papel en la red trófica marina, que, como una máquina, no puede perder ninguna de sus piezas. Por ello, la fundación CRAM quiere sensibilizar sobre el riesgo de extinción que corren muchas de las especies de tiburones existentes, y lo hace a través de la exposición “A favor de los tiburones: una mar de esperanza”. Una excusa más para visitar el Real Jardín Botánico de Madrid que la hospedará hasta el próximo 18 de septiembre. 

Sobreexplotación y 'finning'

En la exposición, dividida en tres partes, se llama la atención sobre las causantes principales del declive de las poblaciones de tiburones a nivel mundial. Además de la pérdida del hábitat y de la contaminación marina, existe un problema menos conocido, el de la sobreexplotación pesquera. Los científicos estiman que cada año mueren por esta causa más de 100 millones de tiburones, y muchos de ellos por una práctica, ahora regulada por ley, conocida como ‘finning’ (del inglés fin, aleta). Esta costumbre pesquera, ilustrada en un elocuente documental que ocupa la segunda sección de la exposición, consiste en cortar las aletas a los tiburones cuando aún están vivos y después desechar su cuerpo al mar, condenando el animal a una muerte larga y dolorosa. El único objetivo de esta práctica es el negocio: tirando al agua el cuerpo del tiburón, se ahorra espacio en las bodegas del pesquero y, por lo tanto, se recolectan más aletas, que se utilizan en muchos países asiáticos para preparar sopas y otros platos.

En España, la práctica está regulada desde el 2006, cuando se estableció, explica la CRAM, “que los pesqueros tienen que entrar en los puertos con las aletas y los cuerpos de los animales muertos presentes en el barco”, hecho que permite que sean menos los tiburones cazados. Aún así, se cifran en millones los tiburones que cada año mueren atrapados “en artes que pretendían atrapar a otros peces, como anzuelos o redes”. Y el 'finning' sigue practicándose en los mares de japonese y chinos, a pesar de su prohibición.

Según datos de la Unión Europea, que en 2009 reforzó las políticas de protección de los tiburones, “15 especies de tiburones han alcanzado niveles prácticamente indetectables” y el gran tiburón blanco, de cuya magnificencia se puede admirar una reproducción a tamaño real en la exposición de la CRAM, “está actualmente en peligro de extinción”.

De esta manera, el ser humano ha logrado poner al borde de la extinción a una de las especies vivientes más antiguas. El tiburón, un elasmobranquio, como la raya, de la que también se ocupa la CRAM en sus acciones contra la extinción, lleva más de 400 millones de años nadando en mares y océanos.

Tras ver la exposición, apta todos los tipos de público, el espectador tiene óptimos elementos para contestar a la pregunta que la CRAM plantea sobre los tiburones: ¿se trata de depredadores o de víctimas? 

 
Envíanos tu email y te mantendremos informado